Home
Editorial
Claves de
la semana
Publicaciones
Análisis
Puntos de vista
Cronología
Trabajos de
investigación
Encuestas

 

 

 
 

Abril, 07. 2002

BUSH SE INVOLUCRA EN LA CRISIS PALESTINA

Después de tres semanas de indecisión el presidente George Bush ha decidido involucrar todo el poder de los Estados Unidos en la crisis de Medio Oriente. En menos de tres días y luego de un silencio estratégico muy significativo, decidió: a) que su enviado en la región, Arthur Zinni, rompiera el cerco impuesto por las fuerzas de defensa de Israel para entrevistarse con Yasser Arafat, b) que el secretario de Estado, Colin Powell, encabece una misión de paz, y c) insistir por todos los canales posibles en reclamar la retirada de Israel de los territorios palestinos y el fin de los atentados terroristas contra ciudadanos israelíes.

El sábado 6 de abril por la mañana, el presidente de los Estados Unidos recibió en su rancho de Crawford, Texas, al primer ministro británico Tony Blair. Esa reunión entre los dos socios más poderosos de la OTAN mostró una posición de involucramiento activo en la crisis palestina, basada en la política de ponerle límites internacionales a la ofensiva de Sharon, volcando todo el poder político posible para imponer a los actores conversaciones de paz que comiencen en lo inmediato. "Es suficiente con todo lo ocurrido" declaró el presidente de los Estados Unidos el pasado 4 de abril en un discurso que significó un dramático cambio en la política de su gobierno con respecto a Medio Oriente.

Después del fracaso de Bill Clinton en su intento por conseguir la vigencia de un sólido acuerdo de paz entre Israel y los palestinos -todavía se recuerdan sus fallidas gestiones durante sus últimos cinco meses en la Casa Blanca-, el Presidente Bush se ha mostrado más que resistente a comprometer el prestigio de los Estados Unidos y aún su propio capital político, en esa compleja y durísima tarea.

Después de dos años de escalada constante, el conflicto amenaza ahora no solamente la estabilidad de una región tradicionalmente crítica, sino que también pone en peligro toda la estrategia de los Estados Unidos en la lucha global contra el terrorismo, comenzando por el cuestionamiento directo a la "supremacía moral" del liderazgo que la Casa Blanca busca ejercer en ese nuevo tipo de guerra.

Ese 4 de abril, en uno de sus mejores discursos que se recuerden, George W. Bush criticó con igual dureza a ambos bandos, valorando el esfuerzo por conseguir la paz por sobre cualquier otra consideración. Criticó con dureza a Yasser Arafat por no reprimir a los terroristas palestinos y por defraudar a su pueblo "por no asegurar debidamente el camino hacia la paz". Georege W. Bush dijo que los países árabes deben aceptar la existencia del Estado de Israel y advirtió duramente acerca de la responsabilidad de Irak, Irán y Siria en el apoyo a los grupos terroristas que atacan a ciudadanos de Israel. Cuando habló de los ataques terroristas protagonizados por palestinos dijo: "Ellos no son mártires, son asesinos que con sus acciones están perjudicando la causa de los derechos del pueblo palestino".

Cuando comenzó a hablar sobre Israel fue también muy claro. Aunque la Casa Blanca simpatiza con los intentos de Israel de destruir los nidos de los terroristas, el presidente Bush reclamó "el inmediato retiro de las tropas israelíes de los territorios palestinos, sin condiciones y sin dilaciones, y el respeto a la dignidad del pueblo palestino y de los derechos políticos de todos los habitantes de la región". Bush fue mucho más allá en sus declaraciones. Dijo que la base de cualquier acuerdo debe ser "el reconocimiento y el establecimiento de dos Estados: uno israelí y el otro palestino, viviendo en paz y en armonía garantizando una plena seguridad para todos los habitantes de la región" y definió esa situación como "la creación de una zona de paz en Medio Oriente donde la democracia y el desarrollo sean el marco del progreso personal y social".

El presidente Bush dijo también que los palestinos y aun el resto de los países árabes necesitan que Israel sea su socio y no su mortal enemigo. Pero lo más importante de ese discurso tal vez sean las frases donde dejó claro el compromiso de los Estados Unidos con el renacimiento de la paz. Dijo Bush "América está comprometida en lograr el fin de la guerra y el comienzo de una era de paz y de progreso aun cuando sabemos que tenemos por delante una serie de problemas muy fuertes y muy difíciles de resolver".

