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Abril
29.2001

Primera prueba para la política anti drogas del gobierno
de George W. Bush
El derribo de
un pequeño avión en plena selva peruana y la muerte
de los seis ciudadanos de los Estados Unidos que lo ocupaban ha
puesto en entredicho uno de los pilares de la política anti
drogas de ese país: el abatimiento de las naves pequeñas
y particulares que pueden ser sospechosos de transportar cocaína
o pasta base de cocaína hacia los depósitos de los
grandes traficantes colombianos.
La muerte de esos seis ciudadanos americanos --miembros de una misión
religiosa-- impactó fuertemente en la opinión pública
de los Estados Unidos, sobre todo por las protestas que iniciaron
diversos organismos religiosos y de socorro de la sociedad civil.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) fue la primera acusada
como "responsable necesario" de la muerte de esos seis
ciudadanos americanos, por sus programas de cooperación con
la fuerza aérea peruana para producir los derribos de las
aero naves sospechosas.
Esos programas de cooperación implican apoyo tecnológico
para el proceso de comando y control de las operaciones de derribo.
El proceso de comando y control implica tres fases necesarias: a)
la evidencia tecnológica-- lograda a través de registros
satelitales básicamente-- de que una nave de pequeño
porte está volando por la zona donde se sabe que existen
actividades específicas de cultivo de coca y de generación
de pasta base, b) la identificación de la nave sospechosa
como un posible blanco a eliminar, que se produce cuando el avión
no se identifica claramente y no justifica su paso por la zona crítica
y c) la puesta en marcha del operativo militar de intercepción
y eliminación del blanco específico.
La CIA buscó desligarse de la responsabilidad del incidente
señalando que su responsabilidad reside solamente en la facilitación
de la inteligencia de señales y la inteligencia de satélites,
y que la decisión de producir el derribo siempre corresponde
a las autoridades peruanas.
Sin embargo las explicaciones no fueron tan convicentes como para
atenuar y disolver la preocupación del Congreso de los Estados
Unidos. Representantes y senadores republicanos y demócratas
alientan una investigación parlamentaria específica
para decidir si los programas de intercepción de aero naves
sospechosas que se desarrollan en algunos de los países críticos
de la región andina están suficientemente justificados,
en términos de uso de los fondos del Tesoro de los Estados
Unidos, y suficientemente controlados para evitar que se repitan
tragedias como la que se llevó la vida de los misioneros
cristianos.
El debate desatado en Washington apunta necesariamente a reclamar
de la Casa Blanca decisiones más contundentes acerca de su
propia estrategia en la lucha contra el tráfico de drogas.
Sucede que el sucesor del General Barry Mac Caffrey como zar antidrogas
del gobierno de los Estados Unidos aún no ha sido designado
oficialmente, y ese es un dato que los expertos identifican como
la verdadera razón de la falta de conducción que se
verifica en un problema tan serio y delicado.
Por ahora solamente se sabe que el Presidente Bush quiere que ese
cargo lo ocupe, un abogado de su extrema confianza, mucho más
preocupado por las operaciones militares contra el narcotráfico
que por lograr que desciendan fuertemente los índices de
demandas de drogas en las grandes ciudades de los países
más desarrollados.
La visión de los sectores más conservadores de los
Estados Unidos -- el más fuerte apoyo social y político
a la Administración Bush-- oscila entre dos posiciones: por
un lado existen quienes consideran la cuestión del consumo
de drogas como un problema individual y por eso piden la libertad
plena de consumo y la despenalización del negocio, y en el
otro extremo existen quienes propician la asunción definitiva
de la guerra contra la droga como la primera "guerra santa
del nuevo siglo americano".
Ese dato parece a primera vista contradictorio con la idea de moderar
y corregir los errores del sistema de derribos de aviones que en
el pasado año ha sido asumido por el gobierno de los Estados
Unidos como uno de los elementos decisivos en los éxitos
que se lograron en la última década en la siempre
compleja lucha anti drogas en América Latina.
El Presidente Bush ha dicho en la Cumbre de las Américas
de Quebec que está de acuerdo en propiciar una "responsabilidad
compartida" entre los países productores de droga y
los países consumidores "para enfrentar con éxito
el flagelo hemisférico del narcotráfico".
Sin embargo, no faltan en Washington los encumbrados funcionarios
de la Casa Blanca que aseguran que esas palabras deben ser interpretadas
como "un gesto de acercamiento" del Presidente Bush hacia
los líderes latinos del continente, pero de ninguna manera
la base de la política anti narcóticos del nuevo gobierno.
El hecho es que la tragedia del avión de los misioneros americanos
llevará a la Administración Bush a enfrentar, más
temprano que tarde, las definiciones de la estrategia anti drogas
que, en las pasadas décadas, ha sido uno de los puntos centrales
en la agenda hemisférica.
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