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Abril
2.2001

China y las prioridades estratégicas de los Estados Unidos
bajo el Gobierno Bush
El incidente
internacional desatado por la intercepción de un avión
espía de los Estados Unidos por parte de una flotilla de
aviones caza de la República Popular China muestra hasta
que punto la Administración Bush está decidida a aumentar
la presencia militar de los Estados Unidos en los escenarios estratégicos
donde la hegemonía global de Washington pueda estar en entredicho
por el accionar de los llamados "nuevos antagonistas globales".
Inclusive existen grandes dudas acerca del supuesto choque de aviones
que podría haber obligado al aterrizaje forzoso del avión
espía de los Estados Unidos, porque aparentemente no se registraron
daños en la máquina, inclusive después de tomada
la decisión de tomar tierra en la base aérea china
donde permanece el avión espía.
No es un secreto para nadie en Washington que son el Vicepresidente
Dick Cheney y el Secretario de Defensa Rumsfeld quienes se ocupan
expresamente de esas cuestiones.
Dicen los críticos demócratas --y tal vez los detractores
del gobierno-- que se trata de los más importantes representantes
de un grupo económico muy poderoso cuya principal actividad
es precisamente proveer al complejo militar de la defensa de aquellos
mecanismos necesarios para ganar ventaja en el nuevo tipo de guerra
donde el uso de la información en tiempo real es el principal
insumo estratégico.
Está claro que el negocio de proveer tecnología a
las fuerzas armadas es floreciente solamente cuando aparece un enemigo
claramente identificado, y con la capacidad real ó potencial
de discutir en el campo de los hechos la hegemonía global
estratégica de los Estados Unidos.
Por eso es que en Washington es ya un dato conocido que las operaciones
de inteligencia electrónica y de patrullaje de China, Rusia,
Corea del Norte, India y Pakistán se han incrementado dramáticamente
desde enero pasado al mismo tiempo que se ha instalado en los Estados
Unidos la discusión acerca de la participación de
ciertos aliados estratégicos del país en los proyectos
misilísticos que se están poniendo en marcha con la
anuencia expresa de la Casa Blanca.
El incidente de China servirá también para poner a
prueba la capacidad y la modalidad de la respuesta de Beijing ante
situaciones de presión internacional. Los expertos independientes
creen que lo que realmente sucedió es que los cazas chinos
interceptaron al avión espía y que lo obligaron a
aterrizar con el objetivo de hacer notable a la opinión pública
internacional el nuevo nivel de presión que el Pentágono
ha decidido imponer a la República Popular China, como parte
de su nueva estrategia global.
Es probable que el interrogatorio de los pilotos sea parte de la
estrategia china para demostrar la nueva situación estratégica
del Mar de la China, pero de todos modos parece claro que si la
intención es mejorar los presupuestos militares para proveer
nuevas y mejores tecnologías al Pentágono el incidente
es ideal para mostrar que existen nuevas prioridades que se deben
atender si es que los Estados Unidos quieren mantener su posición
de privilegio en el balance de poder mundial.
Durante los dos gobiernos de Bill Clinton la estrategia de la Casa
Blanca con respecto a China consistía precisamente en buscar
la integración de ese país gigantesco a los mecanismos
del capitalismo global, facilitando ese tránsito aún
a costa de ignorar los ataques a los derechos humanos que se registran
bajo el régimen comunista.
El gobierno de George W. Bush parece decidido a probar la estrategia
de la desconfianza y del hostigamiento militar para intentar ponerle
límites desde ahora a la nación llamada a transformarse
en la "super potencia antagonista" de Washington durante
la presente década.
Falta saber cuáles serán las respuestas de Beijing,
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