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Abril 9. 2002

Hacia un mundo más viejo y más rico

La población del mundo no solamente se está volviendo más y más numerosa. También se está volviendo más vieja. Esto es un desafío desconcertante para los países más ricos. Para los países pobres la novedad no constituye todavía un desastre, pero puede serlo en cuanto se confirme como tendencia demográfica la idea de que más y más gente puede ser más pobre y alargar a la vez su vida.

Durante los últimos cincuenta años los economistas y los demógrafos se ha mostrado muy preocupados por el rápido crecimiento de la población mundial que, en 1999 superó los 6.000 millones de personas. Pero el nuevo siglo ha traído nuevas preocupaciones. Al pote de esas preocupaciones está la tendencia de las edades de esa población. El pasado 8 de abril comenzó en Madrid una conferencia global organizada por las Naciones Unidas para tratar cuestiones como las políticas sociales globales que requiere la atención de esos nuevos segmentos etarios.

La última conferencia global sobre los temas referidos a la edad de la población mundial se desarrolló en Viena -Austria- en 1982, pero allí las principales preocupaciones apuntaron a otros problemas. Era el tiempo de la explosión demográfica, y el eje de la atención mundial estaba orientada hacia la creación de recursos suficientes para asegurar el desarrollo humano generando recursos de medio ambiente y de desarrollo económico suficientes para atender esa demanda La discusión mundial desatada por esas iniciativas sorprendió a algunos de los países más desarrollados en un actitud reticente para ayudar a consolidar ese nuevo modelo de desarrollo, mientras que los países menos desarrollados no aceptaban las habituales sugerencias de los organismos multilaterales para intentar equilibrar la balanza reduciendo la tasa de natalidad en esos países pobres.

Sin embargo, desde 1982 al menos, nuevos países han experimentado lo que Joseph Chamie, director de la Unidad de Población de las Naciones Unidas, llama "una histórica marcha atrás". En esos país, por primera vez desde que se tiene registro, la población de los mayores de 65 años supera en número a los menores de 15 años. Esto es solamente el comienzo. En 30 años estarán en las mismas condiciones 50 países más, inclusive China, el país más poblado del mundo. La forma característica de la población humana, ha sido desde tiempo inmemorial igual a una pirámide, con muchos más niños en la base que ancianos en la cúspide. La novedad demográfica, con indudables connotaciones políticas, sociales y económicas, es que en muchos países esa pirámide se está invirtiendo dramáticamente, con cada vez mayor cantidad de gente mayor que niños y jóvenes.

Dos tendencias gemelas están liderando este cambio: está creciendo la expectativa de vida en las edades mayores, mientras que está cayendo la tasa de fertilidad, sobre todo en los países más desarrollados. De acuerdo a los informes de las Naciones Unidas, el crecimiento de la eficiencia en la atención médica está haciendo caer las tasas de mortalidad de los adultos mayores, sobre todo en los países ricos, pero el verdadero motor en la inversión de la pirámide es la declinación de las tasas de fertilidad en esos mismos países, según las opiniones del señor Chamie.

En los pasados veinte años las tasas globales y regionales de fertilidad han decrecido mucho más de lo esperado. Las mujeres de Japón y de los principales países de Occidente lideran esa tendencia global. Las tasas de fertilidad en casi todos los países ricos, se ubica bien por debajo de la tasa de 2.1 nacimiento por mujer, la tasa habitual de crecimiento poblacional promedio durante la segunda mitad del siglo XX. En Italia y España la tasa de fertilidad está cerca 1.2 nacimientos por mujer. Dicen los expertos que el mantenimiento de esa tendencia podría ocasionar una peligrosa implosión demográfica, mucho más compleja por sus consecuencias que la explosión demográfica anunciada en 1982.

Pero el problema de la baja fertilidad no está confinado solamente a los países desarrollados. En países tan diversos como Irán, Túnez y Brasil, la tasa de fertilidad también ha caído a menos de 2 niños por mujer adulta. En China la tasa de fertilidad es de 1,8. A pesar de los datos acumulados, los especialistas de Naciones Unidas aseguran que la tasa de fertilidad va a crecer en los países más desarrollados, alentados por ciertas costumbres sociales y cambios culturales que marcan un retorno a la valoración de la familia como institución vital de desarrollo personal.

