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LA
DECLINACIÓN ARGENTINA
Carlos Sersale
El
tema de la gobernabilidad es fundamental, no referido a si un país
es gobernable o no, sino a qué tipo de instituciones, públicas y
privadas, son las que establecen los términos de referencia sobre
cómo se tienen que conducir los habitantes de un país. Eso es lo
que va generando valores comunes. Ahí veo gran parte de la diferencia
entre lo que es la consolidación de Estados Unidos después de 1776
y la de la Argentina a partir de 1810.
Las trece colonias de América
del Norte funcionaban con un modelo capitalista, mientras que en
nuestro país, luego de 1810 se continúa desarrollando un sistema
feudal -como modo de producción-, que se refleja en el tipo de instituciones
y en la dirigencia pública y privada. Si se ponen los términos de
referencia a esa gobernabilidad, básicamente se determina cuál es
el costo de cada transacción que tenemos en la vida de todos los
días.
En la Argentina seguimos teniendo, desde antes de ser Nación,
costos de transacción altísimos y poco transparentes. Debo aclarar
que soy economista. Antes creía -hace treinta años- que las estructuras
económicas determinaban todo, pero con el pasar de los años uno
se va dando cuenta de que hay cuestiones que tienen que ver con
la cultura y que determinan más cosas de lo que se creía. Y esto
tiene que ver con qué tipo de instituciones tenemos. Justamente,
en 1993, un Premio Nobel de Economía desarrolla una teoría económica
basada en los tipos de instituciones que gobiernan un país, tomados
en una perspectiva de muy largo plazo, de doscientos a trescientos
años de historia.
Enfoca principalmente las instituciones públicas,
a partir de las cuales se establecen las reglas de juego para el
sector privado. Hace un año leí un libro escrito en 1818 por un
capitán del ejército británico, Alexander Gillespie, que llega con
la primera invasión inglesa y hace sus notas después de interactuar
durante dos años con la sociedad local y la de Córdoba. Describe
muy bien las normas, actitudes, valores, instituciones y reglas
de juego de la sociedad, en ese momento aún española. Y parece que
estuviera describiendo a la Argentina de hoy, con toda esa cultura
rentística basada no en la generación de riquezas a partir del esfuerzo,
sino a partir de negociaciones. Nos damos cuenta de que tenemos
problemas estructurales que tienen que ver con el tipo de instituciones
que han regido la vida pública y privada.
Estos se reflejan en todas
las cuestiones: en una política de coparticipación que constantemente
redefine las relaciones entre las provincias, donde se utiliza el
poder político para ver lo que te doy, en un autoritarismo que se
expresa en todos los sectores, donde cada proyecto, público o privado,
siempre está basado sobre lo que decide el número uno, y el resto
acompaña y se acomoda. En los años cuarenta se produce la redistribución
de ingresos más grande de la historia del país, pero sostenida por
el estadista que nos regía en esos días. Después, cuando ese proyecto
cae, cambian las reglas del juego de acuerdo al número uno que sigue.
En la década del noventa, se pudieron hacer negocios -sin entrar
en juicio sobre si los negocios eran buenos en sí mismos para el
país, que es lo que hoy está a la vista- mientras estaba quien garantizaba
la seguridad jurídica y una cierta estabilidad. Esto se relaciona
con el tipo de instituciones que tenemos: poco transparentes, democráticas
de palabra, pero autoritarias de hecho, con un sistema federal de
palabra, pero unitario de hecho.
Es el modelo mismo que tiene contradicciones
inherentes, y nunca se ha ido a fondo en la construcción de un modelo
capitalista, con sus aspectos positivos y negativos. Y si queremos
hacerlo, debemos ir a las bases mismas, a las instituciones, y alcanzar
un sistema democrático basado en un sistema realmente federal que
se refleje en todos los aspectos: en el sistema fiscal, en el sistema
representativo, etcétera. Estos problemas estructurales se reflejan
también respecto de la crisis dirigencial: la dirigencia argentina
nunca fue diferente. Cada uno que llega arma su nicho impositivo,
así tenemos este engorro impositivo en los tres niveles: municipal,
provincial y federal, que se traduce en costos de transacción altísimos.
Por ejemplo, un productor agropecuario del sur de la provincia de
Buenos Aires hace sesenta y tres trámites al año por impuestos nacionales,
provinciales y municipales. Una inversión para exportar en el sector
agroalimentario requiere de seis meses-hombre dedicados a 238 pasos
diferentes. En Canadá, para abrir una PYME o un micro emprendimiento
se necesitan dos dólares y dos horas de trámites. Hemos sido, en
el fondo, un país precapitalista.
El origen de la crisis es inherente
al modelo, tiene que ver con el tipo de instituciones y con los
tipos de términos de referencia y de valores que regulan la conducta
de los habitantes que esas instituciones han generado. Simplificando,
el gobierno siempre buscó nichos impositivos, el sector empresario
vivió de las contrataciones del Estado, mientras que la gente común
busca el subsidio.
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