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2 de Diciembre de 2000

Fox ante el desafio de liderar la segunda Revolución Mexicana

Vicente Fox no solamente se ha hecho cargo ayer de la Presidencia de México.

También ha puesto sobre sus hombres la responsabilidad de liderar en su país una verdadera revolución política y social que tendrá por objetivo cambiar elementos sustanciales de la cultura de ese país, como por ejemplo el modo de ejercer el poder, la resolución de las diferencias sociales a través del crecimiento económico y el desarrollo social, o la creación de nuevos valores y creencias más favorables a aceptar el imperio de la Ley como marco para el desarrollo de las vidas individuales y sociales de los ciudadanos.

Fox llega al sitial de liderazgo de la unión mexicana con el carisma de haber sido el dirigente político capaz de terminar con 71 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El dato es central para entender cuales son las expectativas y las esperanzas que rodean a la nueva administración.

Las siete décadas de hegemonía del PRI fueron el resultado directo de casi treinta años de sangrientas guerras civiles donde las luchas sociales, las disputas por el poder político, y el desarrollo de proyectos individuales de hegemonía, tuvieron como carne de cañón a millones de mexicanos pobres y desposeídos quienes muchas veces no sabían por que estaban muriendo.

Fue la vivencia de esa angustiosa anarquía el fundamento principal de la creación de un régimen político autoritario y a la vez populista que se transformó sobre todo en un modelo de relación entre el poder y la sociedad civil. Para decirlo de un modo menos académico: durante todo el siglo 20 para el mexicano de pié era fundamental y decisivo reconocer quien mandaba --tanto en el ámbito nacional como en el ámbito local y cotidiano-- para ordenar desde ese dato todo su mundo de valores y creencias.

Y quien mandaba era siempre el PRI, a través de los respectivos representantes locales de ese poder omnímodo u omnipresente del estado que Carlos Fuentes definió como "el ogro benefactor".

Vicente Fox viene a representar en la sociedad mexicana la reacción más lúcida y mexicana contra ese sistema que durante los noventa comenzó a asfixiar a los sectores más dinámicos de una sociedad que comenzó a transformarse de una manera dramática en la misma medida en que se involucraba, de distintas maneras, con su vecino más poderoso y más cercano: los Estados Unidos.

Ahora Vicente Fox promete el nacimiento de una nueva era política en la cual el Presidente propone y el Congreso dispone. Probablemente no tenga otra opción porque el PRI es la primera minoría en el Parlamento. Pero también es evidente que la propuesta, por su misma naturaleza dialoguista, está llamada a revolucionar los modelos de relación de los mexicanos con el fenómeno del poder. Ya no se trata de saber quien manda para ordenar las conductas propias, porque quien "manda más" --el Presidente-- renuncia a su propia preeminencia para proponer un modelo de decisión centrado en el consenso.

La propuesta es francamente audaz y no son pocos los dirigentes políticos mexicanos que la tildan de ingenua. Pero lo cierto es que se trata también de una apuesta a la consolidación de la naturaleza del propio poder que llevó a Fox a "derrotar al dragón" priista y que por eso mismo define con claridad la decisión política del nuevo presidente de jugar todas sus cartas a la transformación de una cultura política que los mexicanos, en muchos casos, reconocen como una parte inescindible de su propia identidad nacional.

Junto con eso, Vicente Fox propone una serie de medidas para enfrentar la corrupción y el crimen organizado a través de la creación de mecanismos confiables de cumplimiento de la ley.
Otra vez se trata de una apuesta audaz a cambiar el estado de cosas que muchos mexicanos consideran inmutable. Seguramente deberá recurrir tanto a los ejemplos públicos, como a la búsqueda de los resultados a largo plazo que proponen los programas de educación en nuevos valores,
Como sea, tanto Vicente Fox como el resto de los líderes mexicanos saben de memoria que la cuestión de la lucha contra la corrupción está estrechamente ligada a la lucha contra el crimen organizado y el tráfico ilegal de drogas hacia los Estados Unidos.

Por eso mismo, en la resolución de esa tendencia a no respetar la ley que también se verifica en la sociedad mexicana, puede estar también una de las claves para asegurar una esperanza a los 40 millones de mexicanos que viven bajo la línea de la pobreza, en la medida en que la alianza económica con los Estados Unidos es también la principal razón del crecimiento sostenido que ha presentado la economía mexicana en la última década, a pesar del llamado "efecto tequila".

Los desafíos de Fox son todos exigentes, y aparentemente invencibles. Como el dragón priista que enfrentó desde que creó el Partido de Acción Nacional y que recién pudo abatir el año pasado. Tiene experiencia y tal vez por eso haya que abrirle un crédito generoso.

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