Brazil Reclaims Its Role on the International Stage 4/1/2023
Desde Foro del Sur acompañamos con especial interés la decisión del gobierno de Lula de reinstalar una agenda que prioriza la integración regional. Hoy compartimos el discurso del canciller, embajador Mauro Vieira, gran amigo de la Argentina, donde representó a su país entre 2004 y 2010.
Por Mauro Vieira, canciller de Brasil
«En su discurso de asunción; en su discurso en Sharm el-Sheikh, durante su destacada participación en la COP27; en su programa de gobierno; y al avalar el diagnóstico y las propuestas del equipo de transición, el presidente de la República trazó con claridad los desafíos y el rumbo que vislumbra para nuestra política exterior y para una reinserción digna de Brasil en el mundo.
Esta política exterior se concibe como una amplia tarea que va mucho más allá de la acción profesional y estatutaria de Itamaraty, para abarcar el conjunto de las políticas públicas brasileñas en materia de crecimiento económico, medio ambiente, agricultura, educación, cultura, ciencia, tecnología e innovación, derechos humanos, desarrollo social y defensa.
Todas ellas, junto con una política exterior vigorosa, son indispensables para garantizar y proyectar nuestra soberanía y defender nuestros intereses. Solo seremos fuertes si actuamos desde la visión amplia de un país comprometido con el desarrollo sostenible, socialmente más justo, políticamente más maduro y reconciliado con sus mejores tradiciones de diálogo y respeto.
No será una tarea simple ni fácil. Exigirá un esfuerzo amplio de todos y recuperar una generosa dosis del orgullo que siempre hemos sentido por nuestro país y su actuación en la región y en el mundo.
Atravesamos uno de los momentos más convulsionados del escenario internacional. Las tensiones entre las grandes potencias y una dolorosa guerra en Europa han aumentado el riesgo de escaladas imprevisibles, poniendo en peligro la estabilidad política y económica mundial y agravando los efectos negativos de la pandemia de COVID-19 sobre la economía global, las cadenas de suministro, el abastecimiento de energía y la seguridad alimentaria. También han deteriorado las condiciones de vida de millones de personas que buscan mitigar su sufrimiento a través de la migración.
Tendremos que saber actuar en este contexto, marcado por una crisis de gobernanza global sin precedentes, agravada por la paralización de mecanismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU). También es un momento complejo para nuestra región, que sigue enfrentando graves problemas de desarrollo, sostenibilidad, pobreza y gobernabilidad, pero que ha perdido buena parte de su capacidad para articularse y actuar de manera conjunta y solidaria. Será necesario recuperar y ampliar esa capacidad.
El panorama se agrava por la emergencia climática, que pone en peligro el futuro del planeta y cuyas consecuencias ya sienten hoy, sobre todo, los más vulnerables. Además, la pandemia de COVID-19 demostró la importancia de la diplomacia de la salud y de fortalecer la cooperación internacional a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a escala mundial, y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a escala regional.
La buena noticia, como ha dicho el presidente Lula, es que Brasil está de regreso. Existe una clara demanda del mundo hacia Brasil. La atención que los medios internacionales prestaron a la asunción del presidente Lula confirma lo que acabo de decir. En su discurso ante el Congreso Nacional, el presidente celebró la victoria de la democracia brasileña frente a las amenazas del autoritarismo y la desinformación. Y reafirmó su compromiso con la reconstrucción del país y de sus puentes con el mundo. La primera instrucción que recibí de él fue la de reabrir los canales de diálogo que habían sido bloqueados.
También existe una demanda de Brasil hacia el mundo. Todos los temas prioritarios para garantizar la prosperidad, el bienestar y la justicia social en el país están sujetos al impacto de procesos de decisión internacionales o de problemas globales.
En los últimos años fuimos apartados del escenario internacional por una visión ideológica limitante. Con sentido común, mucho trabajo y dedicación, recuperaremos nuestro lugar».
