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Abril 2.2001

La victoria zapatista

 

Cuando en la tarde del domingo 1 de abril llegaron a San Cristóbal de las Casas los comandantes zapatistas y sus trescientos legionarios el entusiasmo popular que los recibió tal vez no haya tenido en cuenta la magnitud de la victoria política que Marcos y los suyos habían conseguido en su marcha hacia el Distrito Federal.

Inevitablemente la estrategia del EZLN logró su objetivo: el México que está naciendo luego de la debacle del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tendrá mucho más la impronta de la insurgencia zapatista que la marca de los intentos modernizadores del gobierno de Vicente Fox.

En ese formidable ajedrez político que caracterizó los Idus del marzo mexicano, el triunfador ha sido quien buscó consolidar como alternativa política nacional la voz y el voto de los indígenas irredentos, esos representantes del México marginado que fue a la vez víctima y esclavo del sistema de poder hegemónico priista.

Ese es el veredicto de las encuestas nacionales y es además el clima de época que se vive en el centro del poder mexicano donde los principales actores asumen que el gobierno de Vicente Fox fracasó absolutamente en el intento de mostrarse ante la opinión pública local y nacional con el poder suficiente como para absorber la protesta zapatista como un mero reclamo étnico diferenciado.

En cambio, en los quince días que pasaron en el Distrito Federal los comandantes zapatistas lograron instalar claramente la certeza de que estaban expresando la voz de muchísimos mexicanos humildes e insurgentes decididos a hacerse escuchar a la hora de comenzar a construir una sociedad distinta a la que consolidó el poder hegemónico del PRI durante setenta años.

El contenido de las concentraciones populares --algunas de ellas las más importantes en la historia de la capital mexicana desde los tiempos de Lázaro Cárdenas-- fue claramente un mensaje hacia el conjunto de los dirigentes políticos del país en el sentido de expresar un punto de vista muy preciso acerca del proceso de integración regional y global que vive México: "no queremos ser parte de una globalización que ignore los derechos y las esperanzas de los mexicanos más humildes y más desprotegidos" dijo el Sub comandante Marcos en uno de los mensajes públicos durante su presencia en la capital mexicana.

Frente a los zapatistas pudo apreciarse con nitidez un gobierno perdido, sin rumbo político y totalmente ajeno a la posibilidad de escribir la agenda del debate nacional.

Después de algunas dilaciones y titubeos, aceptó que los comandantes zapatistas hablaran en el Congreso nacional a cambio de la promesa de un volver a empezar en las negociaciones por la paz.

Para colmo de males, el Presidente Fox intentó por todos los medios aparecer como el mejor amigo de los insurgentes, sin tener en cuenta que solamente recibía de ellos el desdén y la desconfianza propios de quien decide quien será su contendiente en la pelea por el poder.
La elección de los zapatistas no fue desacertada. Finalmente los comandantes del EZLN hablaron en el Palacio de San Lázaro --el Congreso mexicano--por la voz de una mujer aborigen quien expresó sin eufemismos que el objetivo de su movimiento era más instalar la conciencia indígena en el centro de la lucha por el poder mexicano que dejar un testimonio melancólico y nostálgico acerca de un país que ya no es.

La doble condición de mujer y aborigen fue un mensaje contundente y revolucionario instalado en el centro de las conciencias de los mexicanos que perciben que han comenzado los nuevos tiempos, pero que todavía no saben muy bien de que se trata.

En el camino quedó claro para todos los mexicanos que los zapatistas y sus aliados de toda la Nación no aspiran a ser parte del país progresista e integrado con los vecinos de América del Norte que Fox busca apurar, si no que pretenden discutir y dar forma a otro esquema de poder donde ellos sean protagonistas más que curiosos mensajeros del pasado que buscan no desaparecer.

Es que la verdadera discusión por el poder en México es acerca de quienes diseñan el país capaz de heredar al poder del PRI que, más allá de sus excesos y sus errores, supo conducir al país hacia la modernidad y mucho más allá.

Ahora comenzará un proceso de negociaciones de paz en Chiapas y una nueva instancia de la eterna discusión acerca de la pertinencia de la presencia de las tropas federales en los enclaves indígenas. Serán conversaciones importantes pero no decisivas. Todos en México saben que el poder se dirime en otra arena, allí mismo donde los zapatistas han sabido ganar una ventaja considerable no bien comenzó la contienda
.

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