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La estrategia hemisferica de Venezuela

1. UNA NUEVA MIRADA PARA LA GLOBALIZACION:

La tumultuosa llegada al poder de Hugo Chávez al frente de su Revolución Bolivariana, y en medio de sucesivas avalanchas de votos populares, dejó en los analistas internacionales la errada percepción de que Venezuela sufría una trágica y dolorosa enfermedad colectiva, caracterizada por la vuelta a los principios retóricos de los setenta y por la falta de responsabilidad ante los nuevos fenómenos de la globalización.

La clase dirigentes venezolana -- política y económica-- que estaba siendo literalmente barrida por el nuevo liderazgo popular plebiscitario encarnado en el Presidente Chávez y en su Movimiento de la Quinta República, contribuyó en gran medida en expandir la imagen internacional de una sociedad movilizada detrás de consignas y banderas políticas extemporáneas y obsoletas y de un gobierno destinado al fracaso inevitable.

Sin embargo después de casi dos años de gobierno el fracaso no sucede y la lucha política interna en Venezuela se está orientada decisivamente a la discusión acerca del posicionamiento de los actores sociales y políticos en los nuevos escenarios impuestos por el gobierno de Hugo Chávez.

Si bien se mira su tarea desde su asunción, la tarea del Presidente Chávez está signada por una idea "fuerza": en un mundo caracterizado por una creciente inter dependencia de los estados nacionales, la política exterior es una excelente palanca para crear las mejores condiciones económicas y sociales en el orden interno.

La "mala prensa" del gobierno bolivariano de Hugo Chávez sirvió también para ocultar la emergencia de una nueva mirada para la política regional y global desde América Latina, sostenida por el poder de una nación que es uno de los principales productores de petróleo del mundo.

Chavez llegó al poder en Venezuela, al mismo tiempo que en todos los países de América Latina crecía la sensación de agotamiento y de descreimiento con respecto a las reformas económicas de libre mercado que caracterizaron la década de los noventa en todo el continente.

Chávez supo ser en sus posiciones políticas domésticas e internacionales el legítimo emergente de una de las corrientes políticas y culturales más tradicionales de América Latina.
Se trata del punto de vista acerca de la historia y de la política nacional y regional que indica que el problema central de los países latinos de las Américas es el fortalecimiento de su identidad frente a las políticas y las decisiones de los Estados Unidos, el vecino más poderoso de la región y que, además, ha servido de base para diversos movimientos políticos populares y nacionales en América Latina, durante todo el Siglo 20..
Inevitablemente esa corriente ideológica y política de la que participa Chávez, identifica el proceso de la globalización con las estrategias de poder mundial de los Estados Unidos, y por lo tanto imagina este nuevo escenario político regional como una magnífica oportunidad para reeditar la batalla por la identidad en las condiciones de la batalla por el poder del nuevo siglo.

La característica central de la política regional durante los noventa fue precisamente la existencia de un solo discurso y de una sola mirada para los nuevos problemas políticos hemisféricos. Fueron los años en que los líderes políticos de América Latina competían entre sí por ser "políticamente correctos" en el sentido de buscar las mejores maneras de ser funcional a la política mundial de los Estados Unidos, y a las políticas impulsadas por los organismos multilaterales de créditos, en la inteligencia de que ese era el mejor camino para que sus países lograran los mejores lugares en el competitivo y peligroso mundo del comienzo de la globalización.
La novedad que trajo Hugo Chávez al debate político regional fue el nacimiento de un nuevo punto de vista estratégico y político sostenido básicamente por dos pilares:

a) el poder histórico, político y económico de la nación venezolana y
b) la legitimidad social de ese nuevo discurso, en el sentido de plantear la necesidad de crear nuevas opciones políticas nacionales y regionales fuera de la lógica del mundo unipolar y del ajuste económico perpetuo.

Esa nueva mirada es el principal sustento de una nueva estrategia política que ha llevado a Venezuela a transformarse en un referente ineludible a la hora de definir los nuevos elementos de la lucha por el poder regional y global.

Esa estrategia parece estar basado en las siguientes premisas:

- El proceso de globalización es un proceso político integral donde los intereses de poder son por lo menos tan importantes como los intereses económicos.
- El proceso de globalización implica a la vez una sostenida tendencia hacia la concentración del poder económico en algunos actores transnacionales, y un creciente peligro de daño para los sectores más humildes y numerosos de las sociedades nacionales, que serían precisamente los primeros perjudicados de ese proceso de concentración.
- Los estados nacionales son los organismos políticos idóneos para defender a los ciudadanos de los daños que puede traer ese proceso de concentración del poder económico.
- Es necesario crear desde América Latina un nuevo discurso capaz de crear un nuevo punto de vista sobre los nuevos problemas de los países de la región alejado del "pensamiento único" que caracterizó la década de los noventa.