«La principal tarea de la política exterior ante este panorama será, efectivamente, reinsertar a Brasil en su región y en el mundo, de acuerdo con nuestros valores e intereses. Esto requerirá un uso intenso de nuestras capacidades diplomáticas y una firme reactivación de la diplomacia presidencial.
Tendremos que recomponer relaciones bilaterales dañadas y recuperar un protagonismo constructivo en los foros y organismos internacionales donde tenemos una contribución singular que ofrecer. Brasil será un socio confiable, un actor ineludible, un referente y una fuerza positiva en favor de un mundo más equilibrado, racional, justo y pacífico.
La política exterior volverá a traducir en acciones la visión de un país generoso, con mayor justicia social, comprometido con los derechos humanos, apegado al derecho internacional y dispuesto a realizar una contribución significativa a su región y al mundo.
Para ello, Brasil necesita recuperar su identidad de gran país sudamericano y en desarrollo, restablecer la confianza en la relación con nuestros vecinos y volver a actuar como un país con intereses globales».
«Para llevar adelante esta política exterior, nuestra acción en el mundo debe ser coherente con nuestra acción interna. La acción diplomática debe dialogar con la realidad del país que representa y contribuir a superar sus desafíos.
El presidente de la República marcó el tono de su política frente al cambio climático, reconstruyendo las capacidades internas y reanudando la cooperación internacional para impulsar el cumplimiento de metas nacionales ambiciosas. Al ofrecer al país como sede de la COP30, en 2025, el presidente Lula reforzó nuestras credenciales internacionales en la materia y retomó la línea que había comenzado en diciembre de 1988 con el acertado ofrecimiento del presidente Sarney de organizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río 92, un verdadero punto de inflexión en materia ambiental y de desarrollo sostenible.
Brasil reúne todas las condiciones para consolidarse como modelo de transición energética y de economía baja en carbono. Esto exigirá un esfuerzo interno, pero también una política activa de atracción de inversiones. Requerirá recursos propios, sin que dejemos de exigir con firmeza a los países desarrollados que cumplan sus compromisos de financiamiento. Y exigirá una diplomacia ambiental y climática de primer nivel, activa y decidida a defender nuestros intereses y a desempeñar el papel de facilitador y generador de consensos que Brasil siempre supo ejercer, desde la preparación de Río 92 hasta tiempos recientes.
En este proceso, nos guiaremos por una visión integrada del desarrollo sostenible en sus tres pilares —económico, social y ambiental—, con especial atención a la protección de la biodiversidad, la preservación de la Amazonía y de otros biomas, y la generación de empleo e ingresos para millones de brasileños.
Fortalecer la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) será fundamental para reactivar la cooperación en estos y otros asuntos de interés para los países amazónicos, así como para coordinar sus posiciones en los foros mundiales. La propuesta del presidente Lula de celebrar una cumbre amazónica será elaborada con especial atención.
Brasil volverá a alinear su política exterior en materia de derechos humanos con los parámetros de la Constitución Federal y del derecho internacional de los derechos humanos, especialmente en la promoción de la igualdad de género; la lucha contra la discriminación y la violencia por motivos de orientación sexual e identidad de género; la promoción de la igualdad racial y la lucha contra el racismo y la xenofobia; y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
Regresaremos inmediatamente al Pacto Mundial para la Migración de las Naciones Unidas y dialogaremos con los miembros del Congreso Nacional para avanzar en la pronta aprobación de la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de los trabajadores migratorios».
«Brasil y los demás países emergentes quieren tener voz y participación en la escena internacional. No podemos convivir con estructuras de decisión desactualizadas, que no reflejan la contribución que estos países pueden hacer para enfrentar los desafíos comunes. Actualizar la gobernanza global en la tercera década del siglo XXI es una tarea impostergable.
Seguiremos trabajando por una reforma y ampliación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, órgano en el que participamos en 2023, segundo año de nuestro actual bienio como miembro no permanente.
