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OSAMA
BIN LADEN Y LA PRIVATIZACIÓN DEL TERRORISMO INTERNACIONAL
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Los
taliban fueron inclinando en su favor la balanza del conflicto intraestatal
afgano, contando desde 1994 con la invalorable ayuda del gobierno
de Pakistán, quien abandonó su estrategia de apoyar a Gulbuddin
Hekmatyar, líder del llamado Hezbollah afgano (Hizb-i-Islami),
viendo que no lograría imponerse en la contienda.
El
cambio fue concebido por el general Naseerullah Babar, líder de
los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI) en base a pura lógica
geopolítica, buscando preservar para su país el control del paso
Khyber, que conecta Pakistán con Asia Central; conviene agregar
además que ese es el paso para la droga que circula desde los países
asiáticos centrales hasta Kashmir.
El
ISI abasteció a los taliban con 70 millones de dólares mensuales,
proveyéndoles además blindados, piezas de artillería, lanzacohetes
e inclusive aviones. Con esa ayuda se impuso en el conflicto afgano
el bando taliban. Nació entonces el Emirato Islámico de Afganistán,
cuyo régimen adoptó una ortodoxia tal, que incluso fue calificado
de medieval por parte de analistas sauditas e iraníes.
Osama
consolidó una fuerte relación con los taliban, e inclusive trasladó
en 1997 su sede a Kandahar, baluarte del pensamiento taliban y residencia
del líder de gobierno, el amir al Muaminun (principe de
los Creyentes) al-Mulla Muhammad `Umar, egresado de la madrassa
JUI de Karachi. Desde entonces, el vínculo entre las partes no parece
haber sufrido fisuras, y `Umar defendió la presencia en el país
de Osama frente a las más fuertes presiones de Washington, que renovó
sus acusaciones de terrorismo contra el saudita.
Las
presiones de la entonces administración demócrata de Bill Clinton
estaban sustentadas en que el sponsoreo terrorista de Osama,
tras su regreso a Afganistán, había crecido a tasas exponenciales.
Y ese salto cuantitativo estuvo acompañado por el creciente antinorteamericanismo
de esas acciones terroristas. Como dijo Milton Bearden, oficial
de campo de la CIA en Afganistán durante la invasión soviética y
luego jefe de la estación de esa agencia en Sudán, "el envío de
Bin Laden a Afganistán fue la peor jugada (para Occidente) desde
el envío de Lenin a San Petersburgo".
Al
respecto, es cierto que en el último lustro se le han atribuido
a Osama prácticamente todos los actos terroristas planeados o ejecutados
en el planeta, desde intentos por asesinar al papa a la muerte de
todo turista estadounidense de vacaciones en Medio Oriente. También
es cierto que la veracidad de algunas de estas acusaciones invita
a la duda, toda vez que está presuntamente respaldada por datos
y evidencias que los gobiernos no han hecho públicos.
Pero
no es menos válido que desde su reinstalación en Afganistán el grupo
de Osama sí tuvo participación en por lo menos cuatro de los más
sangrientos atentados perpetrados desde mediados de la década del
90: los atentados de Dahran, Nairobi, Dar es Salaam y Aden. Rememorando,
a mediados de 1996 Osama había reiterado (una vez más) su oposición
a la presencia permanente de tropas estadounidenses en Arabia Saudita,
debido al carácter sagrado de su suelo, donde se encuentran los
sitios sagrados de Mecca y Medinah. La novedad fue que en esa oportunidad
tildó a las tropas de Estados Unidos como cruzados, adjetivo
de negativa connotación entre los musulmanes, llamando a éstos a
oponerse de manera activa a esa presencia mediante el ejercicio
de la insurgencia. El mecanismo fue una bayan (declaración)
dirigida a la feligresía musulmana en general, y a los fieles árabes
en particular, titulada Declaración de Guerra contra los Americanos
que ocupan el territorio de los Dos Lugares Sagrados.
Días
después de que Osama difundiera esa declaración de guerra a Estados
Unidos, tuvo lugar un atentado con un camión-bomba contra las Torres
Khobar, las instalaciones de la ciudad de Dahran donde se alojaban
tropas estadounidenses destacadas en ese país. El hecho tuvo un
saldo de 19 norteamericanos muertos.
El
7 de agosto de 1998, en forma prácticamente simultánea (a las 10.40)
sendos coches bomba impactaron en las representaciones diplomáticas
estadounidenses en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), provocando
en conjunto 224 muertos y más de 1700 heridos y lesionados de diferente
consideración.
La
participación de Osama en los atentados africanos se confirmaría
una semana después, cuando se arrestó al sospechoso Mohammed Sadiq
Odeh en el aeropuerto paquistaní de Karachi. En los interrogatorios,
Odeh confirmó su participación en los luctuosos episodios de Kenia
y Tanzania, admitió su relación con Osama y la paternidad intelectual
de éste en los referidos actos; además, proveyó invaluable información
sobre la red terrorista del saudita, confirmando que la misma había
adquirido una dimensión global.
Como
respuesta a estas acciones, el 20 de agosto de 1998 Estados Unidos
lanzó la operación militar Infinite Reach. La misma consistió
en el bombardeo de precisión contra seis blancos que el Pentágono
calificó como centros de entrenamiento, depósitos y bases operativas
de Bin Laden en las cercanías de la sureña localidad de Khost, en
Afganistán; y contra el centro farmacéutico Al Shifa localizado
en las cercanías de la capital sudanesa, Khartoum, sospechoso de
producir armas químicas.
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