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Abril,
14. 2002

Buscando la paz en medio de los escombros
En medio de
la feroz ofensiva israelí en todas las ciudades palestinas, y la
incesante respuesta terrorista de los jóvenes suicidas de los grupos
integristas palestinos radicalizados, el secretario de Estado Colin
Powell ha iniciado una paciente gestión de paz que por ahora no
logra resultado, pero, en cambio, va generando una creciente red
de compromisos a favor de la paz.
Los palestinos
muertos en Jenin, Nablus, Bethlehem, Ramallah y Dura ya son contadas
por centenares. La cuenta de los muertos israelíes es la más abultada
desde las guerras de los sesenta y los setenta. Son, por ejemplo,
veintitrés los soldados muertos en la batalla de más de una semana
que tuvo por escenario el campo de refugiados de Jenin incluyendo
los trece muertos en una sola emboscada incluyendo la explosión
de varias casas sembrada de bombas-trampas, y ataques con bombarderos
suicidas y francotiradores.
Todo eso sin
contar los ataques directos en las ciudades de Israel: el 12 de
abril un ataque suicida con bombas en un mercado de Jerusalén que
terminó con la vida de al menos seis personas; antes, el miércoles
9 de abril en el primer ataque en nueve días, un suicida de Hamas
hizo estallar en un ómnibus una bomba que mató ocho ciudadanos de
Israel en Haifa.
El mensaje de
los Estados Unidos ha sido muy claro para los árabes: actúen rápidamente
para evitar los actos terroristas con bombas detonadas por atacantes
suicidas. El mensaje para Israel también es claro: retirada inmediata
de las ciudades palestinas ocupadas. Por ahora las partes no parecen
estar dispuestas a escuchar y poner en práctica esas demandas, pero
todos los actores de la guerra de Palestina, saben que más tarde
o más temprano deberán sentarse a la mesa de paz que propone Washington.
El secretario
de Estado Colin Powell intentó poner en juego todo el peso del poder
que representa en sus reuniones con el primer ministro de Israel
Ariel Sharon, y con el líder de los palestinos Yasser Arafat, que
se realizaron en medio de los ataques y las muertes de cada día.
Antes del arribo de Powell a la región, Sharon dijo que había advertido
a los líderes de Washington que Israel no retiraría sus tropas de
las ciudades palestinas ocupadas "hasta que todos los terroristas
no se hayan rendido y entregado". Después de su primera ronda de
reuniones, el secretario Powell afirmó que no existen aún plazos
para que se produzca ese retiro de tropas y aseguró que ese tema
podrá tratarse cuando comiencen las conversaciones de paz.
La opinión internacional
se ha mostrado casi unánimemente en contra de las posiciones y la
estrategia de Ariel Sharon. El 10 de abril , funcionarios de las
Naciones Unidas, de la Unión Europea y de Rusia, coincidieron con
los Estados Unidos en reclamar a Israel un inmediato cese de las
operaciones militares y una inmediata retirada de los ciudades ocupadas.
Ese pronunciamiento fue el resultado de una reunión que se realizó
en Madrid con la presencia de Powell en marcha hacia Israel y hacia
la zona de conflicto, y un poco después de una resolución específica
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que se pronunció
en ese mismo sentido. Colin Powell, quien ha visitado Egipto y Marruecos
como primera aproximación a su relación con el mundo árabe, está
buscando consenso entre los líderes musulmanes para encontrar una
solución para el delicado problema de la situación de Jerusalén,
una de las claves de la resolución de la presente crisis.
Nadie duda de
que el principal objetivo de los Estados Unidos sigue siendo encontrar
aliados para su guerra contra el terrorismo, de modo tal de no transformar
ese conflicto en una cacería de brujas contra los musulmanes. A
pesar de la dura presión de Estados Unidos, el primer ministro Sharon
sigue desafiando sus reclamos de retirada de las tropas que combaten
a los palestinos diciendo que él y su país esperan que el Casa Blanca
entiendan que están librando una dura "guerra para la supervivencia".
Como una muestra de su buena voluntad, el gobierno de Tel Aviv anunció
el 9 de abril que estaba moviendo sus soldados apenas afuera de
Tulkarm y Qalqilya, dos pequeñas ciudades palestinas en la zona
más conflictiva. Pero, la presión de la resistencia Palestina, llevó
a Sharon a ordenar la conquista de Dura, cerca de Hebrón, una pequeña
ciudad donde se suponía que había refugios de terroristas.
Del mismo modo,
el 11 de abril, cuando el gobierno de Israel anunció que se estaba
retirando de 24 ciudades, también lanzó nuevos ataques y nuevas
ocupaciones. El primer ministro Sharon ha insistido en que las operaciones
continuarán hasta que "la misión haya sido cumplida de una manera
absoluta". ¿Cuál es la misión? El primer ministro Sharon la ha definido
como la "extirpación" de los terroristas palestinos y la destrucción
de la infraestructura que los sostienen. Los palestinos dicen que
la verdadera misión es el fin de la presencia de los palestinos
en los terrenos que les reconoció la comunidad internacional en
1998, y la destrucción de la Autoridad Nacional Palestina, la entidad
que busca crear el Estado palestino.