Colaboraremos, en el Consejo y en la Asamblea General, en los debates sobre prevención y solución negociada de conflictos, mediación, mantenimiento y construcción de la paz, cooperación humanitaria e implementación de la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad. Recuperaremos nuestro protagonismo en materia de desarme y no proliferación nuclear, poniendo en valor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en un mundo de crecientes rivalidades geopolíticas.
Brasil también retoma su compromiso con la reforma de las instituciones financieras internacionales, para que sean más representativas, en particular de los países en desarrollo.
Será importante fortalecer y desbloquear la Organización Mundial del Comercio (OMC) en sus dimensiones de transparencia, solución de controversias y negociación. Buscaremos nuevos acuerdos comerciales y de facilitación del comercio.
Mantendremos la cooperación con las instancias de la OCDE que generan beneficios para el país y examinaremos, a la luz del interés nacional, la invitación que hemos recibido para incorporarnos a la organización.
Utilizaremos de manera creativa el G20, que Brasil presidirá en 2024; los BRICS, cuya conducción nos corresponderá en 2025; y otros mecanismos de concertación, como el IBAS, cuya presidencia asumiremos ya en 2023, para reforzar nuestras posiciones e intereses concretos en los temas de la agenda internacional. Y aprovecharemos la oportunidad que ofrece la dirección brasileña de organismos internacionales, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), para avanzar de manera concreta en iniciativas más acordes con nuestra visión del mundo».
«La diplomacia es un instrumento fundamental para ampliar y diversificar el comercio y las inversiones. Somos y seguiremos siendo una potencia agroambiental, con un papel crucial en la seguridad alimentaria mundial. En consonancia con la prioridad que el presidente Lula atribuye a la lucha contra el hambre, trabajaremos para fortalecer todos los eslabones de la cadena mundial de suministro de alimentos, desde la libre circulación de insumos y tecnologías de producción hasta el acceso a alimentos de calidad. Seremos incansables en nuestros esfuerzos por abrir mercados y reducir y neutralizar las barreras al comercio agrícola.
Brasil también es un actor ineludible en otros temas estratégicos y emergentes. En ese sentido, fortaleceremos la diplomacia de la innovación y participaremos activamente en los debates internacionales sobre gobernanza digital.
Por otra parte, buscaremos fortalecer la capacidad institucional de instrumentos esenciales con los que contamos, como la Agencia Brasileña de Cooperación y el Instituto Guimarães Rosa. La ABC, con una sólida experiencia en programas y proyectos de cooperación, será el hilo conductor del intercambio con los países en desarrollo y otros socios, con especial atención a América Latina y el Caribe, África y los países de lengua portuguesa. Brasil volverá a ser un país solidario y comprometido. El Instituto Guimarães Rosa, por su parte, nace como articulador institucional de la diplomacia cultural y educativa, así como de la difusión de la lengua portuguesa, y será un socio de primera hora en el relanzamiento de la política cultural brasileña».
«De todas las ausencias de Brasil, el abandono de América Latina y el Caribe quizás sea el que nos ha ocasionado mayores perjuicios.
El regreso de Brasil a su propia región significará el compromiso y el diálogo con todas las fuerzas políticas, para que podamos recuperar la capacidad de defender nuestros intereses y contribuir al desarrollo y la estabilidad regionales. Nuestra ideología en la región será la ideología de la integración.
Prestaremos especial atención a la asociación estratégica con Argentina, Uruguay y Paraguay, fortaleciendo los mecanismos bilaterales y la implementación de proyectos de interés común. El MERCOSUR debe profundizarse, junto con nuestros tres socios, en las dimensiones que tienen un impacto directo en la vida de las personas y en el comercio intrarregional y extrarregional, con énfasis en el avance de la liberalización y facilitación del comercio dentro del bloque, la conclusión de acuerdos externos equilibrados, la promoción de las inversiones y el turismo, y la facilitación de la circulación de personas y bienes.
