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OSAMA
BIN LADEN Y LA PRIVATIZACIÓN DEL TERRORISMO INTERNACIONAL
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El terrorismo a través de alianzas estratégicas: el Frente
Islámico Internacional
Como
todo entrepreneur que ambiciona promocionar y colocar su
producto en los mercados mundiales, Osama ha concretado alianzas
estratégicas con otros actores de su rubro, acuerdos éstos que optimizan
sinérgicamente el empleo de los recursos compartidos e incrementan
la efectividad de las acciones.
En
este caso no hablamos de una única alianza estratégica, sino de
dos, ambas cristalizadas aparentemente en los primeros meses de
1998.
La
primera alianza dio lugar al Frente Islámico Internacional
para la jihad (guerra
santa)
contra los judíos, y los Cruzados (Al-Jabhah al-Islamiyyah
al-`Alamiyyah li-Qital al-Yahud wal-Salibiyyin), denominación
que ratifica la naturaleza extraislámica de sus blancos. Los otros
socios del cártel fueron los grupos egipcios Al Jihad y Gamaa
Islámica (Al-Gama`a al-Islamiyya), representados por
sus dirigentes Ayman al-Zawahiri y Abu Yasir Rifa'i Ahmad Taha,
respectivamente.
La
segunda alianza estratégica podría concebirse como una ampliación
de la primera, y Occidente tomó conocimiento de la misma cuando
el periódico Al-Quds al-'Arabi, editado en Londres, publicó
en febrero de 1998 su primera decisión: una fatwa (decreto
religioso) invocando a todos los musulmanes a desatar una jihad
contra los efectivos civiles y militares de Estados Unidos instalados
en suelo saudita. La fatwa arengaba a todo buen musulmán
a matar a los norteamericanos y sus aliados en todo lugar donde
sea posible, a través del medio disponible.
De
acuerdo a un memorándum del Centro de Contraterrorismo de la CIA
fechado el 23 de ese mes, la mencionada fatwa fue la primera
en la cual explícitamente se legitimó el asesinato de ciudadanos
norteamericanos en cualquier lugar del mundo. Considerando como
integrantes de esta segunda alianza estratégica a los firmantes
de la fatwa, la misma estaría integrada por Osama y las organizaciones
egipcias mencionadas, más la Sociedad de Estudiantes Religiosos
de Pakistán (Jamiat-ul-Ulema-e-Pakistan) y el grupo Jihad
de Bangladesh.
El
trayecto de Bin Laden desde Afganistán hasta ... Afganistán
Contra
lo que el público puede suponer, en el sentido que Osama se ha mantenido
en Afganistán en los últimos veinte años, los avatares políticos
han llevado a este entrepreneur del terrorismo a moverse por toda
la región. La primera mudanza se registra en 1989, apenas terminada
la guerra afgana contra Moscú, cuando regresa a su ciudad saudita
natal de Jeddah, desde donde comenzó a llevar adelante los cometidos
de Al Qaeda, contra regímenes de países vecinos.
Las
crecientes críticas de Osama al gobierno saudita, basadas en su
corrupción y en su dificultad para aplicar la Sharia de manera
integral, erosionaron paulatinamente la relación bilateral, que
eclosionó cuando la casa real autorizó el estacionamiento permanente
de tropas norteamericanas en el país, tras la Guerra del Golfo.
Transformado
en un claro opositor al gobierno saudita (quien cancelaría su ciudadanía
en abril de 1994), Osama se instaló en 1991 en Sudán, cuyo gobierno
se distinguía de otros homólogos de la región por su receptividad
a la radicación de los veteranos afganos. Así, Osama fue
seguido en su mudanza a Khartoum por cientos de antiguos compañeros
de armas que accedieron a tierras y fuentes de trabajo.
Muchas
veces, el empleador de los combatientes de Afganistán fue el propio
Osama, quien se transformó en un fuerte inversor en el aparato productivo
local: un fábrica de procesamiento de piel de cabra, una plantación
de girasol, la compañía Wadi al-Aqiq de exportaciones-importaciones,
el banco el-Shamal Islamic Bank, la inversora Taba Investment
Company y la constructora el-Hijrah for Construction and
Development Ltd, entre otros emprendimientos. Precisamente el-Hijrah
sería la responsable de las mayores obras de infraestructura
construidas en esos momentos en Sudán, el nuevo aeropuerto internacional
y la autopista Khartoum-Port Sudan.
