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Noviembre 23.2000

Perú sin Fujimori

El principal capital político que Alberto Fujimori supo acreditar luego de las polémicas elecciones presidenciales peruanas fue su determinación para presentarse ante la Casa Blanca como el garante de una "transición razonable" hacia un gobierno democrático más acorde con las pautas juzgadas como normales en Occidente.

El ex presidente del Perú intentó avanzar en ese camino buscando responsabilizar a su ex mano derecha Vladimiro Montesinos de la venta de armas a las FARC colombianas, y de algunas memorables operaciones de narcotráfico.

Fracasó porque Montesinos se decidió a usar todo su poder militar para ponermo en ridículo, pero también fracasó porque los líderes de las fuerzas políticas opositoras se decidieron a avanzar en la destitución presidencial buscando transformarse a sí mismas en la garantía de la transición pacífica y eficiente que reclama Washington.

En ese marco Fujimori no tuvo más remedio que renunciar desde Japón, cuando no tuvo dudas de que su destino político estaba echado.

La pregunta del millón ha pasado a ser si el nuevo gobierno es capaz de conducir la marcha hacia las nuevas elecciones, y esas mismas elecciones en un marco de paz social y de razonables condiciones de transparencia como para que realmente el nuevo gobierno goce de una legitimidad social sólida.

El hecho es que las instituciones democráticas y políticas del Perú son lo suficientemente débiles para que en la opinión pública de ese país no sea extraño escuchar opiniones serias y respetables a favor de una intervención militar en el poder.

Probablemente eso no sucede, pero el peligro más serio que enfrenta Perú es comenzar a deslizarse por una pendiente de inestabilidad que lo acerque a la delicada situación ecuatoriana.

Es que la debilidad política del Perú se corresponde con una seria debilidad de las instituciones económicas y como consecuencia de ello las posibilidades de crecimiento económico sostenido se tornan cada día más intangibles.

El desafío que tiene por delante el nuevo gobierno consiste precisamente en lograr una fortaleza política e institucional tal que le permita al Perú transformarse en una atractiva posibilidad de inversiones productivas, en medio de un contexto económico y financiero regional cada vez más complejo y peligroso.

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