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Septiembre, 30. 2002

ESTADOS UNIDOS AMENAZA CON EL GOLPE PREVENTIVO

La Orden Ejecutiva que el presidente Bush presentó a su país y al mundo bajo el nombre de "La Estrategia Nacional de los Estados Unidos" el pasado 20 de septiembre es también el punto de inicio de un desafío estratégico mayúsculo para el mundo de la Posguerra Fría que todavía no encuentra la manera de consolidar prácticas de paz después de décadas sostenidas por conceptos tales como la disuasión y la contención, que sirvieron al menos para evitar que el mundo sufriera nuevamente el holocausto de una guerra mundial. El discurso voluntarista elegido por el jefe de la Casa Blanca para presentar sus nuevas prioridades estratégica declara que Estados Unidos debe mantener su ventaja y su superioridad militar actual sin ningún tipo de desafíos a la vista, y que esa ventaja debe ser usada contra otros Estados u organizaciones globales aun de una manera preventiva y sin hacer caso a ninguna de las previsiones para conflictos armados que definen la existencia misma de la Organización de las Naciones Unidas. El eje de ese nuevo enfoque estratégico es impedir que enemigos potenciales o reales de Estados Unidos consoliden un poder letal decisivo en términos de armas de exterminio masivo, y la gran justificación de esas acciones preventivas será el terrorismo internacional y la capacidad potencial de esas nuevas amenazas para atacar la vida o los intereses de los ciudadanos de Estados Unidos en cualquier lugar de la tierra. Definitivamente, el documento de la Casa Blanca deja de lado todos los conceptos de las relaciones entre Estados que fundaron la modernidad desde la Paz de Westfalia en adelante. Por ejemplo, y de acuerdo a esta nueva directiva de seguridad nacional, Estados Unidos no tendrá en cuenta los conceptos de país agresor o país agredido para decidir el uso de la fuerza. Sencillamente van a recurrir a su inmenso poder militar para atacar de un modo preventivo allí donde el presidente de Estados Unidos lo crea necesario, sin tener en cuenta ningún otro tipo de consideración acerca de las consecuencias posteriores de sus actos. Las consecuencias sobre la escena internacional que puede traer el uso de esta nueva doctrina estratégica son tan imprevisibles como aterradoras. De hecho, la propuesta de este Bush, termina de enterrar la doctrina elaborada por su padre en torno a la idea de un Nuevo Orden Internacional. Si existe la posibilidad de que el país más poderosos de la tierra use la fuerza de una manera decisiva y preventiva cuando lo crea necesaria, pierde sentido la pretensión de crear un sistema transnancional de normas y disposiciones que pueda regir las relaciones entre los Estados nacionales entre sí y con los nuevos factores de poder transnacional. Dicho de un modo cruel y contundente: el uso unilateral de la fuerza termina con la posibilidad de crear un orden transnacional capaz de contener las diferencias y los intereses del resto de los actores globales. El enfoque que oficializó la Casa Blanca no es otra cosa que la cristalización de la doctrina del "unilateralismo estratégico", la idea central que llevó a Condoleezza Rice al lugar más importante del Consejo de Seguridad Nacional. De hecho, la Casa Blanca hizo trascender que el propio presidente Bush terminó dando forma definitiva al documento para aligerar ciertas "frases demasiado arrogantes" que la señora Rice había insertado en el texto original. Desde ahora, conceptos tales como la disuasión y la contención de los potenciales enemigos estratégicos han perdido validez para el gobierno de Estados Unidos, de acuerdo a lo que puede leerse en la página 31 del documento donde se afirma también que es vital para la seguridad de ese país "identificar y destruir las amenazas terroristas donde quiera que estén y antes que perforen nuestras fronteras", usando la fuerza sin apoyos internacionales -políticos o militares- donde y cuando fuera necesario y de un modo preventivo. En todo el documento es posible percibir claramente la idea mesiánica de la política que caracteriza a esta administración. Otra vez el mundo se divide entre buenos y malos hasta el punto que el presidente afirma que la misión de Estados Unidos consiste en construir un "Nuevo mundo", no solamente más seguro sino mayor que el presente. Más adelante la prosa de George W. Bush reconoce que su país posee una "fortaleza política y militar en todo el mundo como nunca antes" y subraya que esa superioridad es "inigualada" y que debe mantenerse a cualquier costo porque tiene por misión "sostener la fe en Dios y los principios de Libertad y los valores de una sociedad libre y creyente". Dice el presidente Bush que esa posición