En diálogo con nuestros socios, procuraremos recuperar sobre nuevas bases la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), garantizando a la organización un claro sentido pragmático y eficacia. El pronto regreso a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y su dinamización serán también objetivos inmediatos de la política exterior brasileña.
Seguiremos atentos a la importancia de fortalecer las instituciones democráticas, contribuyendo, a través del diálogo y los buenos oficios, a superar las tensiones internas, siempre con respeto a la soberanía de los países y sin perder nunca de vista el compromiso universal con los derechos humanos y la democracia.
En conjunto, América Latina y el Caribe pueden ser una fuerza a favor de la multipolaridad y de beneficios concretos para sus países».
«Al movimiento de regreso a nuestra región debe corresponder la recuperación de una política exterior verdaderamente universalista. África, región de la que Brasil estuvo ausente en los últimos años, volverá a ser una prioridad. Continente dinámico, África ha avanzado en su proceso de desarrollo; construye ahora una gigantesca área de libre comercio; y albergará, en algunos años, a casi la mitad de la juventud mundial.
Se restablecerá el diálogo político de alto nivel con los países africanos y sus organizaciones regionales para abordar desafíos comunes, como la seguridad alimentaria, el cambio climático, el comercio y las inversiones, y el intercambio de tecnologías. Fortaleceremos la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur.
En Medio Oriente, Brasil retomará su tradición de buenas relaciones con todos los países. Trabajaremos para avanzar en la implementación de los acuerdos del Mercosur con Egipto, Israel y Palestina, así como para explorar la posibilidad de abrir nuevos frentes de negociación. Buscaremos asociaciones diversificadas que involucren productos de mayor valor agregado, inversiones y la ampliación del intercambio en tecnología e innovación.
En relación con Israel y Palestina, dos países amigos de Brasil, volveremos a la posición tradicional y equilibrada mantenida durante más de siete décadas, apoyando la solución de dos Estados plenamente viables, que coexistan en paz y seguridad y con fronteras internacionalmente reconocidas. Nuestra brújula en este tema volverá a ser, como siempre lo fue, el derecho internacional.
Será de extrema importancia diseñar y ejecutar una estrategia ambiciosa para Asia-Pacífico, la región más dinámica del mundo, y, en particular, para China, India y Japón, así como para el conjunto de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Buscaremos nuevas áreas de cooperación en temas de interés para Brasil, como el cambio climático; la protección del medio ambiente; la ciencia, la tecnología y la innovación; además de ampliar y diversificar el comercio y atraer más inversiones.
Las relaciones con los países europeos se retomarán sobre nuevas bases. Profundizaremos la asociación estratégica con la Unión Europea y cooperaremos en temas de interés mutuo, como la doble transición climática y digital, la inclusión social y la igualdad de género. Pondremos en valor los ideales democráticos compartidos. Nos interesa un acuerdo MERCOSUR-Unión Europea equilibrado y que genere beneficios reales para la economía brasileña, tanto en comercio como en inversiones, evitando que el medio ambiente, un tema muy importante para Brasil, sea utilizado como pretexto para el proteccionismo.
Con Estados Unidos queremos relaciones en pie de igualdad, basadas en valores e intereses comunes, sin prejuicios sobre ningún tema y libres de alineamientos automáticos. Deseamos dinamizar nuestra relación económica y atraer inversiones, así como seguir fortaleciendo los lazos humanos, culturales y educativos que unen a ambas sociedades. Trataremos de manera madura las eventuales diferencias, naturales en una relación de esta importancia y profundidad».
At Foro del Sur, we are following with particular interest the Lula government’s decision to restore an agenda that prioritizes regional integration. Today we share the speech by Foreign Minister Mauro Vieira, a great friend of Argentina, where he represented his country between 2004 and 2010.