2. LA POLITICA DE GESTOS EXCENTRICOS:

Los primeros meses de la política exterior venezolana bajo el liderazgo del Presidente Chávez se caracterizaron por los gestos políticos excéntricos y a contramano de aquello que fue "políticamente correcto", de acuerdo a la lógica de los presidentes latinoamericanos de los noventa.

Se trataba de demostrar que la República Bolivariana de Venezuela era capaz de ganar la atención política global a través de acciones e iniciativas que venían a despertar a los actores regionales y globales de la siesta incitada por las actitudes previsibles y del "sentido común" de moda durante la década de los noventa.

Esa fue la matriz de los gestos políticos que comenzaron a definir el nuevo perfil del liderazgo venezolano, y que por su naturaleza casi agresiva hicieron creer a muchos de los analistas internacionales que estaban frente a un verdadero problema para la estabilidad y la seguridad regional.

Entre esos gestos transgresores su decisión de mostrarse junto a Fidel Castro en cuanta situación fuera posible expresando claramente la voluntad política de Venezuela de terminar con el aislamiento político regional de Cuba fue tal vez el más significativo de cara a su relación con los Estados Unidos.

Chávez visitó La Habana en más de una oportunidad pero además recibió oficialmente en Caracas al Comandante Fidel Castro, para firmar una serie de convenios de cooperación sin antecedentes en las relaciones hemisféricas desde que Cuba fuera expulsada de la OEA, salvo en el caso de la experiencia chilena liderada por Salvador Allende.

Durante su visita a Caracas, Chávez habló largamente con el viejo dictador cubano en público y en privado y se dio el gusto de ser reconocido por Castro como el "legítimo sucesor" de Simón Bolívar un lugar simbólico muy importante para la tradición política del continente, y además el espacio cultural que Chávez quiere ocupar en el debate político regional.

Además de los gestos políticos rentables, ambos mandatarios acordaron la puesta en marcha de programas para trabajar en común en áreas tan sensibles como la organización de la educación y la defensa nacional y para aumentar fuertemente la presencia de funcionarios del gobierno cubano en Venezuela.
La relación privilegiada con Fidel Castro, le ha servido sin duda al Presidente Chávez para mostrar con claridad su poco apego a las "normas de convivencia" impuestas por la hegemonía de Washington en la región, y para demostrar también que no necesariamente el hecho de ser amigo público de Fidel Castro puede provocar las iras de la Casa Blanca.

Aún cuando el corazón del apoyo de Venezuela a Cuba consista precisamente en la decisión de Caracas de vender a la isla petróleo subsidiado en condiciones y cantidades suficientes como otorgar al régimen de La Habana un respiro estratégico, político y económico decisivo. No está demás recordar que fue precisamente la decisión de la ex Unión Soviética de dejar de vender petróleo subsidiado a Cuba, el hecho que precipitó las crisis y las penurias que durante muchos momentos de los noventa llevó a la mayoría de los analistas y los actores políticos a creer que la experiencia comunista cubana estaba a punto de terminar.

En este punto tampoco es bueno olvidar que Venezuela es el segundo proveedor de petróleo de los Estados Unidos y por eso mismo la nación caribeña es definida en Washington como uno de los "sostenes estratégicos necesarios" para los líderes de ese país, más allá de cualquier otra consideración política o ideológica.
Tal vez por eso mismo Chávez volvió a llamar poderosamente la atención cuando decidió ejercer en plenitud el rol de liderazgo que Venezuela tiene en la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), comprometiéndose personalmente en la tarea de la convocatoria de la reunión que ese grupo de países tenía planificada en Caracas para mediados del 2000.

Chávez decidió visitar en persona a todos los presidentes de países productores de petróleo para invitarlos a visitar su país en ocasión de las deliberaciones de la OPEP.

En su agenda no faltó ninguno de aquellos "indeseables" que los Estados Unidos habían estigmatizado durante los ochenta y los noventa, comenzando por el líder de Libia Muammar Khaddafy y por el líder de Irak Saddam Houssein.