de superioridad pone a Estados Unidos ante "responsabilidades, obligaciones y oportunidades" que ese país no conoció antes en su historia". "La gran fortaleza política, económica y militar de nuestra nación debe ser usada para favorecer un balance de poder internacional que favorezca a las naciones que respetan la Libertad", dice el documento firmado por el presidente de los Estados Unidos. Según que el jefe de la Casa Blanca está naciendo "un nuevo internacionalismo de Estados Unidos que refleja la unidad entre nuestros valores y nuestros intereses nacionales". En rigor, cuestiones tan importantes como la defensa de la democracia, los derechos humanos y los valores de la libertad -que han formado parte del discurso internacionalista de Estados Unidos desde los tiempos del presidente Wilson-aparecen ahora absolutamente mediatizados por la idea del uso preventivo de la fuerza contra las nuevas amenazas -reales o potenciales- que pudieran atacar los intereses de Estados Unidos en cualquier sentido y en cualquier circunstancia. Las tres prioridades estratégicas del gobierno de Estados Unidos son: a) liderar al mundo en la lucha contra el terrorismo y contra los regímenes políticos que procuran y almacenan armas de destrucción masiva, b) preservar la paz alentando buenas relaciones entre los países más poderosos del planeta -aunque sin permitir que esos países alteren la actual diferencia en términos de superioridad estratégica militar-, y c) extender los beneficios de la libertad y la prosperidad del capitalismo a través de la expansión de los valores de la sociedad de Estados Unidos y de la definición clara de un sistema de premios y castigos para aquellos países que aplican las normas del buen gobierno. El ultimo presidente de Estados Unidos que se tomó el trabajo de redactar un documento con sus puntos de vista acerca de la Estrategia de Seguridad Nacional fue Bill Clinton. A pesar de que su gobierno se destacó por su capacidad para generar alianzas internacionales que pudieron sostener cada una de las intervenciones militares que ordenó, su punto de vista fue claramente tradicional en el sentido de señalar la importancia de que la superioridad militar y económica de su país debía servir para disuadir a los potenciales enemigos tanto como para generar en la mayoría de los países de la tierra la idea de que era una buena opción política ser un aliado de Estados Unidos, porque significaba beneficios claros y directos para cada uno de esos países. Bush ha adoptado en su nueva directiva de Segruidad Nacional un punto de vista muy distinto, porque por primera vez en mucho tiempo percibe al mundo como un conjunto de problemas peligrosos y hostiles que Estados Unidos debe enfrentar con el uso de la fuerza militar como principal herramienta. El documento dice que el final de la Guerra Fría y las nuevas relaciones que Washington ha encarado con Rusia y China, ofrecen la oportunidad de volver a pensar la estrategia de seguridad nacional desde un punto de vista "más comprensivo y acorde con el desafío impuesto por las nuevas amenazas". En otro párrafo importante, el reporte agrega que los ataques del 11 de septiembre de 2001 terminaron de demostrar que el foco de atención debía cambiar de un modo realista para enfrentar y derrotar a quienes realmente podían dañar seriamente a Estados Unidos. Un poco más adelante el presidente de Estados Unidos afirma: "nos ha tomado casi una década comprender la verdadera naturaleza de estas nuevas amenazas. Solamente consiguiendo el objetivo de atacar a los terroristas y a los Estados delincuentes que los protegen pueden confiar en consolidar una postura reactiva que los ponga a cubierto de esos delincuentes". Los "Estados delincuentes" son definidos como aquellos que embrutecen a su propio pueblo, ostentando su falta de respeto a las leyes internacionales, y están determinados a adquirir o a participar en la construcción de armas de destrucción masiva para uso ofensivo, o como amenazas para lograr medios agresivos para usar en el ámbito internacional, para apoyar las acciones de los grupos terroristas de cualquier modo, para rechazar los valores humanos básicos o para promover el odio a Estados Unidos". Como puede verse, la definición de "Estados delincuentes" es tan abarcativa que incita a una conclusión dramática: la posibilidad de que el "eje del mal", mencionado tantas veces por el presidente Bush comience a tener nuevos socios con el correr de los próximos años y de acuerdo a las decisiones de la Casa Blanca. El documento menciona por ahora solamente dos ejemplos: Irak y Corea del Norte. Por ahora, los voceros de la Casa Blanca que explicaron los alcances de esta nueva categoría de "enemigos estratégicos" de Estados Unidos se