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23
de Noviembre de 2000

La
unión europea se prepara para la nueva fase de la lucha pór la hegemonia
global
Durante
la semana pasada, la Unión Europea ha puesto en marcha dos
iniciativas estratégicas con el objetivo claro de consolidar
el propio espacio político en tiempos de globalización.
Por un lado comenzó con el trabajo de crear una fuerza militar
de intervención rápida europea que estará lista
para actuar en menos de cinco años y que tendrá como
principal objetivo hacerse cargo de los problemas derivados de conflictos
étnicos, raciales o culturales en el espacio europeo además
de imponer la paz ante cualquier tipo de tensiones entre los países
miembros de la compleja unidad continental y sus aliados.
Por otro lado se realizó en Zagreb durante la semana pasada
una reunión cumbre de los 15 miembros plenos de la Unión
Europea con el objetivo de garantizar la entrada de los estados
de la ex Yugoeslavia a la gran unidad continental, a cambio que
los líderes de esos países inicien un proceso de reconciliación
y de reformas democráticas.
El hecho político relevante es que ambas iniciativas van
en el mismo sentido: reducir dramáticamente las posibilidades
de que vuelvan a repetirse las condiciones que permitieron llegar
a la trágica Guerra de los Balcanes del año pasado,
cuando los Estados Unidos, en nombre de la OTAN llevaron adelante
una verdadera guerra de exterminio contra la Serbia de Milosevic.
Los líderes políticos de la Unión Europea expresaron
en Zagreb claramente que la decisión política que
ellos asumen como estratégica consiste precisamente en reducir
al mínimo las posibilidades de que los Estados Unidos o cualquier
otra potencia extra europea puedan intervenir militarmente en la
zona considerada como parte integrante del propio espacio político
y económico.
Para hacer viable ese objetivo la Unión Europea ha decidido
crear su propia fuerza militar. Se trata realmente de la primera
iniciativa independiente con respecto al poder militar de los Estados
Unidos desde que Charles De Gaulle decidió poner en marcha
el proyecto nuclear francés sin pedirle permiso a Washington.
Se trata también de una decisión política impensable
durante los últimos cincuenta años: la creación
de una fuerza de intervención militar europea por afuera
de la OTAN y con independencia de criterios estratégicos.
La lógica de estas decisiones es ante la consolidación
de un poder europeo con capacidad para establecer posiciones autónomas
en medio de un proceso de lucha por el poder global cada vez más
complejo.
Está claro que se trata más de la puesta en marcha
de opciones propias que de un enfrentamiento efectivo con aquello
que busca o desea Washington. Al menos por ahora,
El caso es que se ha levantado una nueva barrera política
para que sean los Estados Unidos la única super potencia
extra continental con vocación política por reconocer
a Europa como un territorio de su explícita incumbencia política
y militar.
Ese dato no es menor en un mundo donde los actores relevantes parecen
estar preparándose para una nueva instancia para la lucha
por el poder, en los imprevisibles tiempos de la globalización.
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