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Noviembre 19. 2000

Bill Clinton quiere ser inolvidable

El Presidente de los Estados Unidos quiere terminar su trabajo al mando de la Casa Blanca dejando dos testimonios para quienes le criticaron durante los pasados ocho años su supuesta falta de aptitud para ejercer el liderazgo global.

Esas dos apuestas al futuro son: el comienzo de una nueva relación con Vietnam, y el comienzo de un nuevo proceso de paz en Medio Oriente, entre Palestina e Israel.

Desde la antigua Saigón, la misma ciudad que fue escenario en 1975 de una de los pocas retiradas poco honrosas de las fuerzas militares de los Estados Unidos en toda su historia como Nación, Clinton buscó echar las bases para un proyecto muy ambicioso: convertir al antiguo enemigo bélico en el principal aliado comercial y económico de los Estados Unidos en el corazón del Asia Pacífico, uno de los escenarios estratégicos donde seguramente habrá de dirimirse la lucha por el poder global durante la primera mitad del Siglo 21.

El objetivo político viene adornado por una irresistible propuesta económica. Las principales compañías de los Estados Unidos especializadas en productos con capacidad de participar en los mercados comerciales globales --desde las informáticas, hasta las automotrices, pasando por las de indumentaria-- están dispuestas a realizar inversiones productivas directas en Vietnam durante los próximos años, a condición que las autoridades le aseguren ciertas ventajas comparativas que los sindicatos obreros de los Estados Unidos no dudan en calificar como "dumping social".

La perspectiva es tan atractiva para las compañías americanas como para la Casa Blanca. Para los dueños del dinero y los creadores de negocios se trata de tener una base propia y estable en el mismo escenario donde se supone que el consumo global habrá de producir una de sus explosiones históricas más relevantes durante los próximos años.

Para los líderes de la primera potencia de la Tierra se trata de consolidar una alianza nueva y distinta a la tradicional -- Japón-- en un área donde la hegemonía china es un dato histórico tan relevante como la reticencia vietnamita a aceptar todo tipo de tutelaje.

La apuesta de máxima de Bill Clinton consiste precisamente en que lo recuerden como el único "pato rengo" --la imagen que identifica a los presidentes de los Estados Unidos al fin de su mandato-- con la capacidad suficiente como para abrir un camino y consolidar un espacio que el poder americano necesitará absolutamente en el futuro próximo, si es que quiere mantener su posición de principal superpotencia en el juego por el poder global.

Algo parecido busca el Presidente de los Estados Unidos buscando forzar el paso en el acercamiento entre Israel y Palestina.

No se trata de asegurar la paz tanto como de echar las bases para que los supuestos éxitos futuros deban referirse necesariamente al recuerdo de la "era Clinton" como el principio de los logros que puedan alcanzarse.

En ese camino es el primer ministro Barak y su peligrosa política de forzar a Arafat a una virtual rendición, el principal obstáculo que enfrenta el inquilino de la Casa Blanca, una semanas antes de su mudanza al Estado de Nueva York.

Los funcionarios del Departamento de Estado con incumbencia en los asuntos de Medio Oriente están trabajando en estos días como nunca antes lo habían supuesto, sobre todo porque el objetivo de su tarea no es preparar la transición entre un gobierno y otro sino más bien apurar los detalles de los próximos encuentros entre el Presidente Clinton , Yasser Arafat y el primer ministro Barak.

La apuesta de máxima de la Casa Blanca consiste precisamente en consolidar un alto el fuego en las zonas conflictivas y arrancar a la vez un nuevo compromiso con la paz por parte de los líderes de las partes en conflicto.

Clinton sabe que el almanaque le juega en contra, en el sentido de cada día que pasa lo aleja un poco más del poder simbólico de su cargo actual, pero de todos modos confía en poder llegar a un acuerdo satisfactorio durante la mágica temporada que va desde el Dia de Acción de Gracias hasta la Navidad cristiana.

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