By Mauro Vieira, Brazil’s Minister of Foreign Affairs
“In his inauguration speech; in his address in Sharm el-Sheikh during his prominent participation in COP27; in his government program; and in endorsing the transition team’s assessment and proposals, the President of the Republic clearly outlined the challenges and the direction he envisages for our foreign policy and for Brazil’s dignified return to the world stage.
This foreign policy is conceived as a broad undertaking that extends far beyond the professional and statutory work of Itamaraty, encompassing all Brazilian public policies relating to economic growth, the environment, agriculture, education, culture, science, technology and innovation, human rights, social development and defense.
Together with a vigorous foreign policy, all of these are essential to guarantee and project our sovereignty and defend our interests. We will only be strong if we act on the basis of a broad vision of a country committed to sustainable development, one that is more socially just, more politically mature, and reconciled with its finest traditions of dialogue and respect.
It will be neither a simple nor an easy task. It will require a broad collective effort and the recovery of a generous measure of the pride we have always felt in our country and its role in our region and the world.
We are living through one of the most turbulent periods in the international arena. Tensions between major powers and a painful war in Europe have increased the risk of unpredictable escalations, endangering global political and economic stability and exacerbating the negative effects of the COVID-19 pandemic on the global economy, supply chains, energy supplies and food security. They have also worsened living conditions for millions of people who turn to migration to alleviate their suffering.
We will have to learn to operate in this environment, amid an unprecedented crisis of global governance, aggravated by the paralysis of mechanisms such as the World Trade Organization (WTO) and the United Nations Security Council (UNSC) itself. It is also a complex time for our region, which continues to face serious challenges related to development, sustainability, poverty and governance, but has lost much of its capacity to coordinate and act collectively and in solidarity. We will need to recover and expand that capacity.
The situation is aggravated by the climate emergency, which threatens the future of the planet and whose consequences are already being felt today, especially by the most vulnerable. In addition, the COVID-19 pandemic demonstrated the importance of health diplomacy and of strengthening international cooperation through the World Health Organization (WHO) at the global level and the Pan American Health Organization (PAHO) at the regional level.
The good news, as President Lula has said, is that Brazil is back. There is a clear demand for Brazil’s engagement in the world. The prominence given by the international media to President Lula’s inauguration confirms what I have just said. In his speech to the National Congress, the President celebrated the victory of Brazilian democracy over the threats of authoritarianism and disinformation. He also reaffirmed his commitment to rebuilding the country and its bridges with the world. The first instruction I received from him was to reopen blocked channels of dialogue.
There is also a demand within Brazil for engagement with the world. All the priority issues for ensuring prosperity, well-being and social justice in our country are affected by international decision-making processes or global problems.
In recent years, we were pushed out of the international arena by a limiting ideological vision. With common sense, hard work and dedication, we will reclaim our place.”
“The main task of foreign policy in this context will be to reintegrate Brazil into its region and the world, in a manner consistent with our values and interests. This will require intensive use of our diplomatic capabilities and a strong revival of presidential diplomacy.
We will have to repair damaged bilateral relations and resume a constructive leadership role in international forums and organizations where we have a unique contribution to make. Brazil will be a reliable partner, an indispensable actor, a leader and a positive force for a more balanced, rational, just and peaceful world.
Foreign policy will once again translate into action the vision of a generous country, with greater social justice, committed to human rights, faithful to international law and willing to make a strong contribution to its region and the world.
To do so, Brazil must reclaim its identity as a major South American and developing country, restore trust in its relations with its neighbors and once again act as a country with global interests.”
“To carry out this foreign policy, our actions in the world must be consistent with our actions at home. Diplomacy must engage with the realities of the country it represents and help overcome its challenges.
The President of the Republic has set the tone for his climate change policy by rebuilding domestic capabilities and resuming international cooperation to help achieve ambitious national targets. By offering to host COP30 in 2025, President Lula strengthened our international credentials on the issue and resumed the course that began in December 1988, when President Sarney wisely offered to host the United Nations Conference on Environment and Development, Rio-92, a genuine turning point for environmental issues and sustainable development.
