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LA INSEGURIDAD ABSOLUTA

Emilio Cárdenas

A partir de los atentados criminales del 11 de septiembre pasado considero que se ha producido un verdadero quiebre en las relaciones geopolíticas internacionales, de una magnitud equivalente al de 1945 y al de 1989. No sabemos cuánto tiempo va a durar el conflicto recientemente iniciado, pero ya se observa un evidente realineamiento, que va mucho más allá de identificar al enemigo común.

De pronto, Rusia deja de ser una amenaza, y pasa a ser un aliado casi esencial. El presidente Putin se ha transformado así, de repente, en un hombre que puede sentarse en una gran conversación con la propia OTAN. Hasta el 10 de septiembre pasado, eso era casi impensable. Esto es una muestra de que puede haber comenzado una suerte de ebullición geopolítica que posiblemente genere -con el tiempo- cambios insospechados. Por otra parte, me parece que lo que está ocurriendo hoy demuestra a la sociedad norteamericana -donde, en los últimos años, había prevalecido una antipática tendencia al aislamiento- que, por más fuerte que sea Estados Unidos, hay cosas que ellos no pueden hacer solos.

No, quizás, por falta de legitimidad, sino, y principalmente, porque hoy no pueden, ni técnica ni políticamente, combatir aislados el fenómeno del terrorismo. Necesitan de la inteligencia, de la información y de la cooperación de otros. Con esto, creo que Estados Unidos tiene la oportunidad de volver a insertarse profundamente en la comunidad internacional organizada, a la que de alguna manera había dejado de lado, recurriendo a sus instituciones sólo como instrumentos, que a veces sirven y a veces no, y también la de recuperar el papel de liderazgo que le corresponde, pero del que estaba bastante extraviado.

Espero que, a partir de esto, se revalorice la ONU y su experiencia. Esto es, el propio marco institucional de la comunidad internacional y, como consecuencia, el diálogo con todos sus miembros y entre poderes. Creo que ya se perciben claros indicios de esta necesaria vivificación. Otra consecuencia que puede surgir en nuestra región -algo que deseo francamente que ocurra- es la desmitificación del terrorismo. Hemos sobrevivido a todas nuestras tensiones internas -y a algunas externas- cometiendo el error de mitificar al terrorismo.

Lo mismo ocurre en el escenario internacional, donde el terrorismo tiene también algún grado de mitificación que hay que superar. Es necesario mostrar su verdadera cara y su fea naturaleza. Terrorismo no es generosidad, ni coraje; es cobardía criminal por su modo de operar. La opción del terror -a la vista de lo acontecido- para la Argen-tina, será distinta de aquí en más.

La consecuencia de esto es que hoy estamos frente a un enemigo raro -por patológico- que es una suerte de madeja que se tiene que ir abriendo, necesariamente, poco a poco. Todos sospechamos que, quizás, para desmantelarlo no alcanza con Afganistán. No alcanza con que el ex monarca afgano Zahir Khan establezca una coalición, a la búlgara -digamos-, dentro de Afganistán.

Ben Laden tiene socios operativos: el primero es Hassan al Turabi y el segundo es Ayman Zawahiri. Y hay otros. Los tres referidos son intelectualmente importantes. Son profesionales, aunque totalmente distintos: Ben Laden es ingeniero, Hassan al Turabi es un abogado sudanés, egresado de Oxford, y Ayman Zawahiri es un médico pediatra, egipcio, con buen prestigio. De los tres, hay uno que ya está preso, por haber caído en desgracia en su propio medio.

El repentino levantamiento de las sanciones contra Sudán por parte de las Naciones Unidas, de la noche a la mañana, después de cinco años, es sugestivo. Recordemos que los norteamericanos ya nombraron un representante especial para Sudán, a principios de septiembre, para negociar la paz en la guerra entre el norte y el sur. Redescubrieron a Sudán, de repente. Sudán es un país clave en el manejo de estas cosas, porque en él está Hassan al Turabi, preso.

Los militares, que eran sus socios, lo encarcelaron hace casi un año. Y allí -por ahora- está. El referido levantamiento de sanciones sugiere que Hassan al Turabi podría -de pronto- tener que contar lo que sabe. Y, a lo mejor, más de lo que cree saber. Ayman Zawahiri también será buscado, porque es del mismo nivel de peligrosidad que Bin Laden y el mentado Turabi. Zawahiri -que encabeza el Jihad egipcio- está junto a Ben Laden. Esto sugiere que, quizás, no todo termina en Afganistán. Respecto del tema de la seguridad, hay cosas que hoy se conocen y que no se conocían en el pasado, que también habrá que desentrañar. Junto a Dante Caputo, vivimos de cerca el fracaso de las Naciones Unidas en Somalia, que pensamos era, en buena medida, norteamericano. Hoy sabemos que ese fracaso es atribuible a Osama Ben Laden. Nosotros creímos que era el coronel local Aidid el triunfador.

Nos equivocamos. El otro de los socios, Hassan al Turabi, operó también en el terreno. La fea madeja terrorista es mucho más complicada de lo que creíamos. Luego del 11 de septiembre se tomó la decisión de desenredarla. Pero esta tarea llevará mucho tiempo. Y, finalmente, puede complicar a Irán o a Irak. Otro tema es el de saber acerca de las compras de armas de destrucción masiva que estos personajes trataron de hacer. Se conocen ya algunas cosas: que tenían instalaciones en Sudán, y que los técnicos eran -entonces- casi todos iraníes.

Entonces: ¿adónde fueron?, ¿qué hicieron?, ¿por qué estaban ahí? Esas preguntas van a investigarse a partir de ahora, sin pausa, porque lo que se quiere evitar es la reiteración de episodios de violencia terrorista, como consecuencia de gente que trabaja coordinadamente. Me temo que a medida que se avance y se pase de Osama Ben Laden a Hassan al Turabi, y de éste a Ayman Zawahiri o a otros, aparecerán eventuales cooperaciones de Estados con el terrorismo.

Hoy, Ben Laden es un eslabón de la cadena del horror. Lo que es probable es que haya mucho más en esa cadena y que cada capítulo de la lucha sea, en más, uno distinto. Sospecho que en Estados Unidos el desconfiar de Saddam Hussein es obvio. Pero, en cambio, moverse respecto de Irán es difícil. Al punto que tienen que mandar al canciller británico a hablar con Kamal Jarasi, canciller de Irán, que es un hombre moderado. Pero, se va Strow y vuelven a salir los clérigos, demostrando que el poder real lo tiene Jamenei y no Khatami. Irán es aliado contra Afganistán.

Pero si mañana, al tirar de la madeja, se descubre que algunos sectores de la élite iraní han cooperado activamente con el terrorismo, el tema se complicará. Lo que se sabe de los contactos de los miembros de esta organización terrorista con proveedores potenciales de armas de destrucción masiva es alarmante. Fueron a Rusia y trataron de comprar allí el virus del ébola y el de la salmonela, para operarlos en Sudan, con ingenieros iraníes. Después fueron a la República Checa, donde trataron de comprar el virus del botulismo y fracasaron. Luego, fueron a Corea del Norte e hicieron negociaciones para adquirir allí ántrax.

Todo esto sale a la luz por cruces de información. Por eso, sostengo que para combatir al terrorismo el poder compartir inteligencia es absolutamente clave, porque permite anticipar y ayuda a comprender las razones y posibilita la identificación y el castigo de los fanáticos responsables de un horror que no podemos olvidar.

 

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