ocuparon de aclarar que Irán no es parte de los "Estados delincuentes" por sus últimos esfuerzos por evitar que Corea del Norte se transforme en una nueva potencia nuclear regional. En su campaña militar y global para "destruir las organizaciones terroristas" y algunos de sus aliados, Estados Unidos usará "en una acción directa y continua, todos los elementos de su poder nacional e internacional" y defenderán los intereses de Estados Unidos y de sus ciudadanos "en el plano doméstico y en el resto del mundo identificando y destruyendo las amenazas antes que alcance nuestras propias fronteras", dice el documento aprobado por la Casa Blanca. Y en uno de sus párrafos más contundentes agrega: "Mientras Estados Unidos constantemente intentará conseguir el apoyo de la comunidad internacional, nosotros no dudaremos en actuar solos, si fuera necesario, para ejercer nuestro derecho a la propia defensa, actuando preventivamente contra los grupos terroristas, que por sus actividades o planes puedan ser una amenaza contra nuestro pueblo y nuestra Nación". El documento de la Casa Blanca avanza también en una cuestión critica para el balance de poder en Estados Unidos: la reforma de las agencias del gobierno federal con competencia en la seguridad nacional y en la defensa, cuya actuación antes de los atentados del 11 de septiembre ha sido seriamente cuestionada. Al respecto puede leerse que "todas las instituciones del gobierno dedicada a la seguridad nacional deben ser transformadas para afrontar la amenaza del terrorismo, comenzando por la Inteligencia, que debe ser la primera línea de defensa". Sin embargo, el documento deja claramente de lado la idea de que la guerra contra el terrorismo es, ante todo, una guerra de inteligencia, y se inclina por propiciar una supremacía militar abrumadora como el mejor camino para triunfar en la guerra contra esa nueva amenaza Al respecto la directiva presidencial afirma: "Estados Unidos debe mantener y mantendrá la capacidad de derrotar cualquier intento de ataque de un enemigo -tanto un Estado como un actor no estatal- para imponer de algún modo voluntad a Estados Unidos y algunos de sus amigos o sus aliados". El concepto de que Estados Unidos está decidido a usar su propia fuerza militar sin tener en cuenta ninguna otra consideración política afecta directamente el concepto de aliado estratégico que Estados Unidos utilizó durante toda la Guerra Fría y aún después. De hecho, si la única superpotencia está decidida a usar la fuerza sin buscar escenarios políticos que le sean favorables, no tiene sentido ya pensar la lucha por el poder mundial en términos de alianzas y de acuerdos entre potencias afines. La propia carta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), perdería sentido de aplicarse plenamente la nueva doctrina estratégica de Estados Unidos, porque su razón de ser política es precisamente la existencia de Estados aliados que, por diversas razones, deciden en conjunto la modalidad y las circunstancias del uso de la fuerza. Es notable, como el documento de la Casa Blanca confía ciegamente en la capacidad transformadora de las reformas capitalistas de libre mercado. Por ejemplo, se menciona en el documento que ahora Estados Unidos estaría en condiciones de reformular sus prioridades estratégicas, porque esas reformas "alejaron a Rusia y a China de la tentación" de plantear una lucha frontal por la hegemonía global a Estados Unidos. De hecho, el documento de la Casa Blanca desarrolla un análisis detallado de la posición estratégica de Estados Unidos en cada uno de los actuales escenarios de la lucha por el poder global y en todos llega a la conclusión de que el resto de los países juegan sus cartas en juegos de valor relativo regional, pero que ninguno de ellos parece con el poder suficiente como para desafiar el poder de Estados Unidos. Ni siquiera aquellas potencias con poder nuclear propio parecen alterar las preocupaciones de la Casa Blanca, mientras no se muestren aliados con Al Qaeda o con los miembros del "eje del mal". Más allá de las respuestas que darán los próximos meses a esas prevenciones parece claro que la nueva doctrina estratégica de la Casa Blanca está destinada a ponerse a prueba en el conflicto con Irak, habida cuenta de que no parece existir consenso en las Naciones Unidas para aprobar una intervención militar multilateral para derrocar a Saddam Hussein. Por ahora, ni China ni Rusia aprueban la idea de la intervención unilateral en Irak porque perciben que en el mundo musulmán se alteraría de un modo dramático las relaciones de poder político y social en un universo cuya volatilidad afecta directamente -por diversas razones- a ambas naciones.

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