Mientras tanto, en los países en desarrollo más importantes la evidencia demográfica muestra que en ciertos segmentos la mejora de la calidad de vida se está transformando en un incremento considerable de la edad promedio de la población. En India, por ejemplo, la edad promedio de la población está creciendo desde 24 años en el año 2000 a 40.1 en el 2050, de acuerdo a las previsiones demográficas más serias.


Una oportunidad antes que una amenaza

La principal preocupación, en términos de políticas públicas, que arrojan estas cifras es la evidencia de que los países más pobres se volverán antes más viejos, que más ricos. De hecho, los actuales términos de referencia del desarrollo global en combinación con las presentes tendencias demográficas, podrían terminar acentuando las presentes diferencias.

Durante los próximos cuarenta años el crecimiento de la edad de la población en el mundo desarrollado, traerá consecuencias bien diferentes a las que se registrarán por el mismo proceso en el mundo en vías de desarrollo. En Japón y Europa está creciendo el segmento central de la pirámide poblacional, lo cual representa uno de los principales desafíos para los sistemas de pensiones y para los sistemas de salud. Sin embargo, los países en vías de desarrollo están creciendo en edad desde la base de la pirámide lo cual podría estar creando tanto una oportunidad como un problema.

En poblaciones donde hay muchos niños y una porción relativamente menor en edad de trabajar -la clásica pirámide demográfica con una amplia base de niños de poca edad- las economías más tradicionales suelen mostrar un lento e insuficientes creciente económico ante el ritmo de crecimiento de la población. Sin embargo, las altas tasas de nacimientos hacen crecer también rápidamente la fuerza laboral en línea con el ritmo de crecimiento de la población.

Pero cuando la tasa de nacimientos cae rápidamente, un gran ejército de "baby boomers" se mueve hacia fuera del esquema de la tradicional pirámide demográfica para generar nuevas oportunidades colectivas. En esos casos la pirámide de las edades toma la forma de una clásica linterna de la China, la forma ideal para el desarrollo económico, porque maximiza el número de la fuerza laboral y reduce a la vez el número de aquellos que dependen de ese esfuerzo sin poder aportar nada.

En el mundo en desarrollo eso ocurrió en países asiáticos como Corea del Sur y en otros países del Este de Asia, después que la fertilidad se hundió en los años sesenta. Como resultado, la población en edad de trabajar en el Este de Asia, creció, entre 1965 y 1990, tres veces y media más rápido que la población económica dependiente. David Bloom and Jeffrey Williamson, economistas de la Universidad de Harvard han calculado que ese "regalo demográfico" ha significado más de un tercio del milagro económico que el Este de Asia protagonizó durante los ochenta y los noventa.

La otra fuente del crecimiento de la edad en la población -mayores expectativas de vida- es también una buena señal para el desempeño económico del futuro. Cuando la expectativa de vida es alta, la gente ahorra más para esperar su retiro de la vida activa. Ellos invierten también más en su educación y en la educación de sus hijos. Ellos son, también, trabajadores saludables, con menos incidentes que dificultan su actividad laboral en sus propios registros. Los altos niveles de expectativa de vida revelan también la existencia de una sociedad que está trabajando bien, donde las instituciones funcionan adecuadamente en el sentido de sostener de una manera consistente la existencia de una economía de mercado con niveles altos de calidad de vida.

Como cualquier regalo el bonus demográfico otorgado por las tendencias al crecimiento de la edad de la población puede ser explotado o malgastad. Los países del Este de Asia son un ejemplo: supieron capitalizar la nueva realidad poblacional, sosteniéndola con políticas públicas efectivas que aceleraron el proceso del crecimiento económico. En el otro extremo, los países de América Latina son una muestra de cómo puede desperdiciarse ese favorable potencial demográfico.

Las prioridades para los gobiernos que quieran seguir el camino correcto debieran ser tanto abrir sus economías y su comercio como generar las condiciones óptimas para que su fuerza laboral protagonice el esfuerzo de insertar a sus países en las complejas tramas globales de este tiempo. La reunión de Madrid pondrá énfasis en esas tareas, de modo de asegurar a los ciudadanos globales las condiciones de supervivencia más cercanas a la felicidad personal y social.

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