En ambas entrevistas, Chávez quiso forzar la presencia de ambos jefes de estado en la reunión de Caracas --sin tener en cuenta las opiniones en contrario del Departamento de Estado-- y además comprometió la decisión política de Venezuela para buscar que la producción de petróleo volviera a ser la herramienta política que fuera durante las décadas anteriores.

Claramente el Presidente Chávez establecía diferencias cono el resto de los líderes de los países emergentes tratando de establecer con claridad y a través de una política de gestos políticos tan excéntricos como contundentes, su determinación para conseguir que Venezuela comenzara a ganar relevancia internacional a través de la adopción de prioridades y valores bien distintos a los que ordenaron el tablero de la política regional y global durante la década de los noventa.
El resultado más claro de esa política de gestos excéntricos comenzó a vislumbrarse precisamente durante la reunión de la OPEP que se realizó en Caracas, donde Venezuela logró consenso en torno a su política de analizar las condiciones y los precios de la producción petrolera global sobre la base de las "decisiones política soberanas de los estados miembros".
En su discurso ante la asamblea de la OPEP, Chávez hizo una exposición clara de sus puntos de vista acerca de la inserción de los países emergentes en el proceso de la globalización, e hizo un llamado a recuperar la idea de usar los recursos naturales como herramientas idóneas para imponer condiciones a los grandes países desarrolladas en el complejo ajedrez de la nueva política mundial.

Con respecto a la política hemisférica Chávez ha sido mucho menos teatral y transgresor pero tal vez mucho más efectiva.
Ese es el escenario en que el presidente venezolana tiene todas las posibilidades para desplegar su propia estrategia integradora, basada mucho más en los valores históricos comunes que en las posiciones pragmáticas dictadas por las nuevas modas ideológicas. Por eso es que el Presidente Chávez ha elegido las crisis colombiana y el proceso de integración económica hemisférica como sus dos cuestiones predilectas en términos de política regional.

Con respecto a la crisis colombiana la posición del gobierno de Venezuela se ha caracterizado por las siguientes premisas:

ü Preocupación manifiesta por las consecuencias del "derrame" que pudiera tener el conflicto en términos de violencia social, militar o paramilitar en los países de la región.
ü Preocupación manifiesta por evitar que actores políticos y militares ajenos a la región --básicamente los Estados Unidos-- intenten tener presencia efectiva y constante en el escenario específico del conflicto.
ü Preocupación manifiesta ante la posibilidad que el desarrollo del conflicto en su fase internacional o transnacional, termine por abrir el camino para que esos actores ajenos a la región terminen por tener presencia efectiva y constante en la Cuenca del Amazonas, el Mar Caribe o cualquier país andino de la zona.

Es a partir de esas prevenciones que el gobierno de Caracas se mostró particularmente activo buscando la mejor manera de acercar al gobierno de Bogotá y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a la puesta en marcha de un proceso efectivo de negociación de la paz en la región.
Para lograrlo, el gobierno de Chávez no evitó tener relaciones oficiales con las FARC como tampoco eludió la posibilidad de instar por diversas maneras al gobierno nacional colombiano a tomar determinadas medidas para sacar del estancamiento las conversaciones que muchas veces en los últimos dos años parecieron definitivamente agotadas.

Con respecto al llamado Plan Colombia, la posición de Venezuela se puede resumir en el concepto de "oposición positiva". El gobierno de Caracas nunca se pronunció en contra de la iniciativa pero hizo todo lo posible para dejar en claro que el eje de la ayuda debía alejarse rápidamente de la tentación militar y policial para centrarse en la ayuda social y en los planes de apoyo al fortalecimiento de la sociedad civil.

De hecho una de las principales tareas de la diplomacia de Caracas en los Estados Unidos ha sido, durante los pasados dos años, tomar contacto con las organizaciones pacifistas y defensoras de los derechos humanos de ese país para propiciar acciones tendientes a impedir el incremento de la presencia militar --tanto en términos de cantidad de hombres como en términos de equipamiento-- de los Estados Unidos en Colombia y en la zona de conflicto.

En el trabajo de crear alianzas para sostener sus puntos de vista en materia regional --tanto en lo referente a la situación colombiana como en lo referente al proceso de integración económica y comercial en marcha-- el gobierno de Hugo Chávez entendió enseguida que su mejor aliado era Brasil, y operó en consecuencia buscando puentes de acercamiento sobre la base de identificar los intereses estratégicos comunes.

