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Agosto
4. 2001

El ALCA puede esperar.
Los líderes
de la bancada republicana de la Cámara de Representantes
informaron durante la semana pasada al Presidente Bush que no podrá
contar con los votos suficientes para encarar la discusión
parlamentaria de la Autoridad para la Promoción Comercial,
la luz verde del Congreso para que la Casa Blanca inicie amplias
negociaciones de libre comercio.
La decisión de los congresistas de postergar hasta el otoño
la discusión sobre esa cuestión afecta directamente
los planes políticos del Presidente Bush que ha hecho de
la gestión del tratado de libre comercio de las Américas
una de sus principales banderas de su administración.
El Presidente Bush hizo saber a sus correligionarios del Congreso
que quiere conseguir una definición acerca de la autoridad
que requiere para negociar tratados de libre comercio antes de la
próxima conferencia de la Organización Mundial de
Comercio (OMC) que se reunirá en Qatar durante el próximo
noviembre para discutir la posibilidad de impulsar una nueva ronda
global de negociaciones para incentivar la liberalización
del comercio mundial.
También hizo saber que conseguir esa Autoridad para la Promoción
Comercial es una de las prioridades de su agenda política
para el próximo año fiscal --que en el hemisferio
boreal comienza en setiembre-- porque quiere cumplir con su palabra
de profundizar el libre comercio en las Américas, tanto para
culminar las negociaciones con Chile como para darle un impulso
decisivo al controvertido ALCA.
Avanzar en la colección de los votos necesarios para poner
en marcha la negociación parlamentaria de la Autoridad de
Promoción Comercial, hubiera significado un esfuerzo mayor
tanto para la Casa Blanca como para sus aliados del Congreso. Sobre
todo porque existen republicanos y demócratas en ambas cámaras
que no se consideran parte de la estrategia central de la Administración
Bush, y por eso mismo están esperando una negociación
política lo suficientemente transparente como para gestar
en común una nueva agenda de gobierno.
En rigor, la principal dificultad de la Casa Blanca reside precisamente
en el Partido Republicano donde son crecientes los sectores que
no se sienten incluidos en las prioridades de defensa de los intereses
de algunas de las grandes compañías americanas a través
de controvertidas iniciativas de política internacional,
como el repudio del Tratado de Kyoto.
Para colmo de males, los representantes y los senadores republicanos
tampoco parecen muy convencidos acerca de los beneficios que los
tratados de libre comercio pueden traer para los productores de
sus respectivas comarcas.
Solamente aquellos republicanos comprometidos con una cierta mirada
política global parecen decididos a comprometerse con la
Casa Blanca en esta instancia.
Por eso mismo, la relación con los demócratas puede
ser decisiva para lograr la autoridad de negociación que
quiere la Administración Bush, Así lo entiende claramente
Robert Zoellick la máxima autoridad comercial del gobierno
de los Estados Unidos quien ya ha comenzado a desarrollar su propia
agenda de contactos parlamentarios para apoyar la aprobación
del permiso amplio para negociar tratados de libre comercio.
Ayuda a Zoellick en esa tarea el congresista republicano William
Thomas quien se ha mostrado durante la Administración Clinton
como uno de los lúcidos y sistemáticos luchadores
por el libre comercio en la colina del Capitolio.
La estrategia de Zoellick y Thomas para lograr el apoyo de los demócratas
incluyó el apoyo para la aprobación del tratado de
libre comercio con Jordania que impulsó y firmó la
administración demócrata.
Ese tratado definió una serie de estándares sobre
medidas de defensa del medio ambiente y la defensa de los derechos
laborales que podrían ser también una medida para
los tratados que puedan negociarse en el futuro, sobre todo porque
los impugnadores de esos tratados han puesto énfasis en esas
dos cuestiones para tratar de impedir su aprobación.
Durante todo el pasado mes el tratado de libre comercio con Jordania
pareció entrar en entredicho porque algunos sectores de la
Administración Bush no se mostraban demasiado entusiasmados
en apoyar su puesta en marcha definitiva.
Fue decisiva la tarea de Zoellick para aventar todos los temores
en ese sentido y, de paso, lograr el compromiso de los demócratas
más comprometidos con el libre comercia para conseguir que
a partir de fines de setiembre comience a tratarse la autoridad
para negociar tratados de libre comercio que requiere la Casa Blanca.
En realidad, el debate acerca del libre comercio está generando
en Washington propuestas cada vez más complejas y delicadas
en términos de asegurar la apertura de los mercados para
todos los actores comerciales.
Por ejemplo durante la semana pasada, el Senado aprobó una
enmienda que, de hecho, restringe la posibilidad de los camiones
mexicanos para pasar las fronteras con el objetivo de llevar y traer
carga desde y hacia los Estados Unidos.
La Casa Blanca se apuró a acusar al Senado controlado por
los demócratas por las decisiones, pero nadie ignoró
que los representantes de la Cámara baja habían aprobado
otros proyectos restrictivos para el tráfico comercial por
carretera entre México y los Estados Unidos.
Como sea, cuando llegue el otoño al hemisferio boreal, comenzarán
a definirse las posiciones en torno a una negociación que
por su misma naturaleza está llamada a definir la naturaleza
de las relaciones hemisféricas.
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