El
período sudanés no fue para Osama sólo una época de buenas inversiones,
sino también el momento en que empieza a coordinar o respaldar acciones
terroristas de magnitud. El detonador fue el lanzamiento de la operación
militar Restore Hope de Estados Unidos en Somalía (luego
multilateralizada en la operación UNOSOM), para garantizar la distribución
de ayuda humanitaria en ese colapsado Estado.
Según
lo admitió ocho años después, durante unos juicios en Nueva York
(vide infra), el testigo protegido Jamal Ahmed al-Fadl, un sudanés
que integró desde los primeros momentos Al Qaeda, Osama reaccionó
frente a Restore Hope ordenando atacar la serpiente americana,
para que el próximo objetivo de Estados Unidos no sea Sudán. Con
esa consigna fueron asesinados militares y civiles norteamericanos
desplegados en territorio somalí y en Yemen, donde se habían instalados
centros logísticos.
Inclusive,
un análisis retrospectivo del atentado perpetrado en febrero de
1993 contra las Torres Gemelas de Nueva York ha asociado al mismo
con la figura de Osama, por ese entonces en Sudán. La vinculación
surgió cuando el iraquí y veterano afgano Ramzi Yousef, detenido
por su participación en la acción terrorista, confirmó que había
recibido dinero de las organizaciones de aquel. Osama nunca admitió
ni negó totalmente la evidencia sobre las Torres Gemelas, aunque
celebró el atentado y anunció que habría muchos futuros Ramzi Yousef.
De
la estadía norafricana de Osama también se destacan el patrocinio
del fallido intento de asesinato que sufrió el presidente egipcio
Hosni Mubarak, durante una visita a Etiopía; el asesinato de docenas
de turistas occidentales en Egipto; la bomba colocada en la embajada
egipcia en Pakistán, que causó más de veinte víctimas fatales; y
otra bomba en la capital saudita Riyadh, donde murieron cinco ciudadanos
norteamericanos que trabajaban con la Guardia Nacional local. En
mayo de 1996 el gobierno sudanés expulsó a Osama por presiones de
la Casa Blanca, que amenazaba con promover sanciones en las Naciones
Unidas, por apoyar al terrorismo internacional. La causa era el
mencionado intento de asesinato a Mubarak, en junio de 1995.
La
próxima escala en el derrotero de Osama fue nuevamente Afganistán,
más precisamente la ciudad de Jalalabad. Pero la expulsión del invasor
soviético había dado lugar a una violenta lucha de facciones de
la cual surgiría un fenómeno tan novedoso en los asuntos internacional,
y consecuentemente tan abordado por los medios periodísticos del
orbe, como lo fue Osama: los taliban (buscadores de conocimiento).
Los
taliban tienen su raíz en los refugiados afganos de la etnia pashtoon
que abandonaron su país con la invasión soviética, dirigiéndose
a Pakistán. Allí, los refugiados jóvenes prosiguieron su educación
en madrassas (academias islámicas) administradas por sus
propios líderes, la mayor parte de las cuales fueron instaladas
en las ciudades de Quetta, Peshawar y Karachi; en esta última ciudad
funcionaba la madrassa más importante, la Jamiat-ul-Uloom-il-Islamiyyah
(JUI) conducida por Maulana Mohammed Yusuf Binnori. A través de
ese proceso educativo, se consolidó en los taliban una formación
cultural que fusionó tres fuentes principales: pashtoonwali,
wahabismo y deobandismo.
El
pashtoonwali (el camino de los pashtoon) es un código de
conducta tan válido para sus seguidores como el Corán; extremadamente
rígido y ortodoxo respecto a sus costumbres, su cumplimiento y sanción
contempla el empleo de la violencia. El wahabismo es una
corriente iniciada en la península arábiga durante el siglo XVIII
por Muhammad ibn Abdul Wahab, quien lideró una reacción puritana
contra lo que consideró una laxa observancia del Corán. Finalmente,
el deobandismo (por su aparición en el villorio hindú de
Deoband) surge inicialmente en el siglo XIX como una doctrina panislámica
opuesta a la colonización británica.
Posteriormente
el deobandismo se radicalizó a partir de los aportes teóricos de
Abdul al Maududi, quien pregonaba una forma de islamismo altamente
radicalizada. En su visión, el Corán debía ser tomado in totum,
taxativamente, sin interpretaciones. El Islam era perfecto, se impone
a cualquier ley terrenal y no debe ser juzgado por el creyente,
so pena de corromperlo, que es lo que quiere Occidente.
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