Las consecuencias de esa estrategia fue el persistente acercamiento entre Caracas y Brasilia que culminó con el pedido formal del Presidente Chávez para que Venezuela comience a ser parte del Mercosur a partir de los próximos meses, durante su visita oficial a Brasilia a fines de marzo.

La iniciativa de incorporar a Venezuela al Mercosur es mucho más un gesto político que una necesidad económica para el país de Chávez.

Se trata precisamente de crear una masa crítica de poder político y económico en América del Sur de modo tal de incidir de una manera decisiva en el proceso de integración hemisférica en marcha y en la resolución de los incipientes problemas de seguridad que muestra la región, comenzando por la crisis colombiana.

Nadie puede ignorar que la integración de Venezuela al Mercosur será una manera genérica y hasta literaria para aludir a la alianza estratégica entre ese país y Brasil, es decir las dos economías con mayor potencial de desarrollo y de despliegue de América del Sur, y que además esa alianza estaría sostenida por puntos de vista igualmente reticentes con respecto al proceso de integración hemisférica que Washington busca liderar a toda costa.

Por eso, la posición de la Venezuela bolivariana del Presidente Chávez con respecto al proceso de negociación del área de libre comercio de las Américas (ALCA) muestra claramente como la estrategia del gobierno de Caracas está mucho más orientada por las premisas políticas y estratégicas que por meras especulaciones económicas y comerciales.

Todo el desempeño de Chavez antes, durante y después de la Cumbre de Quebec muestra hasta que punto el Presidente de Venezuela estuvo orientado a insertar puntos de vista distintos a los de Washington en el proceso de integración política, económica y comercial que están en marcha desde mediados de la década pasada.

La idea de someter el resultado de la negociación a un plebiscito va de la mano con la propuesta de incorporar a los actores en condiciones de negociar el tratado a las organizaciones de trabajadores o a las organizaciones de defensa del medio ambiente.

Fuentes de los gobiernos de los países de la región más importante destacaron las posiciones de Chávez en el sentido de que por su mera enunciación orientan la discusión política de la integración hacia cuestiones bien distintas a las propuestas de los Estados Unidos.

Por ejemplo el planteo de privilegiar el contenido de la negociación y los compromisos político implícitos en esos contenidos por sobre la cuestión de las fechas sirvió, de acuerdo a fuentes de diversas diplomacias de la región, para orientar el debate a posiciones mucho más favorables para los países menos desarrollados del hemisferio.

Para Venezuela, el proceso de negociación en marcha en todo el continente es ante todo el escenario de una confrontación política que presenta como premio mayor la posibilidad imponerle una impronta particular a la integración hemisférica. Y como en toda confrontación el primer dato relevante es definir con claridad cuáles son los bandos en pugna y que actores los integran.
La nueva política exterior de Venezuela está signada por esta tensión y tal vez por eso mismo el gobierno de Caracas ha decidido transformar a sus relaciones con América Latina la primera prioridad de su agenda.

La novedad más importante es que, más allá de la buena o mala receptividad que los puntos de vista del Presidente Chávez tengan entre sus colegas, existe una creciente cantidad de intelectuales y políticos de la región dispuesto a asumir que esas posiciones son tanto el producto de una posición propia original, como el resultado de una tradición política regional muy rica y con raíces profundas en la cultura regional más tradicional.

Ese tal vez sea el principal apoyo del gobierno de Venezuela en su compleja y rica relación con los Estados Unidos que recién en estos meses ha comenzado a definirse con alguna claridad.

3.LA RELACION CON ESTADOS UNIDOS

Contra lo que muchos pudieran suponer, las relaciones entre el gobierno del Presidente Chávez y la Administración de George W. Bush no son malas ni están al punto del colapso, por más que la "mala prensa" internacional del gobierno bolivariano de Venezuela haga equivocar a veces a algunos de los analistas continentales más empinados.

El padre del Presidente Bush visitó Caracas hace tres meses y según dicen en esa ciudad, en sus reuniones con el presidente de la Venezuela bolivariana comenzó a establecer las bases de una relación que algunos ya definen como de "inteligente negociación de las diferencias".

El hecho es que la familia Bush tiene una tradición propia en el negocio petrolero y por eso mismo los vínculos con Venezuela y su gobierno no son tan problemáticos como para cualquier otro líder político mucho más influenciado por cuestiones políticas o ideológicas.

