01/04/2026
Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán afectan los intereses chinos en Medio Oriente en varios aspectos altamente sensibles para su economía y su posicionamiento como una potencia estabilizadora global. La guerra obliga a Beijing a un delicado equilibrio para evitar tensar más aún la relación con Washington.
Vistos desde Beijing, los ataques contra Irán y la guerra en Medio Oriente afectan los intereses de China bajo diferentes aspectos. En primer lugar, la guerra altera el frágil equilibrio de poder existente en una región estratégica de alta sensibilidad global; un área determinante para la proyección de los intereses externos chinos y el despliegue de una activa diplomacia tendiente a ampliar su influencia como potencia emergente. Se trata además de una zona crítica para su “seguridad energética”, en tanto Irán y otras economías del Golfo constituyen sus principales proveedores de petróleo.
Bajo esta perspectiva, los líderes chinos perciben una alta correlación entre la intervención estadounidense en Venezuela y los ataques contra un socio regional clave como Irán. El actual escenario refuerza la percepción china sobre las concatenadas y simultáneas disrupciones que Estados Unidos genera en países aliados y/o socios de China como parte una estrategia de “contención” de su poder global. Movimientos tácticos que incluyen a Cuba, histórico aliado regional de China y actor clave en sus objetivos sobre proyección de poder, influencia ideológica y apoyo a posiciones antiestadounidenses en América Latina y el Caribe. Para los líderes chinos las maniobras parecen recuperar la lógica impuesta en el pasado siglo a través de la “teoría del dominó”.
En segundo lugar, a los impactos geopolíticos provocados por la belicosidad estadounidense debe sumarse la incidencia negativa sobre los intereses de largo plazo de una China que ha buscado posicionarse como garante de la estabilidad regional y que, al adoptar una posición “no intervencionista”, ve erosionar posiciones construidas en gran parte mediante el empleo de “poder blando” aplicado con paciencia durante la última década.
En tercer lugar, los ataques a instalaciones energéticas ponen en duda la provisión segura del petróleo y gas iraníes necesarios para sostener la creciente demanda china y, al mismo tiempo, obligan a redefinir circuitos logísticos que garanticen continuidad en los flujos de crudo con destino final a refinerías y complejos industriales en China para servir de insumos en la producción de combustibles, pero también como materia prima en industrias petroquímicas productoras de fertilizantes, lubricantes y plásticos (polímeros) que integran encadenamientos productivos extensibles a sectores como la producción de chips, la industria automotriz, la industria aeroespacial y las telecomunicaciones, entre otros. Completan este cuadro de posibles impactos los riesgos asumidos por entidades financieras chinas (por ejemplo, el Bank of Kunlun) que aportan créditos destinados a proyectos de infraestructura, servicios e industriales y cuyos activos son blancos de ataques.
UNA RELACIÓN COMPLEMENTARIA
Si bien durante el último quinquenio, con el fin de diversificar riesgos de provisión, China ha expandido sus relaciones económicas con otras economías del Golfo, en 2025 Irán ocupó el tercer lugar como exportador de petróleo destinado al mercado chino (13% del total) luego de Arabia Saudita e Irak. Aproximadamente el 80% de las exportaciones totales de crudo iraní tienen por destino refinerías chinas[i]; un tránsito de bienes y servicios e insumos energéticos en gran parte realizado por la denominada “flota en las sombras” compuesta por buques cargueros chinos nominados bajo banderas de terceros países para evitar sanciones internacionales y cuyo paso por el Estrecho de Ormuz no está vedado.
La creciente interdependencia económica se basa en una relación mutuamente beneficiosa y complementaria que sirve a los intereses de ambas partes: China sostiene económicamente a un Irán vulnerable sometido a sanciones internacionales mediante importaciones de crudo, radicación de inversiones, cooperación tecnológica y en defensa; China es considerada por la dirigencia iraní un socio clave para sostener un modelo de “economía de resistencia” que la torne resiliente ante ataques periódicos.
En el plano de las inversiones chinas en la región y particularmente en Irán, según datos del Eurasia Group, entre 2019 y 2024 las empresas chinas han invertido 89.000 millones de dólares en economías de Medio Oriente. Empresas estatales y privadas chinas operan en sectores estratégicos integrando a Irán en corredores logísticos en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, infraestructura portuaria, carreteras, plantas desalinizadoras, corredores ferroviarios e instalaciones que conectan puertos y terminales en ambos países.
Una geografía rica en recursos como la iraní posibilita el acceso a recursos minerales estratégicos. Al respecto, según la Organización de Asistencia Técnica y Económica de Irán (2026), se estima que, gracias su montañosa geografía, el país ocupa el sexto lugar mundial en reservas de zinc, el séptimo en cobre, el noveno en mineral de hierro y el quinto en yeso y barita[ii].
Así, pese a los impactos directos e indirectos en términos de aumento en transporte y seguros debido al “riesgo geopolítico”, la incidencia en los intercambios sino-iraníes es parcialmente moderada gracias a que, con el fin de sortear las sanciones internacionales, el comercio bilateral se realiza mayoritariamente en yuanes (CNY/RMB). A su vez, las operadoras navieras chinas como COSCO no son blanco directo del bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz,y la flota “en la sombras” china alimenta terminales, complementando el tráfico a través de corredores logísticos terrestres, por ejemplo entre Teherán y el puerto de Yiwu en Shanghai.
SOFISTICADA PRAXIS DE “DOBLE ESTÁNDAR”
La diplomacia china intenta desempeñar en Medio Oriente un papel activo como “potencia estabilizadora”, con el fin de garantizar el libre tránsito de insumos energéticos críticos para su demandante economía. Pese a que Estados Unidos incluye a Irán (junto a China) en el denominado “eje de las autocracias”, más allá de quienes ocupen los principales roles de poder y con el fin de romper el aislamiento al que intenta someterla Estados Unidos, China sostendrá relaciones estables con Irán.
El país continuará siendo considerado por China un actor clave en su estrategia regional, destinada a garantizar estabilidad y provisión de energía, y como un destino para sus exportaciones de bienes y servicios. Un territorio interconectado a través de la BRI atractivo por su dotación de recursos minerales, zinc, cobre, uranio y tierras raras (REE).
En un escenario dinámico, China transita un delicado equilibrio entre sus compromisos en y con Irán y los que asumió con países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak o Qatar. Una sofisticada praxis de “doble estándar” en los cálculos de la dirigencia china no debe agregar mayor tensión a sus relaciones con Estados Unidos y poner en entredicho el acercamiento logrado con Israel.
Respecto al plan nuclear de Irán, Beijing ha expresado su oposición al desarrollo de armas nucleares, pero continuará apoyando su derecho a utilizar capacidades con fines civiles.
Sergio Cesarin es coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India (CEAPI, UNTREF) e investigador del CONICET.
[i] https://www.uscc.gov/sites/default/files/2026-03/China-Iran_Fact_Sheet_A_Short_Primer_on_the_Relationship.pdf
[ii] https://hagueresearch-org.translate.goog/rare-earth-elements-and-iran-a-new-geopolitical-front/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
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