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LA
DECLINACIÓN ARGENTINA
José Paradiso
Desde
hace tiempo me intereso por identificar lo que podríamos llamar
las características de la crisis argentina. En 1983, con la vuelta
a la democracia el centro de atención estaba puesto en la gobernabilidad,
la agenda de la gobernabilidad era la cuestión más importante; pero
luego, este tipo de inquietud e indagación quedó al margen.
Más
tarde, en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos
Aires elaboramos un proyecto de investigación que se titulaba La
Argentina, un modelo para armar, articulado alrededor de la idea
de abordar sistemáticamente la cuestión de la trayectoria del país
para dar algunas claves a las principales preguntas sobre el desarrollo
argentino.
Esto no llegó a plasmarse y fue entonces que decidí ir
por las mías y ordenar un poco algunas lecturas sobre el tema. Parto
de la base de que la Argentina es una anomalía y me llama la atención
el hecho de que en otros contextos, en otros países, fenómenos como
los que se dan en la Argentina, suscitarían, seguramente, una literatura
vastísima. Sin embargo, en la Argentina no existe un análisis agregado.
Existen algunos trabajos en un código de mensajismo y que frecuentemente
no tienen consistencia, divagaciones que pueden ir desde la Colonia
hasta los contrabandistas, pero que carecen de ordenamiento.
Este
es un síntoma más de la crisis de un país que no se lee, que no
se interpreta y que no se piensa en la proporción que debería hacerlo
a partir de la intensidad de los problemas que tiene que afrontar.
Si bien hay una hipótesis interpretativa, antes quisiera hacer un
rastreo de todas las veces que la Argentina se pensó como en una
situación de crisis. ¿En qué momentos se habló de crisis en la Argentina?
Para mí fue muy ilustrativo releer a José Luis Romero, porque la
Sociología y la Historia Social de los años sesenta asumían el problema
de la crisis y hablaban de la crisis argentina. Romero, en particular,
tiene una enorme cantidad de textos sobre este tema. En uno de 1957
hace una interpretación de por qué se llegó hasta donde se llegó
y, con mucha visión, plantea allí el tema del desencanto.
Ya en
1957 decía que la sociedad argentina vivía una suerte de desencanto.
Gino Germani también tematiza la crisis. Antes de esa época, sobre
todo en la década del treinta o aún antes, surge una literatura
que se pregunta respecto del país que está surgiendo y sus características.
Parece que la Argentina es un caso singular de cultura de la declinación,
al menos desde el punto de vista de los países, no desde el punto
de vista interior.
Estamos acostumbrados a una literatura de declinación
de imperios, pero no de países, salvo algunos elementos puntuales.
Hay muy pocos casos de países que reconozcan la fenomenal expansión
-evocada tanto desde la derecha como desde la izquierda- que llevó
a la Argentina del centenario a ser el séptimo país del mundo. No
es frecuente en la sociología comparada hablar de casos que hayan
conocido un proceso de esta dimensión.
De ahí en adelante, cada
ciclo político ha sido peor que el anterior. La sociedad generó
expectativas y acumuló crisis tras crisis. Es un caso evidente de
declinación, la pregunta es: ¿Cuál es la causa? Hay dos interpretaciones
básicas. Una señala la causa en el cambio de modelo. La Argentina
alcanzó la cima cuando se insertó en el mundo y organizó su economía
de cierta forma, pero el abandono de ese patrón de modelo de crecimiento
es el responsable de la crisis.
La otra señala que la responsabilidad
de la evolución argentina no es el cambio de modelo, sino el modelo
mismo. Y no solamente lo que el modelo importa en términos económicos,
sino también en términos de la organización de la sociedad, del
sistemas de valores -o contravalores-, y lo que importó políticamente.
En este sentido, las preguntas serían: ¿Qué pasa en una sociedad
que produce un fenómeno de expansión como conoció la Argentina de
los años ochenta a los años veinte? ¿Qué tipo de comportamientos,
valores y actitudes se gestan en ese crecimiento? ¿Qué pasa en la
sociedad cuando esto se acaba? Quizás podemos encontrar alguna pista
yendo más allá de una lectura estrictamente económica del modelo.
El modelo ha sido una estructura de poder, un tipo de mentalidad
que se cristalizó en esa sociedad, una forma de percibir la política.
Ahora, cuando evocamos el tema de la crisis dirigencial -de los
dirigentes políticos, empresariales, gremiales, etcétera-, mi pregunta
es: ¿Cuándo surge la crisis dirigencial? ¿Cuándo fue distinta la
política? Por diversas razones, ese modelo inicial también construyó
una cultura política y produjo una forma de pensar lo político.
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