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6
de Noviembre de 2000

La
dimensión global del liderazgo
Condolezza
Rice la principal consejera en Política Internacional de
George W. Bush ha definido hace semanas el "nuevo interés
nacional" de los Estados Unidos como la "capacidad para
consolidar un liderazgo global consistente, tanto para hacer la
Paz como para sostener diversos tipos de confrontaciones en puntos
alejados del planeta y al mismo tiempo".
La reflexión de la señora Rice, es una de las pocos
menciones que ha logrado la cuestión de la lucha por el poder
global en la campaña electoral de los Estados Unidos. De
hecho, tanto los candidatos, como los medios de comunicación
se preocuparon por destacar el perfil doméstico de los comicios,
haciendo hincapié en la evidencia de que el público
americano no presta demasiada atención a lo que ocurre en
el resto del planeta.
Sin embargo, la idea básica de la señora Rice de identificar
el máximo interés nacional con las condiciones para
ejercer un verdadero liderazgo global, es un excelente índice
de las verdaderas prioridades estratégicas que deberá
enfrentar el Presidente que se elige mañana.
Es que la cuestión de la hegemonía y la capacidad
para mantenerse durante las primeras décadas del próximo
siglo como la única super potencia del planeta es, tanto
el máximo desafío estratégico para Washington,
como una de las condiciones esenciales para seguir manteniendo los
años de prosperidad y crecimiento económico para su
población.
Esa comprobación hace sentido a la revalorización
que están tomando en el discurso político y académico
la definición de un nuevo concepto de la seguridad nacional,
no ya como la posibilidad de enfrentar en todos los campos a un
estado nación transformado en super potencia oponente, sino
en la creación de las condiciones integrales para ejercer
el liderazgo global definido con tanta precisión por señora
Rice.
Es notable como, con independencia del resultado electoral, el próximo
Presidente de los Estados Unidos deberá enfrentar esta nueva
agenda que parte de la certeza que las fuerzas que pueden dañar
el poder de los Estados Unidos ya no son los estados nacionales,
sino los nuevos actores transnacionales que muchas veces han hecho
del crimen organizado y del terrorismo sus principales herramientas
de acción.
Ese cambio de agenda va a ser particularmente notable para América
Latina, sobre todo por que los líderes políticos de
la región en su gran mayoría creen -como muchos de
sus colegas de Washington-que el comercio seguirá al tope
de la agenda de las relaciones entre Estados Unidos y sus vecinos
durante los próximos años.
Sin embargo la realidad nos presenta abrumadora evidencia en contrario.
Por ejemplo la irrupción de la crisis colombiana en el centro
de la política regional señala con rigor el cambio
de época.
Quienes analicen la crisis de ese país y la instrumentación
del Plan Colombia como un mero plan contra la producción
de drogas tal vez cometan un trágico error estratégico.
En rigor, Colombia es una de las primeras batallas de esta década
para definir las condicione -y aún la posibilidad efectiva--
de la hegemonía global de los Estados Unidos, sobre todo
si se tiene en cuenta que se trata de un conflicto que se desarrolla
en el ámbito donde se supone que Washington ha consolidado
su territorio de seguridad más próximo.
El dato no es menor para los países de América Latina
porque revela que por primera vez en mucho tiempo la región
se transforma en un terreno de prioridad -y por lo tanto de relevancia-estratégica
para los Estados Unidos más allá de las consideraciones
y los intereses comerciales.
Jospeh Nye, experto en América Latina del Wilson Centre suele
afirmar que en Washington es más importante ser relevante
en un sentido político o estratégico que pretender
ser necesario en cuestiones económicas, porque resulta clara
que la vitalidad de la economía de los Estados Unidos es
tan impresionante que solamente busca socios para crecer y nunca
acepta contrapesos.
Es vital para los líderes políticos de América
Latina entender el sentido de los nuevos tiempos, porque resulta
claro que esa comprensión puede servir para ganar ventajas
en las nuevas carreras que comienzan.
Ese y no otro debe ser el lente que nos haga mirar el cambio de
liderazgo en los Estados Unidos.
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