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Octubre 14. 2001

EL PELIGRO DE MILITARIZAR AMERICA LATINA

La convocatoria del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) realizada en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA) dos semanas después de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono ha generado en algunos países de la región la iniciativa de buscar nuevas formas de militarización de su vida pública, usando como escudo la movilización mundial contra el terrorismo que buscan liderar los Estados Unidos.

La semana pasada los líderes de las fuerzas armadas de Colombia lograron convencer al gobierno de Andrés Pastrana que presentara el tema en el ámbito de la relación especial que ese país tiene con Washington, con la excusa de generar un fondo especial de ayuda para controlar a las FARC, el ELN, y a los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) los tres grupos que están mencionados en la lista de organizaciones terroristas que todos los años da a conocer el Departamento de Estado como un alerta para los gobiernos democráticos de todo el mundo. Ahora los jefes militares de Colombia y el gobierno de ese país han llevado hasta el Congreso de los Estados Unidos la idea de crear un fondo especial dentro de Presupuesto de ese país "para prevenir y combatir el terrorismo en América Latina".

Se habla de 720 millones de dólares en un principio que deberían servir para crear controles fronterizos y de migraciones informatizados y unificados, y para entrenar a oficiales de las fuerzas armadas del continente en las tareas de inteligencia que este nuevo tipo de guerra requiere. La idea, de acuerdo a la información de los diarios colombianos habría sido conversada ya con otros jefes militares del continente y con algunos de los generales más influyentes del Comando Sur, la estructura militar que los Estados Unidos destinan para atender la situación estratégica en el Hemisferio.

Además los legisladores americanos que se han mostrado en el pasado más sensibles con la cuestión colombiana estarían de acuerdo en iniciar esa gestión. Los militares colombianos afirman que el plan podría incluir la creación de un "comando militar unificado" de las Américas con la participación de tropas de los países de la región y con la coordinación directa del Pentágono.

El objetivo principal de ese "comando militar unificado" sería precisamente la de crear y sostener una fuerza militar con la capacidad de atacar y derrotar a los grupos terroristas que operan o pueden operar en la región. Los gobiernos que participen de ese esfuerzo podrían recurrir a esos contingentes de acuerdo a sus propias previsiones políticas locales en el marco de un nuevo tratado regional militar "para enfrentar al terrorismo y a las nuevas amenazas".

Mañana, lunes 15 de octubre se reunirá en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington una reunión especial del Comité Interamericano de Lucha contra el Terrorismo (CICTE) donde los colombianos podrían presentar esa propuesta. En rigor el CICTE fue concebido como una red hemisférica integrada por elementos locales especializados en la lucha contra el terrorismo transnacional. Nunca se pensó en que fuera una herramienta con la capacidad de sumar a los militares en una lucha tan específica. Sin embargo la decisión de los cancilleres de América Latina de convocar al TIAR para enfrentar la crisis abrió un nuevo escenario político donde algunos de los jefes militares más influyentes de la región han comenzado a jugar sus cartas.

Por ahora, la idea de valorizar de una manera tan extrema el poder de influencia del factor militar en la vida cotidiana de los países de la región no es aceptada por la mayoría de los gobiernos que todavía tienen frescos los recuerdos de las etapas de hegemonía militar en el continente. No hay indicios tampoco de que el gobierno de los Estados Unidos esté particularmente interesado en este tipo de iniciativas por más que se registren en el Pentágono desde hace tiempo opiniones de expertos y de decisores a favor de que sean las fuerzas armadas las que se ocupen de enfrentar a las llamadas "nuevas amenazas".

La dificultad operativa más importante que presente la iniciativa colombiana es que la experiencia local de ese país difícilmente puede trasladarse al resto del continente. Es probable que las fuerzas legales de Colombia necesiten del apoyo continental para derrotar definitivamente a los insurgentes en ese país, pero es francamente inconveniente para el equilibrio político de las democracias de la región que el factor militar cobre un factor político decisivo con la excusa de luchar contra el terrorismo, sobre todo porque se trata de un tipo de amenaza tan específica que difícilmente los oficiales y las tropas de las fuerzas armadas de América Latina puedan enfrentarlos con éxito en su actual estado de aprestamiento, de instrucción y de organización.

Como sea, la posibilidad de que la crisis global desatada por los ataques terroristas del 11 de Septiembre derive en un crecimiento inesperado y abrupto del poder absoluto y relativo de las fuerzas armadas de América Latina, ya está planteada.

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