Home
Editorial
Claves de
la semana
Publicaciones
Análisis
Puntos de vista
Cronología
Trabajos de
investigación
Encuestas

 

 

 
 

Abril, 14. 2002

LA SAGA DE CHAVEZ, UN ESPEJO INEVITABLE

La muerte y la resurrección política de Hugo Chávez Frías en la convulsionada Venezuela es, a la vez, una metáfora vigorosa y un espejo inevitable para la América Latina de comienzos del siglo XXI. La crisis y su desarrollo de final imprevisible revela el vigor de los nuevos actores políticos y de los nuevos paradigmas que parecen ser los factores relevantes de los nuevos tiempos de la región.

Algunas de las enseñanzas más importantes que deja la crisis venezolana pueden resumirse en los siguientes datos:
· Por primera vez en décadas, la coalición política, social y económica que expresaba el discurso de la libertad de mercado y de la apertura económica perdió la partida, a pesar de haber contado durante muchas horas con el apoyo explícito del gobierno de los Estados Unidos.
· Los militares volvieron a ser protagonistas decisivos de la crisis. Esta vez una fracción de las fuerzas armadas asumió sin complejos -y hasta con el apoyo explícito del Departamento de Estado- el camino del golpe de Estado, a pesar de que la comunidad de países del continente aparecía dispuesta a aplicarle a Venezuela las penalidades y las restricciones pensadas para los países que vulneran la democracia. La otra fracción mayoritaria -la "chavista"- asumió abiertamente el rol político de defender la legitimidad del presidente, a pesar de que los representantes del poder tradicional de Venezuela le estaba pidiendo abiertamente el derrocamiento del orden constitucional. En la resolución de la crisis, los militares de las dos facciones en pugna, resolvieron sus diferencias usando un viejo recurso corporativo: no llegar a la lucha sangrienta en pos de mantener la unidad de las fuerzas armadas.
· El apoyo popular organizado al presidente Chávez fue más poderoso que la estrategia de los medios de comunicación más importantes del país, que durante toda la crisis apostaron a la caída del gobierno de la llamada "revolución bolivariana". Por primera vez en mucho tiempo, la batalla por la opinión pública la perdieron los medios masivos de comunicación y ahora aparecen como uno de los perdedores más evidentes de la crisis.

La crisis venezolana muestra también de manera patética los límites y las carencias de la estrategia que la Casa Blanca despliega con respecto a América Latina. Nadie en Caracas ignoraba el viernes 11 de abril que los Estados Unidos estaban apoyando la decisión de forzar una renuncia del presidente Chávez. Los medios de comunicación de Venezuela insistían en todos los tonos acerca de los apoyos internacionales para la movilización que pedía el fin de la "revolución bolivariana" -un eufemismo para referirse al gobierno de George W. Bush- casi con la misma insistencia que ponían en convocar a la población para que participara de la pueblada que buscaba ponerle fin al régimen liderado por Hugo Chávez.

Tanto fue así que apenas asumió el presidente Pedro Carmona Estanga, el vocero del Departamento de Estado, se negó a calificar al nuevo gobierno como un "gobierno de facto" para afirmar que quien había vulnerado el orden democrático era el depuesto presidente Chávez.

Fuentes diplomáticas acreditadas en Caracas, dejaron saber a sus capitales, aun en el momento más denso de la crisis, que el embajador de los Estados Unidos y algunos de sus más importantes funcionarios se habrían reunido con jefes militares, con el fallido presidente Carmona y con el alcalde de Caracas, Osvaldo Peña, para alentar la puesta en marcha del nuevo gobierno. Inclusive, en los círculos más poderosos de la capital venezolana, se mencionó durante todo el viernes del efímero gobierno de Carmona, que la nueva conducción de la poderosa empresa petrolera estatal estaba decidida a enviar una delegación a Texas y Washington para acordar una política de producción ajena a las decisiones de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), tradicionalmente manejada por los países musulmanes.

Tal vez esas gestiones y esos contactos sirvieron para que el precio del petróleo bajara ostensiblemente en el mercado global y para que el FMI anunciara que estaba dispuesto a apoyar con préstamos de dinero fresco al nuevo gobierno venezolano. Tanto despliegue político y económico no tuvo en cuenta el desarrollo de dos factores decisivos del poder venezolano: las fuerzas armadas y la movilización de los círculos bolivarianos, el corazón de la organización política de los partidarios del presidente Chávez.

Llama la atención la falta de información precisa del gobierno de los Estados Unidos con respecto a la evolución de la crisis en el corazón de los manos de las fuerzas armadas. Es evidente que tanto los líderes políticos y económicos que llegaron al poder con Pedro Carmona Estanga, como los funcionarios más encumbrados del gobierno de los Estados Unidos en Caracas, desestimaron la posibilidad de que Chávez mantuviera la lealtad de los mandos militares. En cambio, se concentraron en tomar drásticas decisiones -inclusive la disolución del Congreso y la cesación de todos los altos cargos del Poder Judicial- para terminar con el régimen de la "revolución bolivariana" seguros de que una vez más regiría en la crisis la lógica tradicional de los golpes de Estado de América Latina.

También llama la atención la falta de información de los sectores que tomaron el poder acerca de la previsible respuesta de las organizaciones de masas creadas por el gobierno de Chávez luego de haber ganado las elecciones por casi el ochenta por ciento de los votos. Pareciera que la coalición que había llegado al poder confiaba mucho más en su capacidad para imponer el nuevo orden sobre la base de la represión más dura y por eso mismo desestimaba la posibilidad de una respuesta contundente del "chavismo". Errores tan groseros se pagan al precio más alto: la derrota.

La novedad más importante es que esta vez no alcanzaron los factores de poder tradicionales para lograr que el nuevo gobierno se consolidara. Los jefes de las guarniciones militares más poderosas habían sido instalados en sus puestos por Chávez y por el alto mando militar más comprometido con la "revolución bolivariana". Ellos fueron los primeros en ponerse en contacto para comenzar a revertir la situación, pronunciándose a favor de la restauración del orden constitucional, y ellos fueron también las voces que instaron a los "círculos bolivarianos" a movilizar a sus partidarios para resolver la crisis.

En ese escenario se hizo mucho más notable la derrota de los Estados Unidos y de su estrategia de mostrar a la región que los gobiernos nacionalistas y con actitudes de rebeldía contra Washington no pueden esperar terminar tranquilamente sus mandatos.

El resultado de la restauración "chavista" es la constatación de que en esta América Latina de comienzos del siglo XXI es posible el nacimiento de una estrategia de poder más o menos independiente del poder de los Estados Unidos. Chávez lo sabe. Ya habló acerca de esta nueva situación con algunos de los presidentes del Grupo de Río que decidieron en su reunión de Costa Rica impulsar en la Organización de los Estados Americanos (OEA) el aislamiento de Venezuela para el caso que el presidente Chávez siguiera prisionero al comienzo de la nueva semana. A todos sus colegas, Chávez les habló de la necesidad de asumir que la resolución de la crisis venezolana inicia "una nueva etapa de la defensa de la democracia en América Latina" porque esta vez "el pueblo ha demostrado que puede derrotar a los factores de poder que nos impusieron durante más de diez años el modelo neoliberal".

Ver archivo de Análisis

 

Diseñado por
BarNews
Research Group
 

 

Copyright 1999 Fundación Foros del Sur - Todos los derechos reservados