A partir de ese contacto y luego de una negociación muy reservada, Venezuela decidió pedir formalmente su participación en el sistema de preferencias económicas y comerciales que los Estados Unidos están preparando como una manera de crear condiciones mejores de desarrollo económico en la misma zona donde debe aplicar el Plan Colombia.

A pesar de las opiniones en contrario de algunos funcionarios del área comercial del gobierno de los Estados Unidos nadie duda en el poder de Washington y entre las naciones andinas que Venezuela será parte de ese sistema de preferencias más temprano que tarde.

Como una muestra de su decisión de no quedar afuera de ese sistema de preferencias, el propio Presidente Chavez, el día previo del comienzo de la Cumbre de Quebec, anunció el apoyo de su país al Plan Colombia --sobre todo en su segmento de promoción social y económica-- y su deseo de participar plenamente en la lucha regional contra el narcotráfico. Claro que luego de destacar los esfuerzos de los Estados Unidos para disminuir la demanda de drogas en su propio ámbito doméstico.

Pocos analistas pusieron el ojo en otro gesto político de Venezuela que se transformó en un elemento más en la construcción de su nueva relación con los Estados Unidos.
Dos semanas antes de la Cumbre de Quebec se reunió en Caracas el llamado Grupo de los Tres, un bloque de países latinoamericanos formado por Colombia, México y Venezuela que había intentado sin éxito un acercamiento económico y comercial a comienzos de la década de los noventa.

La invitación del Presidente Chávez logró resucitar al Grupo de los Tres donde ahora Venezuela aparece asociada nada menos que con la principal hipótesis de conflicto de los Estados Unidos en las Américas --Colombia-- y con el vecino y socio más conflictivo que tiene Estados Unidos en el NAFTA, México.

En la agenda de esas deliberaciones, el Presidente Chávez logró instalar la idea de un nuevo tipo de acuerdo político entre esos países en temas tan difíciles como la certificación multilateral en la lucha contra el tráfico de drogas y la creación de un polo de poder económico y social en el Caribe con la participación de las tres economías más importantes de la región.

Esas dos iniciativas son solamente ejemplos al azar de cómo Chávez ha decidido complejizar la relación de su país con los Estados Unidos ofreciendo a cada paso nuevos escenarios lo suficientemente relevantes como para que pueda hacer notar su particular punto de vista sobre las diversas formas que está adoptando la lucha por el poder regional en esta primera década del nuevo siglo.

En todo caso el movimiento central consiste en tensar la cuerda siempre un poco más, en la seguridad de que finalmente nadie sensato en Washington va a elegir una escalada en una supuesta crisis de relación con uno de los principales proveedores de petróleo de los Estados Unidos a cambio de una reafirmación de viejos principios ideológicos de hegemonía.

Por eso mismo, es probable que la relación política entre Venezuela y los Estados Unidos transite en los próximos meses por senderos complicados y nada apacibles. Se trataría en ese caso, solamente de la constatación de un viejo principio de la política internacional: un país comienza a tener relaciones fructíferas con una gran potencia solamente cuando consigue transformarse en un actor relevante para los intereses de esa potencia.

El hecho evidente es que los canales para la negociación política entre esos dos países están abiertos y por ellos fluyen los intereses, las acciones, las opiniones y las esperanzas de dos gobiernos preocupados por no perder el contacto entre ambas naciones, precisamente cuando se están poniendo de manifiesto puntos de vista muy diversos con respecto a la política regional y global.

Ese proceso de negociación se desarrollará en un escenario regional signado por una confrontación donde por primera vez en mucho tiempo comenzará a ponerse bajo entredicho la hegemonía de los Estados Unidos en la región.

El Presidente Chávez conoce muy bien esa dinámico y ese escenario y se propone evitar ante todo su propio aislamiento estratégico.

Para lograrlo, despliega una política de alianzas muy vigorosa y la búsqueda de un diálogo constante con el gobierno, el Congresi y con la sociedad civil de los Estados Unidos de modo tal de sacar el mayor beneficio posible de su posición de "opositor serio pero razonable" de la hegemonía de Washington en el continente.
A nadie se le escapa que esa estrategia implica peligros e incertidumbres pero el propio Presidente Chávez ha expresado en más de un reportaje que está convencido de que es el riesgo la circunstancia que hace valioso cualquier logro.

Hasta ahora la apuesta de cambiar el paradigma de las relaciones continentales llevando el eje desde la economía a la política se ha mostrado ciertamente redituable para el Presidente de Venezuela sobre todo porque se está transformando en un referente cada vez más importante del conflicto político hemisférico.

 

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