Brazil has every condition to establish itself as a model for the energy transition and a low-carbon economy. This will require domestic effort, but also an active policy to attract investment. It will require our own resources, while we continue to firmly demand that developed countries fulfill their financing commitments. And it will require first-rate environmental and climate diplomacy, active and determined to defend our interests and to play the role of facilitator and consensus builder that Brazil consistently performed, from the preparations for Rio-92 until recent years.
Throughout this process, we will be guided by an integrated vision of sustainable development and its three pillars—economic, social and environmental—with particular attention to protecting biodiversity, preserving the Amazon and other biomes, and creating jobs and income for millions of Brazilians.
Strengthening the Amazon Cooperation Treaty Organization (ACTO) will be essential to revive cooperation on these and other matters of interest to Amazonian countries, as well as to coordinate their positions in global forums. President Lula’s proposal for an Amazon summit will be developed with great care.
Brazil will realign its foreign policy on human rights with the principles of the Federal Constitution and international human rights law, particularly in promoting gender equality; combating discrimination and violence based on sexual orientation and gender identity; promoting racial equality and combating racism and xenophobia; and defending the rights of Indigenous peoples.
We will immediately rejoin the United Nations Global Compact for Migration and engage with members of the National Congress to advance the prompt approval of the UN Convention on the rights of migrant workers.”
“Brazil and other emerging countries want a voice and a role on the international stage. We cannot accept outdated decision-making structures that fail to reflect the contribution these countries can make to addressing common challenges. Updating global governance in the third decade of the twenty-first century is an urgent task.
We will continue working toward the reform and expansion of the UN Security Council, on which we serve in 2023, the second year of our current term as a non-permanent member.
In the Security Council and the General Assembly, we will contribute to discussions on conflict prevention and negotiated solutions, mediation, peacekeeping and peacebuilding, humanitarian cooperation, and implementation of the Women, Peace and Security agenda. We will resume our leading role in disarmament and nuclear non-proliferation, recognizing the importance of the Treaty on the Prohibition of Nuclear Weapons in a world of heightened geopolitical rivalries.
Brazil is also renewing its commitment to reforming international financial institutions to make them more representative, particularly of developing countries.
It will be important to strengthen the World Trade Organization (WTO) and overcome its current deadlock in the areas of transparency, dispute settlement and negotiation. We will seek new trade and trade facilitation agreements.
We will maintain cooperation with those bodies of the OECD that bring benefits to our country and examine, in light of the national interest, the invitation we have received to join the organization.
We will make creative use of the G20, which Brazil will chair in 2024; BRICS, which we will lead in 2025; and other coordination mechanisms, such as IBSA, whose presidency we will assume as early as 2023, to strengthen our positions and advance our concrete interests on the international agenda. We will also take advantage of Brazilian leadership in international organizations such as the Pan American Health Organization (PAHO), the Inter-American Development Bank (IDB) and the New Development Bank (NDB) to advance concrete initiatives more closely aligned with our worldview.”
“Diplomacy is an essential instrument in the effort to expand and diversify trade and investment. We are and will remain an agricultural and environmental powerhouse, with a crucial role in global food security. In line with the priority President Lula gives to fighting hunger, we will work to strengthen every link in the global food supply chain, from the free movement of inputs and production technologies to access to quality food. We will be tireless in our efforts to open markets and reduce and neutralize barriers to agricultural trade.
Brazil is also an indispensable player in other strategic and emerging areas. In this regard, we will strengthen innovation diplomacy and participate actively in international debates on digital governance.
We will also seek to strengthen the institutional capacity of vital instruments at our disposal, such as the Brazilian Cooperation Agency and the Guimarães Rosa Institute. With its solid experience in cooperation programs and projects, the ABC will be the guiding thread of our exchanges with developing countries and other partners, with particular attention to Latin America and the Caribbean, Africa and Portuguese-speaking countries. Brazil will once again be a country committed to solidarity and engagement. The Guimarães Rosa Institute, meanwhile, is being established as an institutional coordinator of cultural and educational diplomacy, as well as the promotion of the Portuguese language, and will be an early partner in the relaunch of Brazilian cultural policy.”
