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Un
llamado de alarma para América Latina.
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La razón principal del optimismo de Venezuela está
directamente ligada a la llegada al poder de Hugo Chávez
al frente de un gobierno de perfil claramente populista y con propuestas
económicas y sociales que lo diferencian ampliamente del
consenso en torno a las políticas de libre mercado y de participación
en los sistemas globales que caracterizó a la mayoría
de los países de la región durante la década
de los noventa. Chávez representa además un movimiento
político que llegó al poder apoyado por un consenso
social doméstico de crítica radical contra los partidos
tradicionales de Venezuela y contra su particular diseño
democrático, que permitió altos niveles de corrupción
conviviendo con altos niveles de pobreza.
Estos datos sugieren que las relativamente jóvenes democracias
de América Latina tienen todavía que probar su eficacia
como sistemas de gobiernos ante el juicio de sus respectivas sociedades.
"La mayoría de los ciudadanos de la región ata
la democracia a los resultados de las políticas económicas
y eso hace a las democracias más vulnerables" asegura
Marta Lagos la directora de Latinobarómetro.
"En sociedades estables y con democracias sostenidas por sistemas
económicos sólidos, no es un problema lo que hagan
los gobernantes, porque la democracia como sistema no está
cuestionada" dice Lagos para agregar un ejemplo importante:
en España, encuestas similares demuestran que la democracia
recibe el apoyo sostenido del 75% de los encuestados.
Pero la economía no es solamente el problema. La encuesta
de Latinobarómetro muestra que uno de cada cinco ciudadanos
requeridos --un 20% de la población si se hace la respectiva
proyección-- dice que tanto el crimen como la adicción
a las drogas ha crecido "mucho" en sus respectivos países
en los últimos tres años. En 1995 ante la misma respuesta
era escuchada por los encuestadores en menos de un 10% de los encuestados.
Dos de cada cinco de los ciudadanos indagados dice que un miembro
de su familia ha sido víctima de un crimen en los 12 meses
previos al sondeo.
Cuatro de cinco dice que la corrupción ha crecido mucho en
sus países durante los últimos tres años.
El modelo económico.
Los anteriores
sondeos de Latinobarómetro habían mostrado que la
mayoría de los latinoamericanos estaban a favor, en líneas
generales, con las políticas de libre mercado.
Este año
el 52% de los encuestados está de acuerdo con la idea de
que "los precios de los productos deben ser determinados por
la libre competencia", mientras que dos tercios quieren inversiones
extranjeras en sus países.
Sin embargo la opinión sobre las privatizaciones muestra
un cambio de tendencia muy importante. En todos los países
las opiniones a favor de las privatizaciones han caído claramente
con respecto a lo que se registraba hace tres años. Aquí
hay una curiosidad, las privatizaciones solamente siguen teniendo
buena opinión en Venezuela, donde Hugo Chávez ha retomado
el discurso y la práctica a favor de la participación
del estado en el manejo de los servicios públicos.
Dos tercios de los ciudadanos entrevistados piensa que la decisión
de poner en marcha un Tratado de Libre Comercio de las Américas
podría ayudar las economías de sus respectivos países,
y más del 70% está de acuerdo con una integración
económica plena de América Latina.
Pero la opinión en Brasil, cuyo gobierno es muy cauto en
las negociaciones para establecer una gran zona de libre comercio
en la región, es marcadamente escéptico con respecto
a esa iniciativa. Un 43% de los brasileños opina que ese
tipo de acuerdo podría ayudar poco o nada al desarrollo de
la economía de su país.
Sin embargo la opinión de los latinoamericanos con respecto
a Estados Unidos parece haber mejorado mucho en los últimos
cinco años. En 1995 un 53% de los entrevistados tenía
una opinión "buena" o "muy buena" con
respecto a ese país. Ahora un 70% se expresa en el mismo
sentido.
Esta encuesta también muestra claramente que los países
de América Latina muestran actitudes y creencias muy alejadas
de aquellas que parecen ser condiciones para el desarrollo de economías
exitosas.
Por ejemplo la mayoría de los latinoamericanos no tiene confianza
en el ciudadano de sus respectivos países. Con respecto a
las opiniones registradas hace cinco años el deterioro en
este punto supera el 20% en casi todos los países.
Esa misma desconfianza se expresa con respecto a las instituciones
del estado que deberían ser el soporte de los gobiernos democráticos
tanto en términos de gestión cotidiana de políticas
públicas como en términos de mejoras en la calidad
del sistema de administración.
La Iglesia, los medios de comunicación masiva y las fuerzas
armadas ocupan los primeros lugares en el ránking de la confianza,
mientras que la Policía, la Justicia, los Congresos y los
partidos políticos ocupan los últimos lugares.
Hay variaciones de acuerdo a que país se considere. Uruguay
y Costa Rica revelan altos niveles de apoyo a la democracia y menos
pesimismo que en otros países. También, de acuerdo
a Latinobrómetro de que los ciudadanos más jóvenes,
aquellos que han nacido y crecido bajo sistemas democráticos
son más favorables a su desarrollo y a su fortalecimiento.
Pero la verdad es que el optimismo que acompañó al
renacimiento de las democracias de la región a principios
de los ochenta, se está transformando en un amargo y sostenido
pesimismo que se hace imprescindible revertir.
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