Para respaldar con hechos el cambio drástico de política en Medio Oriente, Bush decidió también enviar a la región al secretario de Estado Colin Powell para acentuar el compromiso directo de la casa Blanca en la gestión de un rápido cese del fuego y en el comienzo de las conversaciones de paz con la representación de todos los actores del conflicto. El dramático cambio de la política de los Estados Unidos con respecto a Medio Oriente y a la cuestión palestina tiene una explicación política casi obvia.

El gobierno republicano no está en condiciones de justificar el desarrollo militar de la crisis palestina con las categorías creadas para sostener el esfuerzo de la lucha contra el terrorismo global.

Sucede que no es sencillo explicar de que lado está el terrorismo cuando por un lado aparecen terroristas suicidas -o "asesinos"- dispuestos a matar civiles no beligerantes de cualquier manera, y por el otro lado aparecen fuerzas militares, organizadas y equipadas con criterios de última generación, dispuestas a combatir contra civiles indefensos, ocupando ciudades donde existen fuerzas beligerantes con capacidad de combatir. La estrategia de los Estados Unidos contra las redes globales terroristas, y contra los Estados nacionales que apoyan esas actividades, debe incluir como premisa ineludible la aceptación de que el lugar del Mal no debe ser ocupado por cualquier etnia, religión o bloque cultural determinado.

Si los Estados Unidos aceptan la idea sugerida por Israel como justificación de su ofensiva -"todos los palestinos son terroristas"- inevitablemente desatará una situación de enfrentamiento con toda la cultura musulmana debilitando de ese modo de una manera dramática la posición de Washington en Medio Oriente. Hace apenas veinte días, los planes del Pentágono en términos de la lucha contra el terrorismo apuntaban directamente a Irak por sus presuntos vínculos con Al Qaeda. Hace diez días Israel comenzó su ofensiva usando la retórica de Washington en términos de justificar cualquier reacción para castigar a los terroristas e impedir su propia libertad de movimientos.

La pinza estratégica obligó a Washington a abandonar rápidamente la prescindencia que mostró en los primeros días de la polémica ofensiva israelí. Primero Bush habló a favor de la creación de un Estado palestino, y luego apoyó todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas instando a una retirada inmediata de las fuerzas militares de Israel y a un rápido cese del fuego. Antes de eso, el propio Colin Powell declaró ante consultas periodísticas que Israel no tenía "ni luz verde ni cheques en blanco" de parte de los Estados Unidos para seguir en su ofensiva militar, mientras que el propio Departamento de Estado hacía saber a las cancillerías europeas su enojo por la propuesta israelí de obligar a un nuevo exilio de Yasser Arafat y a una nueva diáspora del pueblo palestino.

La reacción ante el cambio de discurso de los Estados Unidos fue muy mezclada. Los líderes palestinos dieron la bienvenida a las nuevas propuestas de la Casa Blanca . El vocero de la Autoridad Nacional Palestina dijo que su gobierno está comprometido con las declaraciones del presidente Bush sin ninguna condición. Desde su punto de vista está claro que todo aquello que muestre un límite internacional a la ofensiva de Ariel Sharon, fortalece la posición palestina y que, en todo caso, la existencia de un Estado nacional palestino es la principal reivindicación que ese pueblo viene buscando.

La posición de Israel es mucho más complicada. Ariel Sharon necesita lograr una neutralización efectiva de las organizaciones terroristas palestinas antes de que comiencen las conversaciones de paz. El gobierno de Tel Aviv sabe que esta vez está ocupando, de acuerdo a la sensibilidad de la opinión pública europea, el lugar del agresor por el solo hecho de que a nadie le gusta ver cómo soldados experimentados enfrentan a civiles aparentemente inermes e indefensos.

Por eso es que uno de los requerimientos más importantes para los oficiales del ejército de Israel consiste precisamente en encontrar las pruebas "verificables" de la existencia de grupos terroristas entre las víctimas o los detenidos durante la ofensiva comenzada hace diez días bajo el nombre de Operación Muro Defensivo. Por ahora la posición del gobierno de Sharon se parece más a un encierro estratégico que a una estrategia victoriosa. Nadie duda de que al final del camino habrá una negociación y que la base de esa negociación será el reconocimiento mutuo del Estado de Israel y del Estado Palestino.

Solamente queda por saber las condiciones de esa negociación, pero todo indica que la ofensiva de Israel de los últimos días solamente ha acercado ese momento.

Ver archivo de Análisis

 

Diseñado por
BarNews
Research Group
 

 

Copyright 1999 Fundación Foros del Sur - Todos los derechos reservados