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LA
INSEGURIDAD ABSOLUTA
A raíz de lo
sucedido el 11 de septiembre y de lo que esto significa en tanto
apertura de un nuevo escenario que implica un cambio abrupto en
las reglas de juego y las relaciones internacionales, ARCHIVOS DEL
PRESENTE consideró conveniente convocar a una reunión de reflexión
y debate a un grupo de prestigiosos especialistas, partícipes habituales
de nuestra publicación. Creímos oportuno que en esta ocasión la
Carta del Director fuera suplantada por una reflexión conjunta.
Las opiniones que se expresan en las próximas páginas surgen de
dicha reunión.
Aníbal
Jozami
Lo ocurrido
el 11 de septiembre y la repercusión y consecuencias que esto tendrá
en el futuro mundial nos imponen, a quienes actuamos intelectualmente
como observadores participantes, la obligación de tratar de que
nuestras opiniones, independientemente de las perspectivas individuales,
se tiñan del ánimo de paliar divisiones, reconocer diversidades
y fomentar el diálogo, y no del de aumentar los cismas culturales
y la incomprensión. Si a nuestra capacidad intelectual sumamos el
hecho de poder efectuar el análisis desde un lugar geográfico como
América del Sur, que se ha caracterizado por la posibilidad de convivencia
pacífica entre comunidades de distinto origen étnico, nacional y
religioso, que nuestras opiniones tengan ese matiz es claramente
una obligación. Los episodios del 11 de septiembre presentan, a
priori, tres elementos:
No han terminado, sino que la fecha
indicada es sólo un comienzo.
Marcan en forma definitiva que el supuesto fin de la historia,
que tantas veces criticamos, no era tal, sino que el conflicto es
un elemento inevitable de la existencia humana.
Hacen necesario reconocer, también, las diversidades del mundo actual,
no sólo como contradictoria negación de supuestas uniformidades
culturales, sino como algo que debe ser comprendido y respetado
a riesgo de profundizar aún más los inevitables conflictos. Estos
tres elementos nos llevan a dos conclusiones que son, a mi juicio,
las primeras que podemos extraer:
La existencia de contradicciones que
aparecen como totales y absolutas, con niveles de oposición teórica
y práctica muy superiores a las que conocimos durante la Guerra
y Posguerra Fría. Esto marca que, a partir de ahora, la inseguridad
también será absoluta.
La necesidad imperiosa de superar el
desprecio por la política que surgió de los economicismos reinantes
y la creencia de que en el mundo ya no había nada nuevo que pudiera
sobrevenir y de que sólo había que administrar. Por el contrario,
en el marco de contradicciones e inseguridades que aparecen como
absolutas, y ante la disyuntiva de profundizar la guerra o tratar
de limitarla a través del diálogo y la política, me inclino fervorosamente
por esta última posición.
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