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Marzo 29.2001

En Mexico hay vida después del PRI

 

La histórica sesión del Congreso mexicano en la que se escucharon los alegatos a favor de la igualdad de derechos de las diversas etnias que integran esa Nación fue a la vez la demostración palpable que ha nacido un nuevo sistema político con la capacidad de reemplazar el sistema hegemónico liderados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y la evidencia de que verdadera lucha por el poder del país se centra en que sector u organización político es capaz de teñir con su impronta esta nueva etapa histórica.
En rigor, el proceso desatado por la Larga Marcha de los "zapatistas" hasta el mero corazón del Distrito Federal fue nada más que la vigorosa puesta en escena del nuevo tipo de lucha por el poder que transita al México del Siglo 21.

Por un lado se hizo notar la estrategia del gobierno de Vicente Fox, manejada por su canciller Luis Castañeda, orientada a demostrar que el gobierno neo conservador del Partido de Acción Nacional (PAN) estaba en condiciones de absorber el conflicto de Chiapas dándole un lugar en el tinglado político que claramente no sería central. Sobre todo porque la acción del gobierno de Fox parece mucho más orientada a conseguir el reconocimiento de "aliado integral" de parte de los Estados Unidos -sobre todo en cuestiones económicas y sociales-que a permitir que los problemas indígenas se ubiquen en el primer lugar de su agenda doméstica e internacional.

Enfrentando ese intento se alzó la inteligente estrategia política y mediática del Sub Comandante Marcos quien consiguió a través de la marcha de los zapatistas hacia la capital del país que el problema indígena y la relación con el EZLN se transformara en una cuestión principal del debate político mexicano durante más de un mes. El acto de masas en la Plaza de El Zócalo, los diversos actos políticos realizados en el Distrito Federal, las condiciones de vida cotidiana de los visitantes zapatistas, y sobre todo la confrontación dialéctica con un gobierno muy preocupado en quitarle trascendencia a la movida del ZLN, fueron elementos centrales del análisis y la contienda política durante las últimas cuatro semanas.

En el corazón de ese debate estaban presentes los diversos y opuestos órdenes de prioridades que sostienen los líderes del proceso post-PRI. Para Marcos y los comandantes zapatistas la urgencia del gobierno por sumar a crecientes sectores de la sociedad mexicana a las redes de la globalización, es claramente una peligrosa manipulación de los "reales problemas nacionales", que ellos identifican con la pobreza extrema, la inseguridad pública, y la marginación de los mexicanos descendientes de los habitantes originarios del país.

Por ahora el Presidente Fox y su equipo no han logrado el objetivo de desdramatizar la crisis desatada y conducida por el EZLN. Luego de resistirse durante semanas a que los comandantes indígenas hablaron en el Congreso, el gobierno debió aceptar los discursos junto con los medidos y estudiados gestos de una puesta en escena que incluyó hasta la ausencia de Marcos, para que quede más claro aún que esta es una cuestión entre los líderes indígenas y los representantes de la "sociedad blanca" del centro y norte del México más integrado a los Estados Unidos .

El hecho es que Marcos y los suyos apuestan ya expandir sus propios puntos de vista acerca del México de hoy y del México que viene a través de una insospechada red de alianzas políticas y sociales que en su conjunto se identifican con la idea de "resistir desde la diversidad" al proceso de globalización.

Después de la presentación ante el Congreso mexicano, los comandantes zapatistas anunciaron su regreso a las selvas de Chiapas. Se van del Distrito Federal con una victoria estratégica y sólida: han logrado romper el aislamiento físico y político y transformarse en el antagonista más claro y legítimo del gobierno de Vicente Fox. A su modo, ya saben que han comenzado a ocupar el centro de la política mexicana con sus demandas y sus reproches al liderazgo tradicional que ha manejado hasta ahora el país.

Los pasamontañas se han transformado en un objeto de culto y en una contraseña inevitable a la hora de tomar posiciones en el México. Las nuevas huellas marcan nuevos rumbos.

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