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LA
DECLINACIÓN ARGENTINA
Daniel Goldman
Hay
varios factores que tienen que ver con la relativización de valores
y que son para nosotros, hasta diría, obvios; pero, sin embargo,
no son tan obvios.
En primer lugar, la falta de seguridad jurídica
es, desde cierto punto de vista, una seguridad jurídica. Cuando
la estrategia de un abogado en un litigio depende más del juez que
va a tratar el caso que de la sumisión a la ley, vemos este aspecto.
En segundo lugar, en la Argentina se cambian las reglas de juego
constantemente, y esto se relaciona con la característica caudillista
de nuestra sociedad, donde todos esperamos que se exprese el Gran
Padre y que establezca quienes serán los interlocutores. Esto hace
que sea realmente difícil construir un proyecto porque permanentemente
cambian los interlocutores.
En tercer lugar, en la Argentina existe
una inconsecuencia respecto de las proyecciones inmediatas. Todo
está visto desde lo que tiene que ser ahora y ya, y nunca en función
del hacia dónde vamos. Este problema es uno de los términos cruciales:
no tenemos un proyecto de país. Cuando lo tuvimos se vivió como
una sensación de paso. Los inmigrantes en todo momento tenían la
sensación de retornar cuando terminara la guerra, la hambruna, etcétera,
al viejo mundo. Esto ha generado una falta de un orgullo del quién
soy y dónde estoy.
En el ámbito empresarial, por ejemplo, existe
un sentido de aceptación de la ganancia, por encima del orgullo
nacional. Se debe ganar inmediatamente lo que en otros países se
gana en muchos años. Esto genera que haya una suerte de sospecha
permanente sobre todos, y que todas las instituciones, en todos
los ámbitos, sean sospechosas de corrupción, hasta las religiosas
y filosóficas, de donde se supone que tiene que venir la ética.
Aceptar la corrupción como tal es inherente a la sociedad, desde
nuestras actitudes cotidianas donde las pequeñas corrupciones son
vistas como normales y naturales. Por último, tras la falta de proyectos,
tengo la sensación de que en la Argentina siempre tenemos que comenzar
de nuevo. Cuando casi llegamos a alguna meta, tenemos que volver
a empezar. Esa es la falta de proyecto y de instituciones.
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