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Septiembre 28. 2003

EL FMI Y EL BANCO MUNDIAL BUSCAN UN NUEVO ROL EN LA SOCIEDAD GLOBAL

¿Puede el Fondo Monetario Internacional volverse más suave y menos agresivo con los países emergentes, hasta dejar de reclamar políticas de libre mercado a quienes le piden préstamos? ¿La Organización Mundial del Comercio está realmente demasiado comprometida con la apertura de los mercados? ¿Está el Banco Mundial más comprometido con los que prestan el dinero en el mercado internacional antes que con los deudores? Ninguna de esas preguntas estuvieron en la agenda oficial de la reunión anual del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que se realizó en Dubai durante la semana pasada, pero todas estas dudas están rondando las discusiones acerca del orden económico global emergente.

El sábado 20 de septiembre, el FMI aprobó finalmente un nuevo acuerdo con la Argentina –algunos los definen como roll over , otros como un entendimiento de nuevo tipo - que significa una gran ayuda para la economía de ese país que está en colapso desde 2001. Los participantes de la reunión de Dubai se mostraron asombrados por el hecho de que el FMI haya llegado a esa decisión sin reclamar de la Argentina ninguna de las políticas habituales en la receta de ese organismo. Los tenedores privados de la extensa deuda argentina en default estaban escandalizados; para ellos significaba que el deudor podía romper todas las reglas sin que nadie se lo impidiera. Unos días antes, un grupo de naciones africanas pobres, con una pequeña participación en el comercio mundial, ayudaron a acelerar el colapso de las negociaciones sobre libre comercio global que se desarrollaban en Cancún, México, empujando a la OMC hacia su posición más desairada en mucho tiempo, por la falta de solución para sus problemas de atraso económico. Sorprendidos por ese espectáculo, los accionistas del Banco Mundial esta semana comenzaron a hablar acerca de la posibilidad de impulsar un cambio en las políticas de la institución en apoyo a esos países, aun cuando signifique algún tipo de condonación de las deudas que tienen con el Banco Mundial, ya sea como tomadores de créditos o como socios de la entidad.

Camboya tiene un Producto Bruto de solamente 3.500 millones de dólares y Nepal de 5.600 millones de dólares. La suma de las exportaciones de ambos países es solamente de 2.000 millones de dólares anuales. Este mes, estas dos naciones serán las últimas en asociarse a la OMC, donde van a gozar de los mismos derechos que tienen los otros miembros, tales como Estados Unidos que, como otros países, exportan hasta 350 veces más que aquellas dos naciones. Nepal y Camboya son también miembros del FMI y del Banco Mundial, pero en esos organismos no participan en igualdad de condiciones que los países más poderosos que forman parte de esos organismos multilaterales. Allí los países acreditan sus votos y su influencia de acuerdo al tamaño y la consistencia de sus sistemas económicos y de acuerdo al dinero con que contribuyen a sostener la tarea del FMI y del Banco Mundial.

Camboya, por ejemplo tiene solamente el 0.05% de los votos en el Directorio del FMI. Estados Unidos, el país que más dinero aporta al FMI y al Banco Mundial, tiene el 17% de los votos. De hecho, los representantes de esos países trabajaron para acercar posiciones con los países más importantes y para lograr que esos organismos consideren mucho más las opiniones de los países más pobres a la hora de tomar decisiones.

Sin embargo, este no parece ser el momento más auspicioso para llevar adelante esa propuesta. James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, opinó que la principal causa del fracaso de la cumbre de Cancún fue la presión de los países más pobres para tener mayor participación en la definición de las políticas globales. Otros piensan que los países pobres están adoptando posiciones demasiado extremas. La Organización Mundial de Comercio, de acuerdo a la presión de los países más pobres, debería transformarse en un sentido mucho más “radicalizado”, aun cuando la gran retórica de esas naciones esté ahogando la diplomacia más seria y más discreta. Un exasperado Robert Zoellick, el jefe de la oficina de comercio del gobierno de Estados Unidos, comparó las deliberación de la OMC en Cancún con las de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el sentido de la falta de capacidad para tomar decisiones consistentes. La comparación no fue bien recibida, junto con otras declaraciones acerca de las consecuencias que traería al comercio internacional el renacimiento de alineamientos internacionales de los años ochenta, tales como la contradicción Norte – Sur.

