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Abril 19.2001

Ariel Sharon prueba su poder.

El gobierno israelí que lidera Ariel Sharon ha experimentado en la semana el amargo sabor que en la política internacional suele dejar la evidencia de que las cosas no son como uno suponía.

Con un día de diferencia, la Asamblea General de las Naciones Unidas condenó a Israel por su política de guerra de baja intensidad en Medio Oriente --sobre todo con respecto a sus expediciones punitivas contra los territorios palestinos-- y luego el gobierno de los Estados Unidos llamó públicamente a Israel la atención por sus ataques contra los palestinos, a la vez que instó al gobierno de Tel Aviv a ponerle fin a su política de represalias sangrientas.
Más allá de las opiniones del máximo organismo multilateral global, al cual Israel suele dar relativa importancia de acuerdo a sus propias tácticas regionales, la decisión del gobierno de George W. Bush marca un cambio de tendencia notable en la tradicional política de involucramiento de Washington en las guerras de Medio Oriente.

Por primera vez el gobierno de los Estados Unidos expresó públicamente su censura contra las decisiones de Israel, pero sobre todo cuestionó el eje de la propuesta política que llevó a Sharon al poder, esto es la política de represalias militares contundentes contra los palestinos, aún cuando esas incursiones impliquen herir de muerte el proceso de paz de la región.

Después de varias décadas en las cuales la Casa Blanca basó su política para Medio Oriente tanto en el aliento de las tratativas de paz como en el apoyo a Israel en el momento de las decisiones políticas o militares, esta vez el gobierno del país más poderoso de la Tierra se decidió por condenar la beligerencia israelí ante la evidencia de que existen dos posibilidades igualmente conflictivas y delicadas: a) que Israel, bajo el liderazgo de Sharon, no resista la tentación de recuperar territorio que había cedido luego de los acuerdos de Oslo y b) que una escalada indetenible de la situación acerque a los grupos terroristas de la región, como Hamas o Hizbullah al control del poder de la Autoridad Nacional Palestina, con el consecuente aumento de la amenaza del terrorismo global, que suele usar como blanco predilecto a los intereses de los Estados Unidos alrededor del mundo.

La novedad que trajo la advertencia de la nueva Administración Bush fue tanto la retórica de la reconvención --un reto al que Israel no está habituado-- como la poca injerencia de los grupos de presión pro israelíes que son tan poderosos en los Estados Unidos como en ningún otro país de la Tierra.

Para los habituales voceros del Departamento de Estado las incursiones militares israelíes en territorios controlados por los sirios, más los ataques sistemáticos a la población civil y a los cuarteles de la policía de la Autoridad Nacional Palestina, son síntomas de una situación que amenaza con ponerse fuera de control.

La decisión del gobierno de George W. Bush es evitar dentro de lo posible el involucramiento de los Estados Unidos en las gestiones de paz en Medio Oriente, tal como hizo su antecesor Bill Clinton.

Para Condoleezza Rice, la principal asesora de seguridad internacional de la Casa Blanca, ese tipo de participación en procesos de paz tan complejos le quita a los Estados Unidos "energía y autoridad política" que debería utilizar en aquellos escenarios donde "realmente comienzan a dirimirse los verdaderos conflictos de competencia estratégica" que son las prioridades de la agenda estratégica de la nueva Administración Bush.

Por eso es que para las autoridades de Washington "la principal responsabilidad sobre la paz en esa zona del planeta corresponde al Estado de Israel porque se trata del vecino más importante y poderoso". El propio Departamento de Estado, a principios de abril, calificó al plan del gobierno de Ariel Sharon para reconstruir en territorio palestino algunos de los asentamientos israelíes que habían sido retirados con motivo de las negociaciones de paz de hace dos años, como una "provocación peligrosa e innecesaria".

Para colmo de males, el Pentágono ha informado la semana pasada que hay misiles israelíes montados en los aviones chinos que suelen hostigar a los aviones militares americanos que se aventuran a husmear en el Mar de la China y en los territorios aledaños.

Todo indica que los tiempos están cambiando dramáticamente en Medio Oriente y que los líderes de Israel no parecen dispuestos a admitirlo más o menos rápidamente


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