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Julio,
17. 2002

LA POLÉMICA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD INTERIOR DE LOS ESTADOS
UNIDOS
La debilidad
más grande del Plan de Seguridad Interior que el presidente Bush
presentó al Congreso -de acuerdo a la opinión casi unánime de los
legisladores, los especialistas en seguridad y los funcionarios
que conocieron la iniciativa a comienzos de esta semana- es la carencia
de referencias específicas acerca de quién pagará el enorme costo
que implicaría su puesta en marcha. Muchos de los consultados por
los medios de comunicación de Estados Unidos reconocen que el presidente
Bush y el secretario de Seguridad Interior Tom Ridge han sido los
primeros en animarse a liderar la tarea de escribir el primer plan
integral contra las llamadas nuevas amenazas es capaz de enumerar
por primera vez las más serias vulnerabilidades de un sistema de
defensa que hasta hace poco se definía a sí mismo como "la maquinaria
de guerra más perfecta de la historia de la Humanidad". Sin embargo,
una serie de preguntas decisivas acerca de cómo hará la Nación para
mejorar dramáticamente su sistema de inteligencia y seguridad, al
mismo tiempo que el gobierno federal enfrenta un déficit tan creciente
como inesperado y la mayoría de las grandes ciudades enfrentan la
bancarrota en algunos casos y en otras las crisis de presupuesto
más acuciantes. El Plan de la Casa Blanca se desarrolla a lo largo
de ochenta y ocho páginas donde se detallan esas vulnerabilidades
y se definen con claridad "los graves problemas de inteligencia"
que permitieron los atentados del 11 de septiembre. También el Plan
se preocupa por identificar las nuevas tecnologías necesarias para
identificar y contener potenciales ataques con armas nucleares,
químicas y biológica, también propone reforzar la seguridad de los
puertos y aeropuertos, de las plantas de generación de energía y
de otros blancos potenciales, aumentando la inversión en personal
-con su correspondiente entrenamiento- y a través del uso de nuevas
tecnologías de identificación de personas y de potenciales ataques.
El Plan propone también la creación de redes alternativas seguras
para que los sistemas informáticos de las agencias del gobierno
puedan estar ligados y operando más allá de cualquier contingencia;
también propone la investigación, el desarrollo y la fabricación
de vacunas que puedan servir para mitigar las consecuencias de cualquier
ataque biológico, además de muchas otras previsiones que incluyen
un reentrenamiento especial para los oficiales encargados de prevenir
y combatir al terrorismo en todas sus modalidades. El eje de esa
estrategia es la ceración del Departamento de Seguridad Interior
como una nueva rama del gobierno federal. Esa decisión política
ha desatado una homérica discusión entre los oficiales superiores
de la administración Bush porque, de acuerdo al Plan conocido esta
semana, por lo menos veintidós de las agencias existentes -entre
ellos la CIA, el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional- deberían
aceptar de alguna manera compartir con el nuevo departamento algunas
de las capacidades y las misiones que hasta ahora venían desarrollando.
Como se entenderá la discusión no es menor porque involucra cuestiones
de presupuesto y de administración que nadie sabe aún en Washington
como podrían coordinarse en las presentes condiciones. Fuentes de
esas agencias, que de alguna manera deberían comenzar a cambiar
sus estructuras para responder a los planes que se están conociendo,
ya hicieron saber a los periodistas de los medios más importantes
que existen serios problemas de recursos, porque ninguna de las
agencias tradicionales parece dispuesta a ceder parte de su presupuesto
para esta nueva experiencia. "Está muy bien como un programa detallado
de acciones a realizar, pero está muy lejos de ser un plan sostenido
por inversiones específicas" dijo a The Washington Post Ashton B.
Carter, un profesor de la Universidad de Harvard que trabaja en
la Escuela de Gobierno Kennedy y estudia los problemas de la seguridad
interior de Estados Unidos. En ese reportaje Carter dijo claramente
que "éste puede ser el plan que estamos necesitando, pero todavía
nadie sabe cómo se pueden conseguir los fondos para llevarlo a la
práctica". Cuando el lunes pasado el presidente Bush recibió en
la Casa Blanca a líderes del Congreso para presentar el Plan, dijo
que la estrategia definida es el resultado de nueve meses de planificación
y estudio. Agregó que el plan "marca clara líneas de responsabilidad
y de autoridad, tanto para los oficiales del gobierno federal, como
para los gobernadores estaduales, para los alcaldes y autoridades
locales, para los líderes de las comunidades de negocios y para
los ciudadanos norteamericanos en general". Pero en ese mismo discurso
el presidente Bush reconoció que todavía existe una serie de decisiones
duras que deberán ser resueltas tomas en los próximos meses. De
acuerdo a los datos aportados por los más altos funcionarios de
la Casa Blanca, el sector público y el sector privado de Estados
Unidos, están gastando casi cien mil millones de dólares por año
para atender a sus propias demandas de seguridad doméstica. La administración
Bush está negociando treinta y ocho mil millones de dólares del
presupuesto fiscal del próximo año para dedicarlos a incrementar
los niveles de seguridad doméstica y a poner en práctica el Plan.
De acuerdo a lo dicho por los propios funcionarios de la Casa Blanca,
mucho de ese dinero debería ser canalizado a través de las administraciones
de los diversos Estados y de las ciudades más importantes. Sin embargo,
la estrategia aprobada no prevé cómo deberá crecer el nivel del
gasto previsto de un modo continuado, o hasta dónde es necesario
incrementar la inversión hasta conseguir los objetivos centrales
previstos en el Plan. Objetivos que pueden resumirse en tres ejes:
prevenir potenciales ataques, reducir las vulnerabilidades de la
Nación y minimizar los daños que puedan ocasionar los potenciales
ataques que no puedan ser prevenidos. Karen Anderson, presidenta
de la Liga Nacional de Ciudades y alcalde de Minnetonka, una pequeña
ciudad del Estado de Minnesotta, dijo que mucho de los esfuerzos
anti terroristas previstos "podrían comenzar a paralizarse o bien
no comenzar muy rápido porque la mayoría de las comunidades no tienen
el dinero suficiente para comenzar con la tarea". En un reportaje
televisivo el secretario de Seguridad Interior Tom Ridge dijo que
la estrategia lanzada formalmente por el presidente Bush en la reunión
de la Casa Blanca, requiere de una clara hoja de ruta acerca de
los objetivos a lograr. Dijo que esa hoja de ruta deberá contener
las prioridades de presupuesto, pero se negó a identificarlas indicando
que por ahora se trata de un tema que está en discusión. Ridge afirmó
también que los mayores costos que aún no se conocen serán los que
impliquen la defensa de las redes de infraestructura privada que
hoy sostienen la economía productiva de Estados Unidos. Nadie sabe,
por ejemplo, cuánto deberá salir del presupuesto del gobierno y
cuánto aportarán las compañías más importantes para proteger sus
redes informáticas, la comida o el agua de algunos enclaves estratégicos.
El hecho es que el sector privado controla el noventa por ciento
de esos objetivos estratégicos y por eso mismo muestran un interés
particular en participar en el diseño y en la ejecución de esas
particulares estrategias defensivas. La propuesta Secretaria de
Seguridad Interior, se propone contar con 170.000 empleados que
podrían ocuparse largamente de controlar y supervisar las fronteras,
la seguridad de los transportes, la preparación y el entrenamiento
para las emergencias, y las defensas de todo tipo contra las armas
de destrucción masiva. La administración Bush ha sido duramente
criticada por haber propuesto la estructura burocrática de la secretaría
antes de desarrollar la esperada estrategia de seguridad doméstica.
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