Las Naciones Unidas fueron fundadas cuando muchos de los pueblos más pobres estaban sometidos al dominio de los últimos imperios europeos. El elemento fundador de la Organización Mundial de Comercio, el Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas –GATT en su sigla en ingles- fue firmado en la misma época, cuando solamente las potencias occidentales estaban muy preocupados con las condiciones del comercio mundial luego de la Segunda Guerra. Cuando el proceso de descolonización se hizo efectivo, el número de los miembros de las Naciones Unidas creció dramáticamente, pero la influencia del organismo comenzó a declinar. Cuando la globalización se está consolidando el número de países que participan en el comercio global está aumentando. El peligro es que la OMC también comience a declinar por el gigantesco desbalance de poder que se expresa en esta organización. Así como en cuestiones de la “nueva guerra global”, Estados Unidos intenta generar “coaliciones específicas”, también en materia de comercio en las nuevas condiciones mundiales Estados Unidos están procurando la búsqueda de tratados bilaterales de libre comercio con los países que quieran aliarse con la única superpotencia global; más allá de los avatares de las negociaciones multilaterales.

Las declaraciones de Zoellick muestran que el gobierno de Estados Unidos no está conforme con el rumbo que está tomando la OMC. De hecho, también rechaza la posibilidad de que las reformas en el Banco Mundial y en el FMI terminen recortando su influencia en esos organismos. Desde el punto de vista de Washington, aceptar una mayor influencia de países como Nepal y Camboya en el Banco Mundial y en el FMI, significa una condena virtual a seguir alimentando con su dinero organismos que no van a poder sostenerse dentro de las reglas del mercado de capitales. Un banco, después de todo, no puede estar corriendo a sus deudores, pero el Banco Mundial, que además no es un banco demasiado grande a pesar de su nombre, no está en condiciones de supeditar sus operaciones a las consideraciones políticas de las naciones que no encuentran una manera razonable para ser parte del proceso de globalización de la economía.

Además, según sus directivas, tanto el Banco Mundial como el FMI han descubierto que no funciona el mecanismo de impulsar a los países pobres para adoptar políticas económicas de libre mercado. Ahora, el Banco Mundial que gusta definirse a sí mismo como un “banco del conocimiento” y que intenta asesorar a sus miembros acerco de cómo volver más inteligentes sus políticas, está comenzando a admitir que no está en condiciones de garantizar que los países pobres puedan poner en práctica reformas consistentes de libre mercado en sus respectivos mercados domésticos.
Ghana, un nación africana pobre, está reclamando al Banco Mundial y al FMI un alivio para su extenuante deuda externa. Ese alivio viene con condiciones, pero son impuestas más por el deudor que por los acreedores. De hecho, el gobierno de Ghana ha gastado los últimos años auspiciando seminarios, workshops y hasta gentilezas con funcionarios de los organismos multilaterales para conseguir un perdón para su deuda y para convencer a todo el mundo de que ese país va a ser buen uso de ese perdón.

“Propiedad privada” ha sido uno de los conceptos favoritos del Banco Mundial y del FMI en los años pasados. Ahora, esos organismos están evitándola discretamente. De acuerdo a Henri Ghesquiere, un representante del FMI, el Fondo y los países que lo conducen buscan nuevas formas de relación con las naciones más pobres intentando dejar de lado su estrategia de buscar instalar un solo modelo “recomendable” para propiciar el crecimiento económico.

La dificultad central es que esa discusión está signada por las necesidades de supervivencia de las propias organizaciones multilaterales porque han acumulado en los últimos años una serie de fracasos en los países emergentes que ha llevado a muchos economistas a hacer preguntas incómodas sobre su subsistencia.

Esa tal vez haya sido el arma más contundente que usó el presidente de la Argentina, Néstor Kirchner, para imponer un nuevo tipo de acuerdo con el FMI que ha postergado casi definitivamente las reformas de libre mercado en ese país colapsado desde fines de 2001.

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