“Of all the areas from which Brazil has been absent, the abandonment of Latin America and the Caribbean may have caused us the greatest harm.
Brazil’s return to its own region will mean engagement and dialogue with all political forces, so that we can recover our ability to defend our interests and contribute to regional development and stability. Our ideology in the region will be the ideology of integration.
We will pay particular attention to our strategic partnerships with Argentina, Uruguay and Paraguay, strengthening bilateral mechanisms and implementing projects of common interest. Together with our three partners, MERCOSUR must be deepened in areas that have a direct impact on people’s lives and on trade within and beyond the region. Emphasis will be placed on advancing trade liberalization and facilitation within the bloc, concluding balanced external agreements, promoting investment and tourism, and facilitating the movement of people and goods.
In dialogue with our partners, we will seek to rebuild the Union of South American Nations (UNASUR) on new foundations, giving the organization a clear pragmatic focus and ensuring its effectiveness. A prompt return to the Community of Latin American and Caribbean States (CELAC), and the revitalization of that organization, will also be immediate objectives of Brazilian foreign policy.
We will continue to recognize the importance of strengthening democratic institutions, contributing through dialogue and good offices to overcoming internal tensions, always respecting the sovereignty of countries and never losing sight of the universal commitment to human rights and democracy.
Together, Latin America and the Caribbean can be a force for multipolarity and for tangible benefits for their countries.”
“Our return to our region must go hand in hand with the revival of a truly universal foreign policy. Africa, a region from which Brazil has been absent in recent years, will once again be a priority. A dynamic continent, Africa has made progress in its development; it is now building a vast free trade area; and, in a few years, it will be home to almost half of the world’s young people.
High-level political dialogue with African countries and their regional organizations will be restored to address common challenges, such as food security, climate change, trade and investment, and technology exchange. We will strengthen the South Atlantic Peace and Cooperation Zone.
In the Middle East, Brazil will resume its tradition of good relations with all countries. We will work to advance the implementation of MERCOSUR’s agreements with Egypt, Israel and Palestine, and explore the possibility of opening new avenues for negotiation. We will seek diversified partnerships involving higher-value-added products, investment and expanded exchanges in technology and innovation.
With regard to Israel and Palestine, two countries friendly to Brazil, we will return to the traditional and balanced position maintained for more than seven decades, supporting a solution based on two fully viable states, living side by side in security and within internationally recognized borders. Our compass on this issue will once again be, as it has always been, international law.
It will be extremely important to design and implement an ambitious strategy for the Asia-Pacific region, the most dynamic region in the world, and particularly for China, India and Japan, as well as for the Association of Southeast Asian Nations (ASEAN) as a whole. We will seek new areas of cooperation on issues of interest to Brazil, such as climate change; environmental protection; science, technology and innovation; while also expanding and diversifying trade and attracting more investment.
Relations with European countries will be renewed on a new basis. We will deepen our strategic partnership with the European Union and cooperate on matters of mutual interest, such as the twin climate and digital transitions, social inclusion and gender equality. We will value our shared democratic ideals. We are interested in a balanced MERCOSUR–European Union agreement that brings real benefits to the Brazilian economy, both in trade and investment, while ensuring that the environment, a subject of great importance to Brazil, is not used as a pretext for protectionism.
With the United States, we seek relations on an equal footing, based on shared values and interests, without preconceptions on any issue and free from automatic alignment. We wish to energize our economic relationship and attract investment, while continuing to strengthen the human, cultural and educational ties that unite our two societies. We will address any differences—which are natural in a relationship of such importance and depth—in a mature manner.”
For info about our activites: courses, seminairs, expos and more.
