| |
Diciembre
2.2000

El caso Pinochet es una de las claves en la nueva relación entre
Chile y los Estados Unidos
 |
Madelaine Albraight
y el presidente chileno Ricardo Lagos se entrevistaron el viernes
1 de diciembre en Ciudad de México, aprovechando la presencia
de ambos en la asunción de Vicente Fox.
Al cabo de la reunión, el gobierno de los Estados Unidos
ratificó una vez más su compromiso en la búsqueda
de la verdad con respecto a los casos emblemáticos de la
represión ilegal ocurridos durante la dictadura del General
Augusto Pinochet.
El compromiso de la Casa Blanca y del Departamento de Estado en
esa ardua tarea fue ratificado también por los dos candidatos
presidenciales de los Estados Unidos.-
Esa cooperación se va a concretar en las próximas
semanas a través de un exhaustivo proceso de desclasificación
de los documentos de la CIA y del FBI acerca de los años
del golpe que derrocó a Salvador Allende y de las operaciones
represivas ilegales acerca de las cuales las autoridades de los
Estados Unidos tuvieron algún tipo de información.
La decisión de los Estados Unidos, por más que resulte
inexplicable para algunos estudiosos de la historia reciente de
América Latina, responde a una lógica política
implacable que conocen de sobra los principales dirigentes políticos
chilenos.
El poder permanente de Washington está interesado en conseguir
que el sistema democrático de Chile pueda disciplinar a las
fuerzas armadas de Chile poniéndolas definitivamente bajo
el poder del Estado. Se trata de sacarlas del rol de corporación
con derecho al tutelaje del interés nacional chileno que
ostenta desde la transición democrática que el propio
Pinochet condicionó de una manera dramática y decisiva
en su proceso de abandono del poder.
De acuerdo a evaluaciones coincidentes expresadas en diversas reuniones
académicas regionales ocurridas durante los últimos
años, el Pentágono, el Departamento de Estado y las
agencias de seguridad e inteligencia del gobierno de los Estados
Unidos coinciden en definir la actual situación de "independencia
política" de las fuerzas armadas chilenas como uno de
los principales peligros que enfrenta la política latinoamericana
de su país, porque se trata de un poder sólido y contundente
atado a la lógica de los años de plomo.
Por eso mismo, la detención de Pinochet ordenada esta vez
por un juez chileno, también cuenta con el OK de Washington,
donde se percibe claramente que las fuerzas armadas chilenas manejadas
con los criterios del anciano dictador son un claro obstáculo
para la política de alianzas que Estados Unidos quiere establecer
en el Cono Sur.
Dicen en Chile, que la secretaria de Estado Albraight le expresó
claramente esa posición a Lagos en la reunión que
mantuvieron en Ciudad de México y de paso le recordó
que es el mismo punto de vista que le expresó el Presidente
Bill Clinton en los días de la crisis desatada por la detención
del General Pinochet en Londres.
En el juicio contra los asesinos del General Prats que se lleva
a cabo en Buenos Aires, el gobierno de los Estados Unidos entregó
información decisiva para el avance de la causa. Otro tanto
está ocurriendo en el juicio por la muerte del general Letellier
un atentado terrorista que se concretó en el corazón
de Washington.
Los indicios son abrumadores acerca de la decisión política
que ha tomado el gobierno de los Estados Unidos en el sentido de
incrementar el poder de la democracia chilena aún a costa
de revelar datos históricos donde la política exterior
que lideraron Richard Nixon y Henry Kissinger aparecerá seguramente
seriamente comprometida con crímenes horrendos y con ejecuciones
realizadas fuera de todo marco legal.
La alianza naciente entre Chile y los Estados Unidos no solamente
se verifica en el terreno económico y comercial. Está
a la vista que los compromisos políticos con un modelo de
democracia con alto respeto a los derechos humanos y a los roles
que la ley marca en la organización estatal también
son parte vital de esa convergencia.
Ver archivo de Claves
|