El 8 de abril,
el ejército israelí tomó las ciudades de Casbah y Nablus. Después
de varios días de feroces combates, después de días en que los soldados
y los milicianos lucharon casa por casa y en algunos casos mano
a mano a través de laberintos medievales característicos de las
ciudades árabes más tradicionales, y donde tienen su casa y refugio
casi 30.000 palestinos. Las
mezquitas fueron atacadas con cohetes, y en muchas casas, los habitantes
fueron desalojados con el uso de lanzallamas. Cincuenta palestinos
más murieron en el curso de esos ataques. Algunos de ellos probablemente
eran combatientes, pero otros eran simplemente civiles no beligerantes.
El problema es que nadie puede decirlo aún con certeza. Los cuerpos
de las víctimas están todavía bajo los escombros, en las calles
y en las mezquitas, y sus parientes no han podido enterrarlos. Un
médico de la ciudad describió cómo los cuerpos abandonados por muchos
días han comenzado a ser alimento de los perros. Las ambulancias
no pudieron llegar por cinco días a esa ciudad por la lucha constante
y las restricciones bélicas más previsibles.
Nablus también
fue escenario de una matanza similar. El 2 de abril, el ejército
de Israel invadió Jenin en la Franja Occidental de Gaza, una ciudad
con 40.000 habitantes. El 5 de abril, comenzó el intento de penetrar
en el campo de refugiados de Jenin, el hogar de 13.000 palestinos
y uno de los bastiones del nacionalismo de ese pueblo, desde donde
han salido en el pasado muchos de los suicidas que hacen estallar
bombas en las ciudades de Israel. Las topadoras destruyeron las
casas, los helicópteros dispararon docenas de misiles dentro de
las casas, incendiando las viviendas y destruyendo departamentos,
algunas veces con gente adentro. Los soldados israelíes crearon
un duro cerco militar alrededor del campo, evitando que los médicos
y los periodistas pudieran entrar en la zona.
El 11 de abril,
cuando los periodistas extranjeros pidieron que le permitieran entrar
en Jenin, las autoridades de Israel negaron esos permisos, a pesar
de las denuncias de matanzas de civiles indefensos. Israel ha reconocido
que cerca de cien palestinos han muerto. Fuentes palestinas de Jenin
dicen que han muerto allí por lo menos 150 personas o tal vez más.
En la Franja Occidental como un todo, los palestinos dicen que por
lo menos 500 personas del pueblo palestino han muerto desde que
comenzó la ofensiva israelí. Tanto como en Jenin como en Nablus
los palestinos han luchado y han sufrido, en otras ciudades reconquistadas
desde las cenizas dejadas por la guerra en curso.
En Ramallah
y Bethlehem, los palestinos debieron volver a tomar el control en
medio de un panorama signado por la falta de alimentos y de medicinas
y la destrucción total de las casas y la infraestructura. Antes
del comienzo de su misión, el secretario de Estado Powell no mostró
demasiado seguridad en el éxito de su misión. "No estoy para nada
seguro de que pueda conseguir rápidamente un cese del fuego, pero
vamos a intentarlo", dijo el jefe de la diplomacia de Washington
en una entrevista televisiva . Saeb Erekat, uno de los principales
negociadores de Palestina, explicó: "porque la Autoridad Palestina
ha cesado de existir por la presión militar de Israel".
Pero el líder
de los palestinos, Yasser Arafat, sigue existiendo. Arafat sigue
confinado por las fuerzas militares de Israel en dos pisos de su
refugio de Rammallah. Arafat suele decir a sus ayudantes que "cada
día está más cerca el momento final de Sharon" quien ha centrado
su estrategia en la expulsión de los palestinos de sus actuales
asentamientos.
Ariel Sharon,
por su parte, ha dicho que la reunión entre Colin Powell y Yasser
Arafat, "será el más grande y trágico error de la Casa Blanca, porque
no hará otra cosa que alentar al terrorismo". En la reunión que
mantuvo con Arafat, el secretario Powell dijo que su mensaje era
claro: "ésta es la última oportunidad de declarar un cese del fuego
unilateral y una condena clara contra los ataques terroristas que
realizan los militantes suicidas". El gobierno de los Estados Unidos
reclama además que la Autoridad Nacional Palestina detenga efectivamente
los ataques terroristas contra Israel, más allá de las declaraciones
públicas y las previsibles exhortaciones a favor de la paz.
Arafat sabe
que la causa palestina necesita, ahora más que nunca, de una buena
relación con Washington y no está dispuesto a dejar pasar la oportunidad.
Al menos eso es lo que dicen sus colaboradores directos en sus contactos
con los funcionarios de la CIA y del Departamento de Estado que
buscan gestionar la paz en la región. Los objetivos políticos del
gobierno de Sharon siguen siendo incomprensibles para la lógica
de las potencies occidentales. Israel se empeña en imponer una solución
"sin Arafat", sin tener en cuenta que la generación de dirigentes
que sigue entre los palestinos está signada por el fundamentalismo
religioso más extremo.
Eso explica
el sentido general de la ofensiva en curso que busca desmantelar
todas las estructuras que acerquen a los palestinos a crear su propio
Estado, de acuerdo a las propuestas de las Naciones Unidas y de
la Casa Blanca. Con este panorama a la vista, son pocos los que
apuestan a favor de una victoria diplomática de los Estados Unidos
en la compleja Guerra de Palestina.
La pregunta
es cuál será el precio político y estratégico que deberá pagar Washington
por no haber asumido su rol de potencia hegemónica cuando esta tormenta
estaba gestándose, a principios del 2000. Entonces la nueva administración
republicana coqueteaba con la idea de restringir sus intervenciones
a la agenda propia establecida por las prioridades del Consejo de
Seguridad Nacional. Ahora, los resultados están a la vista.
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